Bravo Ponce: Abordajes socioculturales sobre prácticas y significados del placer sexual
Vol. 41, Num. 88, Año. 2020
Recibido: 2019 05 01
Aceptado: 2019 09 01



La búsqueda de placer sexual como objeto de estudio

El propósito fundamental de este artículo es identificar el estado de la producción académica sobre el sentido que tiene la búsqueda de placer sexual. La época contemporánea nos ofrece un contexto de emergencia de prácticas sexuales alternativas, diversas y poco convencionales, algunas de las cuales transgreden los mandatos de la hegemonía sexual patriarcal judeocristiana y se alejan del ejercicio de una heterosexualidad convencional y de una moral sexual basada en el pudor y la abstinencia (González, 2002). Particularmente, se busca abordar los estudios que hacen referencia explícita al sentido asociado con las prácticas que se manifiestan a través de cadenas de deseos, secretos y antojos sexuales en las sociedades contemporáneas.

Partiendo de una retrospectiva histórica, el placer sexual es una de esas concepciones que por su carácter complejo y polisémico resultan irreductibles a la representación parcial que de él pueden hacer los distintos estudios, ya sean culturales, biomédicos, psicológicos o sociales. La mayoría de los discursos sobre sexualidad, cuerpo, deseo y erotismo apuntan hacia un horizonte imaginado al que hay que llegar u obtener, como el blanco al que se dirigen todas las miradas, influido por las prácticas sexuales que se ejercen, las relaciones interpersonales que se establecen, los procesos de socialización y las categorías sociales del género afectado por las atribuciones individuales de quienes lo viven.

Freud (2002), por ejemplo, desde su concepción hedonista asoció el principio del placer con la disminución del malestar o del dolor; esa ausencia de tensión que emerge del sujeto para liberar la concentración de energía o libido, que supone el incesante deseo del goce para huir naturalmente del dolor. A su vez, Masters y Johnson, después de años de estudio en el laboratorio, descubrieron que la experiencia orgásmica del hombre y el orgasmo femenino (fin último del placer sexual) son presentados por el resultado de tres factores: el fisiológico, el psicológico y el sociológico. De esta manera, contrario a lo que se creía, la cualidad del placer sexual de la mujer no está determinada por el tamaño del pene, sino por orgasmos clitóricos, vaginales y anales que inyectan en las personas algunos extravíos en los ojos, circulación acelerada, centros nerviosos congestionados, convulsiones y calambres que agitan todos los sentidos corporales y hacen estallar hasta encontrar el delirio erótico (Masters y Johnson, 1978).

En este tenor, Kinsey, Pomeroy, Martin y Gebbard (1998) apuntaron factores como la edad, la década de nacimiento y la creencia religiosa para reflejar los significados en los patrones de conducta sexual vinculados con la búsqueda del placer sexual.

No obstante, desde la perspectiva sociocultural, Comte-Sponville (2012) describe al placer sexual, en primer lugar, como una sensación, “un goce muy vivaz que vale sobre todo por lo que la fantasía le añade y por el tiempo que sabemos tomarnos en ello” (Comte-Sponville, 2012: 127). En este tenor, Foucault (2009b) nos enseñó a pensar en el uso de los placeres, no desde su obviedad, sino a través del placer de la significancia. Es decir, lo relacionó con las manifestaciones de las aphrodisia:“aquellos actos, gestos, contactos, que buscan cierta forma de placer” (Foucault, 2009b: 39) que surgen de un campo agonístico de fuerzas difíciles de dominar y que se relacionan estrechamente con la epithymia, ese deseo en movimiento dirigido por naturaleza hacia lo que da placer (Foucault, 2009b).

En este contexto y siguiendo a Foucault, en esta revisión de literatura encontramos formas activas de elección deliberada desprendidas de la concupiscencia (voluptuosidad, sensualidad, libinidad, lujuria, erotismo, e impudicia) que multiplican los deseos sexuales encarnados en el cuerpo y se relacionan con el estudio de la subjetividad sexual. Asimismo, se vinculan con el “vasto paisaje de placeres, significados, exploraciones eróticas, atrevimientos y transgresiones de identidades” (Núñez, 2001: 15) que dan sentido a la acción social del sujeto, desde la lógica interpretativa de la realidad y el proceso de subjetivación del individuo.

