Perujo Lavín: Jenna Burrell Invisible Users. Youth in the Internet Cafés of Urban Ghana
Vol. 36, Num. 78, Año. 2015
Recibido: 2014 09 25
Aceptado: 2014 12 10


Jenna Burrell introduce a sus lectores al mundo de los cafés internet ghaneses con una escena. Una pareja (él canadiense de 51 años y ella ghanesa de 24) que se conoció a través de una página de internet se reúne por primera vez para contraer matrimonio y le comparte su experiencia a la autora en una pizzería en La Paz, un suburbio de Accra. La atmósfera del encuentro nos sitúa en la investigación empírica. Las interacciones en línea pierden sentido si son observadas únicamente en el tiempo y espacio donde ocurren: el espacio cerrado y descontextualizado de los cafés. Existen porque responden a ciertas realidades, y tienen consecuencias duraderas. La descripción del encuentro también presenta las preguntas con las que la autora emprendió su investigación en diferentes periodos entre 2004 y 2010 ¿Cómo se accede, y quiénes acceden a la tecnología en los cibercafés de Accra? ¿Qué nociones sobre sí mismos, sobre su país y sobre el mundo tienen los usuarios? ¿Transforman las prácticas las relaciones personales locales y las relaciones entre grupos y naciones?

Invisible users, primer libro deJenna Burrell , tiene como sujeto de estudio a la juventud que no es parte de la élite socioeconómica local y su propia noción cambiante acerca del mundo y el lugar que ocupa dentro de él, formulada por medio del involucramiento en la escena de los cafés internet de Accra (p. 4). Es una etnografía urbana que se enfoca en distintas manifestaciones de la desigualdad: la juventud, la tecnología y sus espacios, Ghana en el contexto mundial -en sus representaciones imaginarias e institucionales-, y los usuarios de internet en sus entornos.

Uno de los retos principales se encuentra en la investigación empírica misma. Además de que los cibercafés tienen un costo por tiempo, el uso principal que se les da es establecer relaciones, usualmente entre un individuo con el mundo exterior y personas extranjeras. En los sitios no se sirve café ni hay mesas, no se interactúa con los proveedores del servicio ni con otros asistentes, sino con un objeto e individuos que se encuentran en otras localidades distantes. Observar las relaciones humanos-tecnología convirtió a los cafés, como tema de estudio, en una puerta de entrada tanto al mundo virtual como a las vidas de los jóvenes de Accra fuera del espacio tecnológico. Para comenzar a observar dichas relaciones, la autora se sumerge en sus vidas cotidianas, moviendo a la tecnología del lugar central de las investigaciones sobre internet. Los cafés son el sitio en donde convergen realidades, expectativas, posibilidades e historias personales y nacionales.

El estudio se sitúa en el carácter flexible de la tecnología. A través de los medios de comunicación circulan narrativas e imaginarios que están relacionados con las aspiraciones y los diferentes niveles de agencia de sus usuarios. La tecnología en sí no es el objeto principal; sino el uso que se le da y, sobre todo, sus consecuencias. Se centra en la interfaz humano-máquina de una manera novedosa, yendo y viniendo de lo social.

La autora explora y discute con algunas perspectivas teóricas dentro de los estudios mediáticos y los estudios sobre cultura material (Castells, Negroponte, Mitchell) cuyo enfoque se concentra en las redes y estructuras dentro de las que se inserta la tecnología, así como con las que parten de una premisa exclusivamente local y distanciada de la producción y consecuencias de la tecnología en sí, o de la tecnología como fuerza iniciadora (Ginsburg, Abu-Lughod, Larkin). La autora nombra esta forma de aprehender a la tecnología “materialidad débil” -opuesta a la “materialidad fuerte” que se concentra en las características físicas de los objetos- y sitúa su estudio en otro punto de partida, en uno intermedio: observar los procesos constitutivos que ocurren cuando los grupos entran en contacto con nuevas posibilidades materiales (p.11). Cómo ocurren los cambios dentro de una estructura desigual y qué tan duraderas son sus consecuencias (Latour, Miller) son algunas de las preocupaciones centrales al abordar el uso de la tecnología en Ghana.

