Ramírez Sánchez, Gutiérrez Ramírez, and Valladares Sánchez: Masculinidades juveniles en transición a través del preservativo: comparación entre dos contextos latinoamericanos
Vol. 35, Num. 77, Año. 2014
Recibido: 2014 04 08
Aceptado: 2014 09 10



A manera de introducción y algunos antecedentes

Diversos trabajos de investigación en temas de género, sexualidad y salud reproductiva en adolescentes y jóvenes, desarrollados recientemente por organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2011), la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014), el Fondo de Población de la Organización de las Naciones Unidas (UNFPA, 2014), del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (PROMSEX, 2011), y de autores como Gutiérrez (2008), Gutiérrez y Vázquez (2007), Gutmann (2000), Ramírez (2011) y Rivera y Yajaira (2004), entre otros, permiten enfatizar que en el inicio del nuevo siglo y milenio es posible advertir que en la mayoría de los países del mundo, particularmente en los latinoamericanos, los adolescentes y jóvenes varones están atravesando un importante proceso de transición cultural en el cual es posible advertir el replanteamiento que están haciendo respecto de lo que conciben y entienden sobre su masculinidad.

En este sentido, investigaciones como la aquí presentada muestran su pertinencia en la medida en que en esta se expone la relación existente entre las variables uso de preservativos y masculinidad. Para alcanzar dicha finalidad se realizaron entrevistas a profundidad, las cuales contaron con la valiosa colaboración de jóvenes varones de clase media y popular del sur de Quito y de jóvenes varones rurales mexicanos, habitantes de la región Otomí-Tepehua, perteneciente al estado de Hidalgo, quienes al momento de la investigación y entrevista se encontraban bajo el marco de los aspectos siguientes: un importante predominio de infecciones de transmisión sexual (ITS); una interesante y seria reflexión sobre la reconstrucción de la concepción de la masculinidad y su relación con la virilidad; y la incidencia de las cambiantes representaciones de género transmitidas por los medios comunicación masiva.

Con base en tales aspectos, la vivencia y el ejercicio de la sexualidad emergió de inmediato como un tema obligado, puesto que a partir de esta se pudo indagar lo referente a las percepciones que los adolescentes y jóvenes tienen sobre sus hábitos de uso del condón, y ello posibilitó diagnosticar cómo los entrevistados reconceptualizan la idea que tienen respecto de su masculinidad en lo particular, y de lo que conocen de la masculinidad de manera general. De ese modo, la pregunta que guió este trabajo se formuló de la siguiente manera: ¿Es a través del hábito de uso del preservativo como los jóvenes urbanos ecuatorianos del sur de Quito y mexicanos de la región Otomí-Tepehua reconstruyen su masculinidad?

Como se podrá advertir a lo largo del trabajo, la respuesta dada a tal interrogante se tornó interesante ya que permitió observar el grado de participación de estos jóvenes en materia de salud sexual y reproductiva, y la percepción que empezaron a desarrollar en términos de la dimensión paternidad, y su relación con la virilidad -entendida como el número de hijos o parejas sexuales que se puedan tener-. Vale adelantar que la paternidad “tradicional” no se consideró tan importante como pudiera pensarse, ya que se detectaron tres maneras sugerentes de concebirla: como una responsabilidad, como algo importante y como algo lindo y deseado.

De igual manera, el uso del preservativo cobró relevancia -al menos en sus percepciones-, ya que si bien es cierto que se expresaron opiniones divididas en cuanto a favorecer su uso o no, los resultados mostrados en los apartados correspondientes indican que la gran mayoría de los entrevistados saben de su existencia y conocen que entre sus funciones está, al menos, la de proteger de infecciones de transmisión sexual (ITS) o evitar embarazos.

Los aspectos citados confirmaron la hipótesis de que los adolescentes y jóvenes que sí lo usan (H1), lo perciben como un derecho, más que como obligados por las circunstancias; para quienes no lo usan (H2), la evidencia mostró que se trata de aquellos que aún reproducen el modelo masculino tradicional en el que no tiene mucha aceptación ese método preventivo por temor a poner en tela de juicio su virilidad.

En este sentido, asumiendo que los adolescentes y jóvenes varones de hoy se encuentran inmersos en un contexto en el que se busca imponer un estereotipo de hombre, se puede señalar que la relación entre la masculinidad y uso de preservativos se está dando de tal modo que -la primera- se va reconfigurando. Esto se vio reflejado, en parte, por medio de las 43 entrevistas a profundidad obtenidas en el 2011, aplicadas a jóvenes varones urbanos ecuatorianos, habitantes del sur de Quito y a las 132 entrevistas semiestructuradas aplicadas a jóvenes varones rurales mexicanos, habitantes de la región Otomí-Tepehua, en el estado de Hidalgo.

Vale mencionar que, en términos metodológicos, este tipo de entrevistas fueron de gran relevancia para la investigación realizada debido a que posibilitaron obtener los relatos de los adolescentes y jóvenes como una especie de narrativa autobiográfica; es decir, el uso de esta estrategia metodológica se significó por ser una manera efectiva para conocer cómo las personas reconstruyen acciones ya realizadas, y con ello puede tenerse una versión del informante donde narra, recuerda, interpreta y relaciona sus experiencias con otros individuos. Como bien lo señala Lindon (1999), lo que se cuenta es la versión del actor sobre una acción determinada, no la acción misma. Lo verbalizado por el informante es una descripción de sus experiencias.

De igual modo, debe dejarse en claro que al utilizar este recurso metodológico no se pretendía investigar si las narraciones eran verdaderas o falsas, lo que se buscaba era acceder al discurso construido por los informantes en torno a algún tema determinado a partir del conjunto de saberes compartidos con sus coterráneos y coetáneos o contemporáneos en el contexto social en el que viven y se desarrollan.

Por consiguiente, los relatos de los adolescentes y jóvenes tanto del sur de Quito como de la región Otomí-Tepehua permitieron conocer aspectos de su vida en los que reelaboraron y reconstruyeron sus vivencias en torno a su ejercicio sexual y cómo perciben el ser hombre, y al mismo tiempo ayudaron a comprender e interpretar los significados y las representaciones que dichos jóvenes y adolescentes mencionaron tener en cuanto a la forma de ser hombre. De este modo, la información obtenida bajo la estrategia metodológica citada posibilitó, de modo simplificado, comprender el proceso de cambio cultural que viven estos adolescentes y jóvenes sin importar en gran medida el lugar de socialización en que se desenvuelve cada grupo de ellos (urbano en el sur de Quito, y rural en la región Otomí-Tepehua).