Cabe resaltar que este trabajo se deslinda de un abordaje biológico y clínico de la sexualidad para centrarse en el estudio de procesos socioculturales que se gestan y construyen históricamente, mediante la praxis sexual del sujeto que está abierto a intercambios íntimos “más allá de los estereotipos de una sociedad y sus mitos culturales” (Herdt, 2001).

Tendencias de estudio y vacíos

La revisión de estas investigaciones nos permite reconocer, a su vez, la presencia de dos tendencias muy importantes en los estudios del placer sexual: la distinción entre la sexualidad moderna y la sexualidad posmoderna. La primera se distingue por la preocupación en torno a la desigualdad de género y en la identificación de reglas externas como premisas de las relaciones sexuales, por ejemplo, la monogamia y la heterosexualidad (Collignon y Rodríguez, 2010; Simon y Gagnon, 1986). La segunda se destaca por enfoques en los que se indaga sobre las influencias de aspectos como el movimiento feminista, la creciente independencia económica de las mujeres, la aparición de la píldora y otras formas fiables de contracepción, lo que otorgó control directo de la fertilidad y, con ello, la exigencia del derecho al placer sexual (Beck y Beck-Gernsheim, 2008a; Giddens, 1992), así como a manifestaciones sexuales relacionadas con las prácticas homoeróticas, el consumo y el entretenimiento en la cultura del juego y la exploración sexual: prácticas swinger (intercambio de pareja), poliamor (no monogamia consensuada), sexo colectivo y grupal, orgías, cuartos oscuros, pornografía, etcétera.

Según Giddens (1992), la nueva autonomía sexual femenina correspondiente a la sexualidad posmoderna desmanteló el dominio sexual masculino de la modernidad al producir relaciones igualitarias y estimular un nuevo tipo de amor basado en interacciones igualitarias y una “sexualidad plástica”:

La emergencia de lo que yo llamo sexualidad plástica es crucial para la emancipación, implícita tanto en la pura relación como en la reivindicación del placer sexual por parte de las mujeres. La sexualidad plástica es una sexualidad descentrada, liberada de las necesidades de la reproducción. Tiene sus orígenes en la tendencia, iniciada a finales del siglo xviii, a limitar estrictamente el número familiar; pero se desarrolla posteriormente, como resultado de la difusión de la moderna contracepción y de las nuevas tecnologías reproductivas. La sexualidad plástica puede quedar moldeada como un rasgo de la personalidad y se une intrínsecamente con la identidad. Al mismo tiempo -en principio- libera la sexualidad de la hegemonía fálica, del desmedido predominio de la experiencia masculina (Giddens, 1992: 4).

Partiendo de esto, el sexo se convierte entonces en una parte divertida, alegre y alentadora de una relación y a su vez transgresora (Peabody, 1982) swinging, open marriage (including sexually open marriage, y resulta que la monogamia en las relaciones posmodernas solo se valora en la medida en que cada miembro de la relación insiste en ella, lo cual permite el surgimiento de relaciones distintas (Beck y Beck-Gernsheim, 2008; Castells, 2000; Giddens, 1992), tal y como se presenta en el Cuadro 1.

Cuadro. 1

Tendencias de estudio

Se identifica el debate entre la sexualidad moderna y posmoderna
La sexualidad moderna Desigualdad de género: la mujer es “para los otros” (dedicada al cuidado del hogar y los hijos)
La monogamia
La heterosexualidad
La sexualidad se centra en la reproducción y el sexo es sancionado por los límites del matrimonio
La sexualidad posmoderna Parte de la revolución sexual y el movimiento feminista
Creciente independencia económica en las mujeres
Florecimiento de la homosexualidad, masculina y femenina
Amor basado en interacciones igualitarias, nuevas formas de amar
Autonomía sexual femenina
La aparición de la píldora y otras formas fiables de contracepción en los años sesenta
Estudios de fantasías, deseos, orgasmos, experiencias sexuales, pornografía, masturbación, placer sexual

[i] Nota. Estos resultados parten de los marcos teóricos manejados en los estudios empíricos revisados en los últimos cinco años.

