Ortega Reyna: Matos Franco, Rainer, Limbos rojizos: la nostalgia por el socialismo en Rusia y el mundo poscomunista
Vol. 40, Num. 87, Año. 2019
Recibido: 2019 01 15
Aceptado: 2019 03 30


Limbos rojizos, el último libro de Rainer Matos Franco, especialista en la historia de Rusia y los países otrora localizados en el área geopolítica asociada a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, es una obra ampliamente recomendable, tanto para los especialistas en el área de los estudios internacionales como para los interesados en la historia de las ideologías políticas del siglo XX y su innegable presencia hasta nuestros días.

El tema que articula el trabajo de Matos es el de la nostalgia por el socialismo en gran parte de lo que fue conocido como el “segundo mundo”. La figuración de esta seña de identidad de la sociedad no pasa, como en otros trabajos, sobre la idea de la melancolía: es abiertamente un recuento de las formas concretas que asume la nostalgia que se vive en las sociedades anteriormente signadas bajo el epíteto de “socialistas” o “comunistas”, tanto en su cotidianidad como en sus expresiones del orden simbólico en lo político.

El texto apuntala dos segmentos de manera central. En el primero se da un recuento sobre la experiencia de la memoria y el recuerdo en un conjunto de naciones, en tanto que en el segundo se concentra gran parte de la interpretación sobre Rusia, en donde la nostalgia actúa más claramente en una dimensión privilegiadamente política. Así, el primer segmento es más bien un gran recuento, panorámico y amplio sobre las periferias del orden irradiado desde Moscú, en donde los ejemplos de la nostalgia pasan tanto por el conteniente africano como por las pequeñas naciones de Europa del Este. En el segundo se articula desde la Rusia posterior a 1991 un conjunto de variables político-ideológicas en la sociedad, como en los usos por parte del poder.

El trabajo de Matos recoge una producción reciente que se ha dedicado a la configuración de la visión que tenían los habitantes de las antiguas repúblicas socialistas o las “democracias populares” sobre su pasado inmediato. Ellas denotan una gran cantidad de variaciones con respecto al lugar común entre los especialistas sobre el periodo, así como ciertas continuidades en lógicas, discursos y hábitos.

Resulta significativo, por ejemplo, el caso de la ex Yugoslavia, donde la figura de Tito y todo lo asociado con él (particularmente la versión plurinacional del Estado) tiene gran peso, tanto simbólico como político. Todo ello contribuye al desmontaje de ideas muy enclavadas a partir del prisma liberal, como lo es, por ejemplo, la penuria de la fila para la obtención de alimentos. En el conjunto de relatos y recuerdos se recuerda esa fila como algo esporádico y anómalo, pero además como espacio de socialización y fraternidad; y no necesariamente como un calvario.

Los recuerdos y las reconstrucciones a propósito de situaciones nostálgicas también apuntalan una confrontación con el discurso liberal construido en/desde/ para Occidente. En la narrativa dominante, en esta geocultura, todo lo ocurrido en la URSS se comprendía a partir de que las sociedades eran organizadas desde el Estado de una forma subordinada, cortando todo resquicio de autonomía y aumentando la dependencia. Esta narrativa contrasta con la del recuerdo y la memoria, en donde existe una vida cotidiana libre (es decir, sin el Estado), múltiples espacios de confrontación de las opiniones, una construcción variada de símbolos, apropiaciones y múltiples tensiones. La imagen de Estados que funcionaban como grandes campos de concentración no corresponde con los relatos de las poblaciones sobre su pasado: la represión como elemento determinante solo es privilegiado en el discurso liberal, pero de ninguna manera es el más importante entre las construcciones de la nostalgia. Los testimonios que Matos recoge de otros trabajos en este segmento apuntalan una visión mucho más plural, que desmoviliza la clave policiaca, totalitaria y represiva que ha construido la politología en Occidente a propósito de las sociedades del Este.

Así, Matos construye y reconstruye a partir de múltiples fragmentos distintas figuraciones que escapan al discurso liberal sobre las sociedades “comunistas” y “poscomunistas”. Ni se trataba de grandes campos de concentración, ni eran espacios asfixiantes, ni tampoco enfrentarse a la policía política era el pan de cada día. La vida cotidiana era mucho más amplia y contenía elementos que son recordados como deseables de ser restaurados: seguridad, paz y orgullo nacional, entre los más sonados.