La primera razón para realizar la comparación entre las dos poblaciones de jóvenes analizados -aunque no son una muestra representativa en sus respectivos contextos-, estriba en evidenciar que entre ambos grupos existen algunos factores en común: i) saben/conocen de la presencia de las ITS -como el VIH/sida-; ii) que la demostración de la virilidad ya no es importante en la construcción de su masculinidad, y iii) que es posible advertir muy poca variación sobre cómo piensan, viven y ejercen su sexualidad. Una segunda razón de peso residió en considerar que buena parte de la literatura que aborda temas como el aquí planteado se centra de manera recurrente en los entornos urbanos y muy pocos aluden a los contextos rurales o indígenas; por lo mismo, esta investigación hace una aproximación a contextos sociales o de socialización como en el caso de los adolescentes y jóvenes hidalguenses mexicanos.

Los antecedentes

La presente investigación tuvo su origen en la ciudad de Quito, a partir de una preocupación en torno a lo que ocurría en este lugar en materia de salud. Si bien en la Constitución ecuatoriana se establecen ciertos derechos para los jóvenes, y en su Artículo 16 se refiere a las políticas de protección a la salud en el que se señala una especial atención en la promoción de la salud sexual y reproductiva (SIISE-SIJOVEN, 2005), en el año 2002 se generó una alarma que causó expectación: las causas trasmisibles,1 que aparecían como la tercera causa de muerte en jóvenes de 25 a 29 años de ambos sexos.

A nivel nacional para el mismo año (véase cuadro 1), las mujeres que en ese momento tenían entre 15 y 29 años ocupaban el primer lugar en lo que se refiere a mortalidad por VIH/sida (39.4 % frente al 32.0 % de los hombres), a pesar de que en números relativos (véase columna correspondiente a “Muertes por VIH/sida entre 15 y 29 años” y la de “muertes por VIH/sida total”), la cantidad de hombres rebasa por mucho al de su contraparte (observación basada en las debidas proporciones).

Cuadro 1

Mortalidad juvenil por causas de VIH/sida. Desglose: país; fuente: Estadísticas vitales: nacimiento y defunciones, INEC; año: 2002; medida: número de personas entre 15 y 29 años; elaboración: SIISE.

Porcentaje Muertes por VIH/sida entre 15 y 29 años Muertes por VIH/sida total
Hombres 32.0 105 328
Mujeres 39.4 28 71
Total 33.3 133 399

[i] Fuente: cuadro extraído del programa SIISE-SIJOVEN (2005), versión 4.0

De la información conocida se desprendía que, para el año 2011, en este país existía “un mayor número de muertes por VIH/sida, particularmente en los hombres de entre 15 y 29 años” (SENPLADES, 2011). En el mismo rubro y en contrapartida para el caso mexicano, el dato alusivo indicaba que desde el año 1983“al 30 de septiembre de 2011 se habían diagnosticado y registrado 151 614 casos acumulados de sida, de los cuales 123 706 (82 %) eran hombres y 26 900 (18 %) mujeres” (Censida, 2011:6).

Por su parte, para el caso de la región Otomí-Tepehua la explicación de la situación prevaleciente se enfiló a señalar que esto era así debido a “la dispersión, la falta de medios y vías de comunicación [que] han sido la mayor limitación para el desarrollo en estas tierras” aunado a que en “la región del valle del Mezquital, la Otomí-Tepehua y la huasteca… existen los factores de riesgo identificados en la población tanto rural como semiurbana [como los siguientes]: baja escolaridad, pobreza extrema, áreas de difícil acceso, multiparidad, [y] embarazos no planeados…” (Herrera, 2010:13). Según la explicación citada, se consideraba que en un contexto social como el señalado, los factores enunciados habían generado o inducido que muchos de los jóvenes sostuvieran prácticas sexuales a temprana edad y, en consecuencia, se registrara un alto índice de Its, entre otras enfermedades sexuales y reproductivas (Rosa, 2010). Sin embargo, si bien se considera que los señalamientos anteriores explican en parte el fenómeno investigado, en los siguientes apartados se analizan las opiniones de los dos grupos de jóvenes en cuestión.

La importancia de la etapa adolescente y algunos resultados de investigación

Mucho se ha escrito sobre lo significativo de esta etapa de la vida de los individuos, ya que representa el periodo en el que a la persona se le deja de considerar como un niño y se le ubica ahora en la transición que lo llevará a ser valorado como adulto. La relevancia de tal temporalidad radica en el hecho de que esta se configura como “el proceso de construcción de las identidades [en un marco de] permanentes transformaciones sociales”, y se caracteriza como “el tiempo del despertar sexual, de la experimentación autoerótica y de las primeras relaciones sexuales” (Ministerio de Educación, 1999:5; W. Connell, 2003:60).

De acuerdo con el Comité de Sexualidad Humana de la Asociación Médica Americana, “la sexualidad humana implica lo que realizamos, pero también lo que somos. Es una identificación, una actividad, un impulso, un proceso biológico y emocional, una perspectiva y una expresión de uno mismo. Está fuertemente influida por las creencias sociales y personales y, a su vez, influye en las creencias y en las conductas” (ápud.Salas y Esteves, 2002:34).

De lo anterior se deriva la importancia que los adolescentes y jóvenes le adjudican, por ejemplo, a la primera relación sexual, pues de conformidad con la ideología dominante este es el momento y el espacio donde los varones proyectan una imagen de hombre adulto que tiene poder para seducir y despejar cualquier tipo de dudas -socialmente hablando- de si se es o no heterosexual (Olavarría, 2001; Olavarría, y Parrini, 1999; Ramos y Vázquez, 2005).

Uno de los principales agentes que contribuyen para que la situación descrita se mantenga de esta manera es el tabú construido alrededor de la sexualidad, ya que cuando algunos actores de suma importancia como los padres y las madres, las instituciones educativas, los amigos, etc., hablan del tema, lo hacen a partir de “la biología del cuerpo, la genitalidad, pero no [desde] el deseo y el placer”. Por consecuencia, se interpreta que son los adultos quienes niegan la sexualidad de los jóvenes y ello repercute en que estos se formen la idea de que “son lo que su genitalidad -el pene- representa”. Así, “la sexualidad se convierte en un escenario de ejercicio de poder con sujetos con ciudadanía sexual y otros que carecen de ella o cuya titularidad están en duda” (Guajardo y Parrini, 2003; Moletto, 2003; Olavarría, 2001:42,44; Ramos y Vásquez, 2005:215).