[ii] Fuente: elaboración propia.

A partir de este debate entre sexualidad moderna y posmoderna, se plantea que para transitar de una a otra se tuvo que pasar por ciertas transformaciones en el modo de concebir las relaciones sexuales: de la pareja “institución” a la pareja “romántica”; de esta a la pareja “sensorial”; la primera finca sus bases en el matrimonio por interés, la segunda en el amor y la tercera en emociones intensas pero efímeras (Pasini, 2005).

Frente a todo esto, conviene ahora reconocer algunos vacíos que se encontraron en la búsqueda de estudios empíricos y que tienen que ver en su mayoría con la construcción de ciudadanía y democracia sexual, educación sentimental y emocional y la búsqueda del placer sexual, sobre todo en casos situados. De manera que la investigación sobre la subjetividad sexual y su relación con los significados y las prácticas sexuales convencionales y no convencionales aparecen como un área de oportunidad para ir ampliando el campo de los estudios sobre la sexualidad, el placer sexual y su correspondencia con las emociones y el uso del cuerpo en espacios intensificadores de deseo.

El abordaje de la sexualidad desde un enfoque sociocultural tiene algunos puntos de anclaje que, aunque no llegan a configurarse como campo institucionalizado de estudio, contribuyen para una sistematización mínima. Uno de ellos son los estudios de género, que si bien no tienen entre sus consideraciones centrales el análisis del placer sexual, sus replanteamientos epistemológicos han permitido considerar a las personas como sujetos de placer y de deseo, visibilizando objetos de estudio que antes no existían.

En ese sentido, la revisión que desde la perspectiva de género hace Szasz (1998) sobre las investigaciones de sexualidad en México es relevante porque pone el acento en la identificación de la cultura sexual del país, que sería heterogénea en función las múltiples culturas regionales atravesadas por las raíces, una estructura económica desigual, y otros rasgos. La autora parte de la siguiente premisa:

Los estudios sobre sexualidad han dado origen a una reflexión sobre los vínculos entre la construcción social de las relaciones de género y los comportamientos sexuales. Estas reflexiones se refieren principalmente a la influencia que tienen la construcción de las identidades y las desigualdades de acceso al poder, prestigio y recursos entre hombres y mujeres en los significados de la sexualidad (Szasz, 1998, p. 78).

El estado del arte que presenta Szasz es muy amplio, recuperando estudios de género realizados en México durante la década de 1990, y aunque no se centra específicamente en el estudio del placer sexual, ofrece una organización de los trabajos sobre sexualidad bajo los siguientes ejes: a) los significados de la sexualidad y el desigual acceso al poder y los recursos entre hombres y mujeres; b) la divergencia de las normas sobre el comportamiento sexual para hombres y mujeres; c) la identidad femenina y los significados de la sexualidad; d) la identidad masculina y los significados de la sexualidad; y e) silencio, represión, transgresión y abuso en la sexualidad. Szasz (1998) concluye su revisión indicando la necesidad de realizar más estudios sobre las dimensiones sociales y culturales de la sexualidad.

Otro esfuerzo importante en ese sentido es el realizado por Parrini y Hernández (2012), quienes hacen su propia formulación del estado del arte de los estudios sobre sexualidad ya no desde los estudios género, sino desde las disciplinas socioantropológicas considerando las “ciencias sociales y humanas y también áreas interdisciplinarias como los estudios de población y del campo de la salud pública” (Parrini y Hernández, 2012: 7). Los ejes sobre los cuales construyen su revisión son los siguientes: a) sexualidad femenina referida a la virginidad, iniciación sexual, cortejo, relaciones conyugales, y matrimonio; b) masculinidad y sexualidad; c) homoerotismo, bisexualidad, identidades lésbicas y trans; d) medicalización de la sexualidad. El trabajo de estos autores abarca desde la segunda mitad de la década de 1990 hasta 2008.