La invisibilidad de los usuarios enunciada en el título del libro atraviesa todos los capítulos. Los clientes de los cibercafés en Accra son invisibles porque no tienen un lugar central en ninguno de los espacios dentro de los que se mueven. No se han acomodado en la estructura del poder; por lo tanto, aun jugando con ellas y disfrazando virtualmente sus identidades nacionales, religiosas y de género, pasan inadvertidos como transgresores. La autora retrata cómo los cibercafés son de los pocos espacios en donde las actividades de los jóvenes ghaneses no están bajo vigilancia.

Cada capítulo de los ocho que forman parte del libro podría leerse por separado; cada uno aborda minuciosamente alguna de las particularidades empíricas y teóricas acerca del uso de los cibercafés en el contexto particular de Ghana en el presente.

El segundo capítulo explora cuál es el atractivo de los cafés. Una de las razones más importantes es el deseo de los usuarios de conectarse con el extranjero, de ser cosmopolitas, por diferentes motivos. En Accra, el café internet se separa del resto del paisaje urbano: es un lugar fuera de la supervisión cotidiana, un lugar limpio, con aire acondicionado, espacioso, secular, indeterminado.

Tanto la tecnología como las interacciones virtuales entendidas como textos se analizan contrariamente a lo que se proponen algunos estudios mediáticos. Es decir, en Accra no se convierten en vernáculos transgresores de lo cotidiano; muchas veces refuerzan y acentúan las diferencias geográficas y sociales.

En el capítulo 3 la autora profundiza su crítica hacia algunas visiones que sostienen que lo virtual es un espacio únicamente inmaterial; analiza las problemáticas que se suscitan durante las interacciones en línea, principalmente las estafas y los matrimonios acordados a distancia. Encuentra materialidad en los intercambios virtuales desde el hecho de pagar por el acceso, hasta las dinámicas de las estafas monetarias, presentes en Ghana desde siglos atrás y llevadas a cabo ahora por medio del correo electrónico. Uno de los puntos más fuertes de la materialidad se encuentra en el engaño. Los jóvenes cambian de sexo, nacionalidad y apariencia en el espacio virtual para tomar el pelo a extranjeros. La autora discute con la noción de descorporalización, ya que en este sentido solo puede llevarse a cabo teniendo un conocimiento profundo sobre lo corpóreo y lo material. Lo mismo ocurre cuando la estrategia es imitar a los extranjeros y sus maneras de pensar sobre África para establecer comunicación. Las estafas virtuales -muy pocas veces exitosas- han visibilizado a Ghana en el espacio cibernético (haciendo referencia a su actividad delictiva) y generado una forma de pensar tanto en el tipo de uso que se hace de la tecnología en África, como en el tipo de relaciones que puede establecer una persona extranjera con una persona ghanesa que la contacta.

Los rumores son un eje de lo que ocurre en la escena tanto de los medios de comunicación masiva como de la apropiación de la tecnología. El capítulo 4 hace un recorrido de la forma como se introdujo internet en la vida de los jóvenes en Ghana y cómo los objetos y las realidades novedosas se construyen con lenguaje. Los rumores alrededor de las estafas y otros usos de la tecnología son una forma de manejar la novedad y el riesgo. La autora lleva el análisis más adelante al afirmar que los rumores no son un medio inmaterial: se transmiten, perduran y tienen consecuencias materiales. Los rumores sirven también para que los actores se posicionen moralmente, ya sea como víctimas, victimarios o aliados de personas en diferentes latitudes.