Como respuesta a la situación señalada, los jóvenes recurren a“vivencias que les darían sentido de ‘realidad’ a sus aprendizajes”, encontrando para ello materiales, medios de comunicación como la pornografía, ya sea impresa o en otros formatos y medios como lo pueden ser el DVD, internet, etc. (Olavarría y Parrini, 1999; Olavarría, 2001:53; Moletto, 2003). Incluso, un medio muy recurrente entre algunos jóvenes para reafirmar su posición heterosexual y todo aquello que tenga que ver con su sexualidad y masculinidad es lo que en México se conoce como el albur,“en Brasil, los ‘insultos rimados’ [que] son ritos masculinos que comprueban el conocimiento de sexo de adolescentes y hombres” y en Ecuador, el piropo (Olavarría, 2001; Ramos y Vásquez, 2005; Szazs ápud.Simposio sobre participación masculina en la salud sexual y reproductiva, 1998; Andrade,2001).

Los hallazgos

Por los resultados de la investigación, en ambos estudios se ubicaron dos tipos de masculinidades adicionales al hegemónico: híbrido y moderno; así como las sexualidades denominadas en este trabajo como: dominante, híbrida y abiertamente aceptada.

1. Masculinidad hegemónica y sexualidad dominante

Definiciones de masculinidad manejadas por autores como Martí y García (2011:85), plantean que esta puede visualizarse “como la posición en las relaciones de género y en las prácticas por las cuales los hombres y mujeres se comprometen con una posición de género, prácticas que producen unos efectos en la experiencia corporal, en la personalidad en la cultura y en las relaciones de poder”, además de que, como lo sostiene Romero (2001),“tal formación se remonta a la etapa infantil, que es en la que se jerarquizan las relaciones entre hombres y mujeres, sin dejar de lado que también se les inculca la idea de que exteriorizar sus emociones no es algo correcto”. Consideraciones como las citadas permiten comprender, por ejemplo, señalamientos de adolescentes y jóvenes como el siguiente:

por eso te digo que es el miedo de que me vean llorando como una mujer o sea, tocaría ser fuerte ahí, no por este ¿cómo te digo?, guardar mis sentimientos, sino porque la mujer tenga en qué refugiarse ¿me entiendes? O sea no estar llorando los dos y bsssss ¿sí me entiendes? (Henry, 17 años).

De acuerdo con esta declaración, Seidler (2001:10) afirma que “eso forma parte de la imagen dominante masculina; de manera que tenemos una relación externa y debemos controlar nuestras emociones y sentimientos para probar y demostrar nuestra masculinidad”.

Otras de las respuestas obtenidas a este respecto son las vinculadas a la idea de sexualidad (interpretada como heterosexualidad), y ser responsable:

bueno, lo que principalmente me hace sentir como hombre es ser como yo soy primeramente y saber cómo como soy en mi sexualidad y en mi aspecto físico (Alex, 15 años). Un hombre, un hombre tiene que ser trabajador, en mi familia siempre todo hombre respetuoso sea con quien sea, con compañeros, con amigas, si ser trabajador, tiene que ser responsable (Francisco, 16 años).

Como se puede apreciar, las palabras de Alex remiten a la idea de que la sexualidad es el medio para demostrar que se es hombre a través de la dimensión virilidad -aludiendo al físico- y en el discurso de Francisco, que sigue vigente “la persistencia de valores machistas[, que] lo inducen a pensar todavía en la posibilidad de establecer relaciones de pareja en las que él se ocupe de la responsabilidad exclusiva de proveedor del hogar” (Ramos y Vásquez:2005; Montesinos,2002:170).

Expresiones como las arriba citadas permiten a autores como Chirix (2008:84) aseverar que “esta construcción genérica [masculina] está marcada por diferencias socioculturales establecidas históricamente y [que además] se [encuentran] apoya[das] en la división sexual del trabajo”.

Por su parte, y de conformidad con las respuestas de los jóvenes hidalguenses, cuando se preguntó ¿qué te hace sentir hombre?, (gráfica 1), se tiene que de 132 de ellos, 17 no respondieron, es decir, 12.9 % de la muestra total. Sí lo hizo 87.1 %, y se coloca entre los 20 tipos de respuesta que se pueden apreciar en la gráfica.

Gráfica 1

¿Qué te hace sentir hombre?

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Fuente: elaborado con base en el instrumento de recolección de información diseñado para la presente investigación.

Es notorio que la “forma de actuar/actitud/sentirse lo que es” predomina ampliamente (23.5 %), seguido de la importancia que le dan al “físico” (11.3 %), en tercer lugar tener “bigote/pelo/voz” (8.75 %); cuarto, “gusto por las mujeres” (7.8 %), “el género” (4.3 %), hasta llegar a “tener genes”, “hablarle bonito a una mujer”, “genitales y cómo tratar a las mujeres”, “chido” y “ser servicial” (0.9 %), como las más comunes para este tipo de masculinidad.

En cuanto a “ver jugar futbol” (1.7 %), Martí y García señalan que “el deporte se erige como uno de esos escenarios construidos con ese propósito: el de devolver la masculinidad un espacio de hegemonía” (2011:87).

La idea de trabajar (1.7 %) demuestra la vigencia de la división sexual del trabajo que, como señala oportunamente Dupret (2009:34),“es consecuencia de la diferencia sexual, la misma que resulta de la introducción de la reproducción sexuada en lo viviente”; pero, por otro lado, es una realidad la incursión de las mujeres en el ámbito laboral, lo cual es un indicio de la erosión de esa división sexual del trabajo, como señala Olavarría (2005), aunque esto no quiere decir que se deje de lado la idea de “convertirse en lo que socialmente se espera de un hombre adulto”(Stern et al., 2003:42).

En este sentido, puede observarse que en la manera como deben actuar o sentirse hombres hay un patrón interiorizado que aprenden dentro de la familia, así como la valoración de ciertos rasgos considerados masculinos como el bigote, tipo de voz, entre otros, que van de la mano con la idea de género (3.5 %), término que puede entenderse como “conjunto de rasgos asignados a hombres y mujeres en una sociedad, que son adquiridos en el proceso de socialización”(Dupret, 2009; Salguero, 2008; Gazca, 2012:83).

Aunado a lo anterior, se halla que el gusto por las mujeres, hablarles bonito y cómo tratarlas, también se entienden como exigencias, ya que de acuerdo con Olavarría “los hombres deben ser/son heterosexuales [y además] activos [sexualmente]” (2005:150).

En cuanto a la sexualidad, se halló que la “identidad [de género masculino de algunos de estos jóvenes] se construye[n] en gran parte alrededor de las ideas de tener sexo y afirmar su heterosexualidad” -gráfica 2- (Stern et al., 2003:38).

Para este rubro, solamente ciento once opinaron; entonces, las respuestas más frecuentes fueron: tener relaciones sexuales (22.5 %), el género/ser hombre o mujer (17.1 %), órganos sexuales/diferencia de sexos (10.8 %), reproducción de seres vivos (3.6 %), entre las principales.