Sin embargo, Matos no solo recoge los trabajos que permiten armar un rompecabezas fino sobre las distintas modalidades del recuerdo y la nostalgia. También elabora un conjunto de directrices que posibilitan entender mejor los efectos inmediatos, tanto simbólicos como políticos, de la nostalgia. Así, aborda y critica a quien conceptualiza la nostalgia en el mundo “poscomunista” como resultado inmediato de la mercantilización del recuerdo. Si bien esta situación ocurre con mucha frecuencia (aún se pueden comprar supuestos restos del Muro de Berlín), no es la explicación de la nostalgia en grandes segmentos de la sociedad. Elabora una sugerente crítica a este tipo de literatura sobre la base del apartado del“fetichismo de la mercancía” de Marx.

Los últimos capítulos de esta primera sección abordan las formas cristalizadas que puede asumir la nostalgia a partir de los partidos herederos de aquellas organizaciones que gobernaron durante décadas una cuarentena de países. Aquí, el ensayo toma un tono más politológico y se centra en los resultados electorales, los programas, los cambios de nominación de los partidos: la nostalgia es parte del ajedrez de la política. Pero también analiza los elementos de continuidad, de reconstrucción de simbolismos y de tensiones con un discurso liberal que es visto como ajeno y no totalmente convincente o adecuado para esas sociedades. El caso más llamativo es el de Bielorrusia, un país que se negaba a la desaparición de la URSS y que obtuvo, sin pedirlo, su independencia cuando aquella se desintegró.

Hacia el final y operando como una segunda parte, se dirige la mirada al caso ruso que, como se sabe, era la matriz de la fortaleza ideológica construida desde 1917. A ese respecto priva un análisis sobre las desventuras de la izquierda comunista tras el colapso de la URSS. Varias anotaciones son importantes. La primera de ellas es la persistencia y legitimidad del vocablo “comunista” entre los opositores al nuevo poder instalado en el Kremlin. La segunda es la variada forma de explotación de la nostalgia, tanto por los distintos gobernantes nacionales como por los locales. Finalmente, Matos elabora un discurso sobre la base del ejercicio de la entrevista, realizada por él mismo a variados personajes.

Del primer registro, el autor incluye una narración sobre el destino del extinto Partido Comunista de la Unión Soviética y las múltiples formas de continuidad que tuvo a partir de una decena de organizaciones que reclamaban o bien el pasado como un horizonte importante pero superado o bien la abierta restauración de la URSS. Aquellas organizaciones vivieron periodos distintos, entre 91 y 94, de formación y ordenamiento; de 95 a 2000, de centralización y alza. Finalmente, uno nuevo a partir de la llegada de Putin al poder.

El segundo registro muestra cómo Yeltsin y Putin han tenido que convivir con la nostalgia comunista. Explorándola y explotándola a su manera cada uno de ellos. El primero en medio de la crisis económica y el segundo en el curso de un nuevo ordenamiento sociopolítico. En ambos casos aparece la importancia del pasado como algo a partir de lo cual se construye legitimidad política. Ambos momentos explorados por el autor muestran la necesidad de volver al tema del comunismo y de la alabanza del pasado por encima de opciones liberales o socialdemócratas, cuya debilidad es patente en numerosas ocasiones.

Cabe destacar que este despliegue se da en medio de una nueva arena política, en donde los“comunistas” parecen estar cómodos en la oposición y en donde, desde el Kremlin, se auspician partidos que debiliten a esta opción política. Finalmente, el cruce entre una retórica marxista-leninista, nacionalismo ruso y una reivindicación del papel de la Iglesia ortodoxa, vienen a fortalecer el entramado mucho más complejo del que se suele tener noticia en Occidente.

Finalmente, accedemos al último de los registros, en que el autor registra un conjunto de testimonios con múltiples personajes. Encuentra ahí datos significativos para elaborar una discursividad sobre la nostalgia, pero también sobre el tiempo presente. Así, al cierre, el argumento muestra las potencialidades que abre para las ciencias sociales el tema de la nostalgia, tanto para la comprensión como para la proyección de los escenarios próximos en una agitada y compleja área del mundo.



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