El capítulo 5 aborda la relación de las instituciones religiosas e internet. Dentro de las diferentes asociaciones religiosas de Accra, las iglesias pentecostales -que buscan nuevos adeptos, promueven el éxito material en la vida presente, e incorporan la cultura popular local- son las que han tenido mayor éxito al tratar las cuestiones existenciales del país. La autora se adentra en el mundo de las iglesias y encuentra varias similitudes con la computación. Ambas utilizan el cuerpo y la eficacia de las acciones. Ambas prácticas permiten a los individuos acceder a una red superior, universal. En cuanto a sus cruces, la “metafísica práctica” (p. 106) de las nuevas iglesias es adaptada a los consejos que ofrece para que las estafas sean exitosas; los pastores utilizan páginas web para interactuar y promocionarse, haciendo funcionar a los participantes como productos, clientes y servidores; los rumores y los sermones religiosos observan a la tecnología de diferentes maneras, la construyen y generan opiniones dentro de su comunidad.

Dada la importancia de internet y las experiencias significativas de sus usuarios en Accra, el capítulo 6 se dedica a analizar la World Summit on the Information Society (2005) como un evento excluyente y descontextualizado. Esa edición de la conferencia fue dedicada a la conectividad y la sociedad de la información. Sin embargo, ningún grupo que no operara regularmente en lenguaje formal o perteneciera a una élite local o internacional fue invitado a participar. En los capítulos que conforman el libro, internet se muestra más cercana al lenguaje y las experiencias informales de los individuos, y es incompatible e invisible en el contexto de un foro que se basa y produce documentos y experiencias formales. Tener que participar en el código de las Naciones Unidas, en un lugar fuera de la realidad cotidiana, entre grupos que no abordan el uso real de internet, excluye por completo a los usuarios y las controversias locales cotidianas alrededor de la tecnología. La autora analiza sus estrategias de exclusión, y lo presenta como otro espacio que produce invisibilidad.

El capítulo 7 se dedica a la historia de las computadoras de los cibercafés locales, para situar a Ghana en un contexto internacional de marginalidad, reforzada por el comercio de tecnología. Las computadoras provienen de países del hemisferio norte y generan un negocio de segunda mano que no parece alterar el orden; las mismas redes migratorias funcionan para comerciar computadoras con las mismas dinámicas familiares, y a pesar de la demanda local no existen diseños o innovaciones -de nuevo, no se produce un texto vernáculo-, sino una red de comercio. Lo que sí generan es un nuevo grupo, el de los recolectores de desperdicios, quienes no estaban presentes al inicio de la investigación durante los primeros años del uso de internet en Ghana. Estos agentes atentan contra las nociones de cómo afecta la tecnología la vida social y viceversa, porque no interactúan con máquinas intactas, lo hacen con materiales para comercio (aluminio, cobre, plástico), alejados de su función original.

El último capítulo tiene gran valor etnográfico. La autora revisita el campo, un escenario en sí dinámico y cambiante, y observa lo que ha ocurrido con el paso del tiempo: la geografía de internet no es inmaterial, es heterogénea y dispareja. Cuando vuelve al campo hay módems en las casas, mejores condiciones, y algunas estafas se han materializado. También hay restricciones geográficas: las compañías no permiten comprar o vender servicios desde ciertos países, ni tener cuentas, hay material inaccesible desde algunas ubicaciones. Las asimetrías han empeorado en el sentido de igualdad de condiciones. Lo que han hecho los usuarios es duradero y consecuente. La tecnología no se utiliza sin enfrentar problemas específicos, ni es neutral, mantiene muchas desigualdades y produce otras.

Jenna Burrell nos lleva de la mano por la escena de los cafés internet en Accra y lo que ocurre al utilizar la tecnología en una ciudad en específico, para lo cual, como se lo propone metodológicamente, los lectores podemos conocer escenas internacionales amplias y a la vez sumergirnos en la situación económica, político-religiosa, heterogénea y cambiante de la juventud de Ghana. Discutiendo detalladamente con las propuestas teóricas, ofrece nuevas formas de observar las relaciones humano-máquina como un proceso en muchas direcciones, dinámico, que dista de ser efímero. Invisible users es un aporte crítico a los estudios sobre tecnología y comunicación.



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