Es así que, a partir de estas ideas, se tiene que “el ejercicio de la sexualidad se vive de [parte de algunos jóvenes de] forma más independiente [respecto] de la reproducción y es [considerada como] un elemento fundamental en la constitución y reafirmación de su masculinidad” (Carril y López, 2012:742).

Gráfica 2

Para ti, ¿qué es la sexualidad?

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Fuente: elaborado con base en el instrumento de recolección de información diseñado para la presente investigación.

2. Masculinidad y sexualidad híbrida

Uno de los hallazgos importantes encontrados para el caso de los jóvenes ecuatorianos, en torno a la denominada masculinidad y sexualidad híbrida, es que para explicar estas se puede utilizar el concepto de conciencia contradictoria desarrollada por Gramsci y que “se refiere a la fusión de la conciencia transformadora y de la heredada” (ápud.Gutmann, 2000:356), en la cual “las contradicciones [se presentan] entre la conciencia heredada, sin reservas, del pasado y la conciencia que se desarrolla en el transcurso de la transformación del mundo” (Gutmann, 2000:345).

Dicha conciencia contradictoria, aparejada a un concepto similar manejado por Montesinos (2002:170) y denominado estereotipo híbrido, se define como:

un proceso de cambio cultural donde las estructuras simbólicas se debaten, por lo que toca a la identidad masculina, entre un estereotipo masculino tradicional y un estereotipo híbrido que poco a poco va abandonando los rasgos autoritarios que proyecta la imagen del hombre a partir del poder y, por lo tanto, de una presunta superioridad sobre la mujer (Montesinos,2002:170).

Dicho de otra manera, el surgimiento de esta conciencia contradictoria se debe a que“los hombres no comprenden cómo superar los restos de una cultura tradicional que todavía los influye en su forma de percibir el rol que han de desempeñar en su relación con el otro género” (Montesinos, 2002:160).

De lo anterior se desprende lo que Montesinos llama “crisis de identidad masculina [: el] conflicto [que surge] en los hombres que viven el cambio cultural sin procesar la forma en que podrían deshacerse del estereotipo masculino tradicional; ni a cómo dar forma a un nuevo modelo masculino acorde a las nuevas condiciones sociales” (Montesinos, 2002:162).

En consecuencia, la pregunta que surge inmediatamente de lo señalado es: ¿qué factores provocan dicha crisis?

Para Gomáriz (1997:34 ápud.Rivera y Yajaira, 2004:151), la identidad del hombre entra en un estado de vulnerabilidad por dos factores: 1) los “intrapersonales”, que aluden a la acción en el mundo laboral (ocupación). Es decir, de una necesidad de “acceder a posiciones de liderazgo, lo que conduce irremediablemente a la problemática del poder como fuente de identidad masculina”; y 2) los “intergenéricos”, que comprenden, a su vez, dos aspectos: i) el hombre debe tener algo que ofrecer y ser el único proveedor de casa, y ii) con base en la interacción con su contraparte,“un hombre es como es, fundamentalmente para relacionarse-diferenciarse de la mujer”, lo cual implica evadir “afectividad, emoción y sentimientos, entre otros” (Rivera y Yajaira,2004:156).

Respuestas como la siguiente, son más que elocuentes a lo citado:

Yo creo que ya hay más emociones que por vergüenza tal vez las las ocultas, pero yo creo que es mejor sacarlas, las emociones que tú que tú que tu sientes porque ahí te desahogas y si no… si no expresas esos sentimientos se van a quedar dentro tuyo y creo que puede ser peor un remordimiento más más duro ahí que no salen (Javier, 20 años).

Esta declaración es relevante, puesto que su discurso plantea al mismo tiempo la necesidad de exteriorizar sus emociones -como parte de la sexualidad- pero también de ser muy cuidadoso, ya que como bien lo plantea Chirix (2008), estos son algunos de los costos de la dominación masculina: “He… rara vez sí como que hay algo como que se debe ocultar pero nadie me quita mi mi estado varonil al estar llorando por eso sí expreso mis emociones porque creo… que no tienen nada que ver con el ser hombre o… ser mujer” (Alex, 15 años).

En apego a lo expresado por Alex, se detecta un rompimiento con la norma social, por lo que se está de acuerdo con Shepard (ápud.Ramos y Vásquez, 2005:203) cuando menciona que “los varones tienen el derecho de expresar todas sus emociones sin que se cuestione su virilidad y que, asimismo, no deberían estar obligados a adoptar conductas de riesgo para demostrarla”, como, en este caso, por medio de sus emociones.

Para el caso de los jóvenes mexicanos, se observa -gráfica 1- que la fuerza física y caballerosidad (1.7 %), ser caballeroso/respetuoso con las mujeres (7.8 %), respetuoso, responsable, heterosexual (9.6 %), figuran como las principales maneras de ser hombre que ejemplifican claramente el modelo de masculinidad de la cual se está hablando.

Como se sabe, la fuerza física es un atributo correspondiente al modelo hegemónico; sin embargo, al relacionarlo con la caballerosidad o el respeto, se obtiene ese toque distintivo, debido a que estas nociones se pueden interpretar como el trato amable y atento, lo cual pone en jaque la representación social de una sola masculinidad; ya que “la identidad masculina corresponde a un plural no homogéneo de identidades masculinas” (Martí y García, 2011:84).

En este orden de ideas, en lo concerniente a la sexualidad se detecta que tener un hijo y cuidarlo (2.7 %) es importante, así como estar en un ambiente compartido (0.9 %).

De ese modo, cabe señalar entonces, que por el simple hecho de pensar en tener un/a hijo/a para cuidarlo/a, es simple y sencillamente un cuestionamiento al modelo masculino dominante que hace suponer incluso una predisposición respecto de ser partícipes de la salud reproductiva que, pudiera interpretarse, va encaminada ya hacia una paternidad responsable (Salguero, 2008).

3. Masculinidad moderna y sexualidad abiertamente aceptada

Siempre es necesario que tengamos algo que expresar como los sentimientos, ¿no?, emociones porque si no la… no la hacemos… sería algo que dañaría nuestra mente nuestra personalidad… reprimiéndola (Gabriel, 17 años).

O sea, yo tengo mis dos grandes amigos… o sea, yo les cojo y les abrazo, entonces con ellos camino en la calle abrazados igual con una… con una amiga… o sea, ¡si lo sientes algo, demuéstralo! No… no por eso dejo de ser hombre (Leonardo, 17 años).

A diferencia de lo que se ha venido apuntando, en este modelo masculino las emociones aparecen como una parte íntegra de la persona, incluso con los amigos, ya que al no calificarse como un mero acto de homosexualidad, pareciera ser que “la sexualidad aparece [únicamente] como un dominio esencialmente privado de las personas” (Szasz, 2004).

Por otra parte (véase gráfica 2), hubo quienes opinaron tener presente el “ser caballeroso/respetuoso con las mujeres” (7.8 %), y “nada/se tienen derechos” e ideales/ emociones /objetivos en la vida” (1.7 %, respectivamente).

En virtud de estas concepciones, vale decir que no son una casualidad, debido a que “en otros sectores sociales la familia y la escuela ofrecen también un discurso que educa en la generación de modelos de ser hombre: ser responsable con sus deberes, respetuoso con las mujeres, no ser agresivo, colaborar con los trabajos domésticos de las mujeres”, por mencionar algunas formas de socialización (Stern et al., 2003:42).

De igual modo, el ámbito de la sexualidad también registra un avance, puesto que algunos adolescentes y jóvenes la consideran como la acción de conversar con amigos/entre hombre y mujer (22.5 %), prevenir embarazos y lo más bonito del amor (0.9 %, respectivamente).

Y a partir de juicios como los presentes, se podría “cuestionar el tipo de información y educación que se imparte en muchas escuelas respecto de la sexualidad, donde se separa el cuerpo del afecto, de la ternura, del conocimiento de sí mismo y de la relación en el intercambio sexual compartido con alguien más” (Salguero, 2008:254).

De ese modo, después de haber revisado brevemente las masculinidades y sexualidades encontradas, es necesario hacer la siguiente observación: en el caso de los adolescentes/jóvenes urbanos ecuatorianos, la tendencia indica que la mayoría se sitúa en el modelo híbrido, probablemente por la facilidad que tienen de acceder a medios de comunicación como la tv, radio, internet, entre otras y no así en los adolescentes jóvenes rurales mexicanos, quienes visiblemente a través del gráfico dejan constancia de que en pluralidad, se colocan aún en un modelo hegemónico/ dominante, probablemente por las limitantes geográficas y condiciones sociales en las que se encuentran, lo cual avala “lo [que] señalan diversos estudios realizados en América Latina y el Caribe, [en cuanto a que] las relaciones entre hombres y mujeres son construidas como desiguales en el sistema de sexo/género predominante en la región” (Olavarría, 2005:142).

4. Percepciones y hábitos de uso de preservativos

Con respecto a las percepciones sobre el método, en los jóvenes ecuatorianos entrevistados hay una amplia aceptación del uso del condón. Siguiendo a Geldstein y Schufer (2005), se está de acuerdo en que probablemente la difusión de información por los medios de comunicación acerca de la expansión y la amenaza que representan las Its como el VIH/sida ha contribuido a un uso más frecuente de dicho método, al mismo tiempo que “el riesgo de embarazo es vivido en forma contradictoria [,] porque en el mandato social “embarazar” es prueba cabal de masculinidad, por lo tanto le temen” (K. Matos y M. Bianco, s/f ):

entonces no hay ese ese temor de de… de transmitirse alguna enfer… enfermedad, pero sí la prevención de… de los embarazos que bueno, eso sí ya depende de cada pareja si es que desean o no tener un hijo (Daniel, 16 años).

¿bajo qué circunstancias?… sería más… o sea ¡no, no debe desgraciarnos la vida ¿no?! Estoy joven y… no vale… es… es tener ahorita así un hijo o así en… una enfermedad que a la larga me va a a dañar la vida, ¡va afectar a mi organismo! Y todo, lo mismo! (Jonathan, 15 años).

De los anteriores planteamientos se puede observar que, si bien es cierto,“el principal elemento que determina la actitud positiva hacia el preservativo es su capacidad de prevenir enfermedades[no es siempre la regla] y[a que como se puede apreciar] no [se dejan de lado] sus cualidades anticonceptivas” (Capella et al., 2011:27).

Asimismo, se ubicaron casos que manifestaron su temor únicamente por la salud:“Eh… sí que ayuda a protegernos a que contraigamos el sida” (Alexis, 12 años).

Incluso, en los relatos obtenidos, los adolescentes y jóvenes plantearon la posibilidad de exponerse al contagio de una infección de transmisión sexual, ya sea a través del uso de agujas contaminadas o contacto sexual con alguna sexoservidora:

Yo yo lo usaría por póngase lo que… por lo que… poniéndole, claro es un ejemplo tonto ¿no? Póngase cuando uno se va… como le dije a un… prostíbulo uno se se inyecta a veces de solo de las amistades que le dicen “oye acuéstate, es chévere, eh… vas vas a experimentar aquí te te enseñen” pero uno se sabe que o por las enfer o las o las experiencias que otras personas les han conversado que saben que están metiéndose ¿cómo se dice? a la boca del de lobo, por lo que… sabemos que las las chicas de ahí son… chicas incluso vividas, más vividas que nosotros…” (David, 19 años).

Partiendo de la idea de David acerca del riesgo existente por sostener relaciones sexuales desprotegidas, lo que queda en duda es qué tan amplia o reducida puede ser la brecha entre lo que dice y podría hacer en realidad si se encontrara en un escenario como este, ya que “el uso de preservativo durante las relaciones sexuales de alto riesgo es todavía escaso entre los jóvenes de las regiones en desarrollo” (ONU, 2011:39).

De cualquier forma, debido a que “el autocuidado, la valoración del cuerpo y su relación con la salud son casi inexistentes en nuestra socialización”, en algunos de estos jóvenes, al parecer, está presente la posibilidad del riesgo, partiendo de que “la epidemia del VIH/sida reforzó las concepciones universalistas y esencialistas de la sexualidad al asociarla con la enfermedad” (De Keijzer, 2001:46; Szasz, 2004).

Para el 82 % de los adolescentes/jóvenes mexicanos, el VIH/sida es algo vigente, ya que 53.8 % está de acuerdo en que se adquiere vía sexual/es mortal, seguido de 11.4 % que se limitó a pensarla llanamente como una ITS/enfermedad, o algo únicamente contagioso (3.8 %) -entre las más destacadas- (gráfica 3).

Gráfica 3

¿Qué sabes del VIH/sida?

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Fuente: elaborado con base en el instrumento de recolección de información diseñado para la presente investigación.

Cabe señalar que lo que estos adolescente/jóvenes mexicanos están dejando de lado no es que solamente

se puede transmitir al tener relaciones sexuales con alguien infectado con el VIH [sino también] al compartir agujas y jeringas con alguien infectado, por la exposición (en el caso de un feto o bebé) antes de nacer o durante el parto, o al ser amamantado, y por transfusión de sangre infectada o sus derivados, así como por el trasplante de órganos y tejidos infectados por el VIH (CDC, 2008a; OPS, 2006; Juárez y Gayet, 2010:139).

Sobre los otros tipos de respuesta citados, queda claro que la información está sesgada, porque hubo quienes incluso pensaron que se adquiere por tener sexo con mujeres infectadas (2.3 %); es decir, por una parte se tiene la creencia de que solamente las mujeres son portadoras del algún tipo de ITS, aunque, por otro lado, no especifican que se trate de sexoservidoras.

En cuanto a si su uso disminuye o no su hombría, 98.5 % de la muestra declaró que no, 0.8 % no sabe y 2.3 % afirmó que (gráfica 4).

Gráfica 4

Uso del condón, ¿disminuye su hombría?

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Fuente: elaborado con base en el instrumento de recolección de información diseñado para la presente investigación.

A manera de observación, es importante señalar que este dato es de suma importancia, ya que de acuerdo con la ONU (2011), los jóvenes del medio rural no son partidarios del uso de métodos anticonceptivos.

Entonces, se tiene que sobre sus motivaciones (gráfica 5), de 128 que respondieron, 58.3 % declaró que lo usarían para evitar ITS y embarazo, situación que ayuda a “comprender cómo la construcción social y la expresión de la masculinidad entre los adolescentes y varones jóvenes se [van] articulan[do] con los riesgos para la salud sexual y reproductiva” (Stern et al., 2003:34).

Al respecto, de acuerdo con Solís et al. (2008, ápud.CONAPO, 2010), pareciera ser que por una parte, se pudiera hablar de que todavía no se da en algunos casos la idea de“disociar la actividad sexual de la reproductiva” y por otra, que se estima como una necesidad en el acto sexual, aunque en realidad, bajo las respuestas obtenidas, no se supo si su utilización es“algo deseable”, como lo mencionan Capella et al. (2011:27).

Gráfica 5

Motivaciones para usar el preservativo

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Fuente: elaborado con base en el instrumento de recolección de información diseñado para la presente investigación.

Entre quienes optaron por únicamente evitar ITS como el VIH/sida (30.3 %), se encontró que “el uso del preservativo como método anticonceptivo quedó en un segundo plano, siendo [en consecuencia] el miedo al embarazo de la pareja un aspecto poco o nada valorado por los participantes en el momento de tomar la decisión de utilizar o no protección durante las relaciones”; lo cual no es una casualidad, ya que “el VIH sigue siendo uno de los agentes infecciosos más mortíferos del mundo: en los tres últimos decenios se ha cobrado más de 25 millones de vidas” (Capella et al., 2011:27; OMS, 2013).

Asimismo, 7.6 % dijo que lo usaría para evitar un embarazo, lo cual deja claro que “la paternidad no es [concebida como] una cuestión natural; [puesto que] la paternidad y la maternidad se vinculan con otras formas de relación social y procesos socioculturales que se transforman bajo la presión de múltiples factores, como señala Fuchs” (2004, ápud.Salguero, 2008:242).

Entre los factores que se pueden señalar al respecto, destaca el económico, es decir, bajo la idea de ser “proveedor” se están dando los cambios en las percepciones de estos jóvenes, debido a que “la dinámica económica actual no favorece el pleno empleo y las previsiones de futuro no son muy halagüeñas” (Ramírez y Uribe, 2008:21).

Respecto de quienes no lo usarían (0.8 %), podría pensarse que es por diversas causas como: la creencia de su poca efectividad, creencias normativas, entre otras (Arriagada, 2011; Capella et al., 2008).

5. Percepciones y hábitos de uso del preservativo: una nueva masculinidad por medio de la paternidad

Ante las opiniones que pueden estar a favor o en contra del uso del preservativo, es cierto que instituciones como la Iglesia católica y grupos como Pro-vida, no están de acuerdo con la difusión de información al respecto en varias zonas de El Ecuador, así como en muchas partes de México (El condón, 2004; Zozaya, 1997).

Sin embargo, cabe destacar que entre los jóvenes ecuatorianos e hidalguenses entrevistados se pudo hallar que sí hay una aceptación de usar métodos de protección como lo es el preservativo (al menos en el papel, parece una actitud abierta al respecto). De acuerdo con Geldstein y Schufer (2005), probablemente la difusión de información por los medios de comunicación acerca de la expansión y la amenaza que representan las Its como el VIH/sida ha contribuido a un uso más frecuente del método, pero no solo en encuentros ocasionales, como con las trabajadoras sexuales, sino también como una forma de respetar y cuidar a la pareja: “Yo creo que no, como bien dicen nadie conoce a nadie pero quizás por algún motivo o no sé, yo pienso que… que sí, o sea, que sí, así seas su pareja de toda la vida, incluso por precaución se debe utilizar el condón, así sea la pareja de toda su vida” (Javier, 18 años).

De estas palabras destaca la disposición de utilizar protección en cada relación, debido al temor de adquirir cualquier tipo de ITS; sin embargo, queda a consideración evitar embarazos no deseados: “entonces no hay ese ese temor de de… de transmitirse alguna enfer… enfermedad, pero sí la prevención de… de los embarazos que bueno, eso sí ya depende de cada pareja si es que desean o no tener un hijo” (Daniel, 16 años).

Con referencia a lo anterior, de los 132 jóvenes mexicanos, solamente 117 expusieron alguna razón por la cual utilizarían el preservativo, es decir, 88.6 % (gráfica 6).

Gráfica 6

Razones para utilizar el condón

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Fuente: Elaborado con base al instrumento de recolección de información diseñado para la presente investigación.

Como puede observarse, 28 % declaró que lo utilizaría para proteger la salud de ella, 18.9 % para evitar/prevenir ITS/sida; 18.2 %, prevenir embarazos/no quiere ser padre; 9.8 % porque previene embarazos e ITS, entre las principales. Del resto, puede revisarse que la información va dirigida más hacia lo que saben a grandes rasgos, que a alguna función específica.

De lo anterior, la idea que afirma: “el uso del condón se entiende pues como una práctica derogativa e insultante, quizás debido a que la asociación del condón con la prevención de las ITS haya generado la idea de que al pedir su utilización por emplazamiento se sugiere la posibilidad real de que la otra persona esté infectada y en consecuencia se perciba como algo proscrito entre parejas”, queda en duda, ya que al menos entre los que dieron alguna respuesta, proteger la salud de la pareja es primordial (Capella et al., 2011:8).

En cuanto a evitar y prevenir ITS/sida, en segundo término queda claro que “la juventud de las áreas rurales también es menos proclive a saber acerca de métodos de prevención que la de las áreas urbanas”, ya que como lo reflejan las cifras, ni 20 % lo considera para prevenir este tipo de amenaza a la salud propia.

Sobre la base de las consideraciones anteriores, 18.2 % que quiere prevenir embarazos/no quiere ser padre deja al descubierto que la paternidad no es algo natural, ya que fue posible ubicar un giro interesante en la apreciación de estos jóvenes, puesto que la consideran una responsabilidad, algo obligado en algunos casos, y como algo grande y compartido con la pareja (Salguero, 2008).

Una responsabilidad

A temprana edad debe ser tomada con responsabilidad (Alex, 15 años).

De la paternidad… que es un estado ya en el cual las personas he… son… ya tienen responsabilidades con… un menor de edad un hijo (Cristóbal, 16 años)

De los señalamientos citados, si bien es cierto que “la responsabilidad se vincula cercanamente con el trabajo remunerado”, puede advertirse lo que se está midiendo es la capacidad de solvencia económica para mantener un hijo; es decir, probablemente estén conscientes de que por su corta edad tienen pocas posibilidades de obtener altos ingresos (Stern et al., 2003:38; Salguero, 2008).

Algo importante e indispensable

De la paternidad… la paternidad es algo indispensable porque… porque o sea yo como tengo experiencia y en que no me he criado en con mi papá veo que es algo necesario o sea mi mamá es buena y todo, pero siempre te hace una falta de, de, de, de… una persona mayor de tu padre mismo o sea, que te que te influya, que te diga que se tiene que hacer en algunos casos cuando estas en la… en la adolescencia y también un ejemplo también… o sea… el papá también sirve como ejemplo yo creo que la paternidad es algo muy indispensable en la vida del ser humano y que no lo puede reemplazar nadie o sea es algo indispensable (Javier, 20 años).

En torno a esta declaración se puede subrayar que en este caso “sobre la paternidad no se habla ni se reflexiona porque se considera como algo natural y se considera [algo] obvio que en algún momento llegará” (Salguero, 2008:251).

Sin embargo, desde otro punto de vista es factible interpretar que tal vez la paternidad está siendo considerada como una muestra de virilidad, pero también que la figura paterna es visualizada como guía, tal como lo expresa Montesinos (2002:191), quien señala: “el dilema sigue siendo el mismo, el ejercer la paternidad acercándonos a un tipo ideal de padre que se representa a partir del estereotipo del padre autoritario o el padre ideal. Entre una paternidad que impone su voluntad y otra cifrada en el respeto, el cariño y el afecto”.

“Que es algo muy importante que debe… considerar todos los jóvenes… es algo importante…las relaciones entre padres e hijos” (Edison, 16 años). Para Edison es visible que el tipo de relación que se pueda desarrollar entre padre e hijo es fundamental, no solamente porque “la paternidad es una de las formas sociales mediante las cuales se expresa la identidad masculina”, sino porque, incluso, esto pudiera tomarse como preámbulo al siguiente tipo de masculinidad, en la que“en la actualidad, el ejercicio de la paternidad plantea elementos que van más allá de ser proveedor, y que compromete otro tipo de factores como la cercanía física, el afecto, el interés, los cuidados a otros y otras” (Montesinos, 2002:172; Rivera y Yajaira, 2004:176).

Algo grande y compartido

Que es que debe ser compartida por el… ambos miembros de la familia (Luis, 17 años). La paternidad es algo grande ¿no? O sea y cometes la casualidad de estar atento de tus hijos el cuidarles, el estar… pendientes de lo que les falta, lo que no les falta, en qué les puedes ayudar, en qué les puedes encaminar… para mí eso es la paternidad (Leonardo, 17 años).

Según se ha citado, las palabras de Leonardo son muy sugerentes, en el sentido de que bajo este escenario se manifiesta una disposición de participar en el cuidado y la crianza de los hijos, lo cual pudiera interpretarse como una manera de “estimular actitudes nuevas en los varones, que les permitan expresar sus sentimientos y establecer relaciones de afecto y respeto con sus mujeres e hijos y a tomar parte tanto en el trabajo productivo como en el reproductivo”(Simposio sobre participación masculina en la salud sexual y reproductiva, 1998).

De conformidad con los razonamientos que se han venido expresando en este renglón, para 101 jóvenes rurales mexicanos, de 132 participantes (gráfico 7), se ubica que para ellos la paternidad tiene acepciones adicionales a las ya mencionadas; es decir, partiendo de la idea de que es considerada una responsabilidad/etapa difícil (31.1 %), con base en que el trabajo remunerado “es uno de los objetivos en la vida de un joven” y que cada vez es más difícil cumplir con el rol de único proveedor por la crisis mundial actual (Stern et al., 2003:38), es como se entiende que este tipo de respuesta haya sido la más frecuente, seguida de algo lindo/bonito (19.7 %), que sin lugar a dudas es un hito de cambio cultural, ya que “la diversidad de formas en las que un padre puede relacionarse con sus hijos muestra la pluralidad de percepciones, experiencias y significados que puede asumir dicha relación” (Salguero, 2008:245).

Gráfica 7

¿Cómo piensan la paternidad algunos jóvenes mexicanos rurales hidalguenses?

2007-9176-izta-35-77-97-gf7.jpg

Fuente: elaborado con base en el instrumento de recolección de información diseñado para la presente investigación.

Todavía más, hubo quienes lo percibieron como algo bueno (9.1 %); que es importante/formar una familia (6.8 %); nada (3 %); una forma de expresar sentimientos (1.5 %), no le interesa/no está en sus planes (0.8 %); y es una decisión personal (0.8 %), entre las más destacadas.

Así pues, puede decirse que de cierta manera en estos jóvenes aún se detecta un rezago cultural, ya que al pensar la paternidad como algo importante para formar una familia toda vez que “los varones, desde temprana edad, aprenden a identificarse con cierta cosmovisión de género, [van] conformando así una parte de su construcción genérica” (Salguero, 2008:248).

Consideraciones finales

Según lo revisado en los dos grupos de adolescentes/jóvenes, se pudo constatar que independientemente del contexto al que se haga referencia, en cuanto a masculinidades y sexualidades se refiere, se está dando un cambio visible; para el caso de los adolescentes y jóvenes ecuatorianos y de acuerdo con la metodología usada, se detectó que en algunos casos se presentan situaciones que se prestan para la aplicación del concepto “conciencia contradictoria” de Gramsci, lo cual es una prueba fehaciente del proceso de cambio cultural anotado. Para el caso mexicano, casi se puede decir lo mismo, aunque el conflicto interno (de la conciencia contradictoria) no se detectó tan fuertemente como en el primer grupo.

En lo referente a la masculinidad hegemónica y la sexualidad dominante, puede afirmarse que, en apariencia, existe una medida “estándar” del deber ser hombre; en cuanto a la masculinidad y sexualidad híbrida, las diferencias sugeridas indican que en la investigación se manifiesta la importancia de la demostración de las emociones debido a que el ser caballeroso y respetuoso figuraron como el común denominador en los relatos de los adolescentes y jóvenes, a la par de la disposición por ser participativo en el cuidado y la crianza de los hijos e incluso compartir ambientes, que en general, son indicadores del desapego que se está dando de una cultura conservadora.

En lo concerniente a la masculinidad moderna y la sexualidad abiertamente aceptada, en los adolescentes/jóvenes quiteños se dio un giro total, es decir, la demostración de las emociones aparece como algo fundamental, incluso hasta con el grupo de pares.

Para los adolescentes/jóvenes hidalguenses, conversar, evitar embarazos y considerar el amor son ideas que plasman un cambio de ideologías igualmente interesantes, sobre todo porque el concepto de amor cobra vida en sus experiencias vividas.

La apertura mostrada hacia el uso del condón por parte de ambos grupos, partiendo del conocimiento que tienen sobre la presencia del VIH/sida -como factor fundamental-, y de las motivaciones para su utilización, encabezadas por la firme convicción de evitar embarazos e ITS, dan pauta para concluir que tanto en jóvenes urbanos quiteños, como rurales hidalguenses, se está dando indiscutiblemente un proceso de transición cultural que va dejando clara una disposición por ser partícipes en materia de salud sexual y reproductiva de manera voluntaria.

Por la información recabada en los dos grupos de adolescentes y jóvenes participantes en esta investigación se constató que tales jóvenes, influidos por un contexto plagado de información en los medios de comunicación así como por la expansión del VIH/sida, y la existencia de varios modelos de masculinidad -tomados como referentes por parte de estos jóvenes- mostraron las diferentes maneras de concebir “ser hombre” en su contexto social.

Además, la percepción que tienen sobre la vivencia y ejercicio de la sexualidad ha sido muy coherente con los modelos documentados, puesto que al ir desarrollándose modelos alternativos al dominante, la práctica de la sexualidad ha ido variando y posibilitando un proceso de transición cultural; muestra clara de ello han sido las consideraciones que se tienen respecto de la “paternidad”, mostrando con ello que la virilidad (entendida como el número de hijos que se pueda tener) ya no sea la finalidad, sino que más bien se visualice como una responsabilidad y al mismo tiempo como algo indispensable que los lleve a compartirla abiertamente con su pareja.

Con base en lo anterior, y para finalizar, debe destacarse que las opiniones vertidas por estos dos grupos de jóvenes sobre el uso del preservativo se convirtió en un elemento esencial para comprender la reconfiguración que están desarrollando en torno a su concepción de lo que es la masculinidad, puesto que si bien es cierto que entre estos jóvenes hay diferencias culturales, es posible advertir que en ciertos casos, sin importar la nacionalidad ni el contexto en el que se desenvuelven, existe ya una realidad cada vez más visible: las masculinidades están cambiando; y ello incide en la “participación” de tales jóvenes y adolescentes en materia de su propia salud sexual y reproductiva, ya que con esta “nueva” idea de masculinidad fue posible constatar el señalamiento de que el preservativo es asumido ahora como una forma de proteger su salud, prevenir embarazos (deseados o no), o ambas cosas a la vez.

En consecuencia, se advierte una mayor disposición de los varones a cuidar no solamente su propia salud, sino también la de su pareja, y ello muestra una importante transformación cultural de cómo los jóvenes del sur de Quito y de la región Otomí-Tepehua comprenden su manera de “ser hombres”, y como se diría en el argot sociológico, en el momento de la modernidad presente.

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Notas

2 De acuerdo con el SIISE-SIJOVEN (2005), estas se refieren a infecciones intestinales, tuberculosis, virales, venéreas, parasitarias, enfermedades respiratorias y digestivas.

Información sobre los autores

3 David Francisco Ramírez Sánchez. Licenciado en Sociología por la UAM-I, maestro en "Género y Desarrollo" por FLACSO-Ecuador. Actualmente es profesor-investigador en la Universidad Intercultural del estado de Hidalgo (UICEH). Publicaciones recientes: 2011, con Servando Gutiérrez Ramírez: "Masculinidad y sexualidad: uso de preservativos en adolescentes y jóvenes del sur de Quito, Ecuador", Revista Latinoamericana de Población.

4 Servando Gutiérrez Ramírez. Profesor-investigador del Departamento de Sociología, UAM-I. Sociólogo y Demógrafo por la UAM y El Colegio de México. Publicaciones: "Masculinidad y sexualidad: uso de preservativos en adolescentes y jóvenes del sur de Quito, Ecuador" en Revista Latinoamericana de Población; en 2008: "Crecimiento poblacional, política de población, familia y derechos humanos en México" en Políticas e intervenciones familiares; en 2007: con Plinio Vázquez Ramírez, "Breve diagnóstico de la familia mexicana a finales del siglo XX e inicios del XXI"; en 2000-2006: Reflexiones acerca de un sexenio conflictivo. 2. Calidad de vida y violencia social. coordinado por Marco A. Leyva Piña y Luis Méndez; en 2006: con Ma. del Rocío Rosales Ortega, José Luis Torres Franco coordinó Ciencias sociales e interdisciplina.

5 Clara Elena Valladares Sánchez. Profesora-investigadora de la UAM. Coordinó las Comisiones de Autoevaluación que obtuvieron el Premio Asociación Universitaria Iberoamericana de Posgrado (AUIP) a la Calidad del Posgrado y el Doctorado en Iberoamérica, de la Maestría en Ciencias Agropecuarias y de la Maestría en Rehabilitación Neurológica de la UAM-X, en las ediciones 5 y 6, respectivamente. Algunos títulos de sus publicaciones: Actividad empresarial y profesional: Sistemas de Gestión de la Calidad; La importancia del establecimiento de indicadores en un sistema de Gestión de la Calidad de una Institución de Educación Superior; La relevancia de la metodología cualitativa en los estudios de caso socio-organizacionales; La perspectiva "Curso de Vida" como eje interdisciplinario en la investigación sociodemográfica en la nueva formación familiar: Una reflexión sobre el caso mexicano.



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Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades. Núm 88 (2020)Consejo Editorial de la División Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa Av. San Rafael Atlixco núm. 186 Edificio H, cubículo 213, col. Vicentina, alcaldía Iztapalapa C. P. 09340, Ciudad de México. Teléfono 58044755 Página electrónica de la revista: http://revistaiztapalapa.izt.uam.mx/index.php

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