Como resultado de su revisión crítica, Parrini y Hernández (2012) señalan que la preocupación por las infecciones de transmisión sexual, y en especial el VIH/sida, es central en los estudios sobre sexualidad en México, lo que no significa que el enfoque sea necesariamente epidemiológico o que no sea cuestionado por las ciencias sociales. Mas allá de este señalamiento, los autores reconocen dos grandes tendencias en los estudios de la sexualidad en México: la primera es la relacionada con los vínculos de pareja, la virginidad, los sistemas de sexo-género y la subordinación sexual femenina -esta tendencia la colocan bajo el rasgo de relaciones de parentesco-; la segunda consiste en la desarticulación de las estructuras androcéntricas de género, los deseos sexuales y la corrosión de los límites de la sexualidad -aquí aparecen las categorías de homoerotismo, bisexualidad, travestismo y transexualismo-.

Cada una de estas tendencias, a juicio de los autores, contiene sus propios vacíos, presentados como objetos de estudio que no han recibido la suficiente atención, por ejemplo, la maternidad ejercida por las trabajadoras sexuales -lo que pone en crisis las categorías de la “mujer buena” (la madre) frente a la “mujer mala” (la prostituta)-; la falta de estudios sobre la economía de la sexualidad; las configuraciones familiares de familias fundadas por parejas del mismo sexo, entre muchos otros temas.

Un asunto que es importante señalar de los hallazgos de Parrini y Hernández (2012: 163) es que “en los resultados de las investigaciones emergen con insistencia otras instancias reguladoras, por ejemplo el Estado, las escuelas, las instituciones sanitarias y de salud, así como organismos y grupos que sustentan discursos epidemiológicos y sexológicos”, lo que habla de las influencias, negociaciones, tensiones y conflictos entre aspectos estructurales (los autores consideran aquí fenómenos sociales no necesariamente vinculados con las instituciones como la migración, por ejemplo) frente a las experiencias y vivencias individuales de actores concretos.

Por lo mismo, se requiere estudiar la construcción del sujeto en sí mismo, en el sentido de la libertad que se manifiesta en cuanto se trata de una relación entre un individuo empírico y un individuo que tiene la capacidad de producir normas y valores (Toureine, 2013), es decir, de un individuo que aprende de su historia de vida y sus puntos de inflexión y que se convierte en un sujeto reflexivo, curioso e incluyente de nuevas formas de manifestación y prácticas de placer en tiempos de la libre manifestación de los deseos, sea cual sea la forma de la subjetividad sexual.

Cuestionar debates clásicos entre dicotomías como el uso del cuerpo y la cultura, la razón y las emociones, las identidades sexuales y el deseo, lo social y lo individual, las fantasías, la transgresión y los significados supone dificultades y retos desde la perspectiva teórica y metodológica (Cerón, 2016). No obstante, conocer el sentido que tiene la búsqueda del placer sexual en su relación con todo lo que se construye alrededor (niveles y dimensiones sociales) y, a su vez, con todo este mundo de dicotomías complejas, nos acerca a comprender cómo las personas viven y piensan la sexualidad en pleno siglo xxi, después de los efectos de la revolución sexual.

Análisis de los textos seleccionados

El estudio de las relaciones sociales y los significados socioculturales que los y las protagonistas otorgan al placer sexual (Hidalgo, García, Flores, Lemp y Ruiz, 2008) permite reflexionar en torno a varias cuestiones que emergen como la posibilidad de concretar relaciones abiertas, parejas secundarias, grupos de poliamorosos y familias extensas conectadas con nuevas formas de vivir la sexualidad, así como la afanosa persecución de experiencias sexuales mediante el uso de la tecnología, la pornografía, entre otras prácticas que constituyen diversas formas y variedades de placer que no idealizan la castidad ni la abstinencia.

Hablar de la búsqueda del placer sexual nos lleva también a pensar en todas las formas que hay para disfrutar el cuerpo mediante un sinfín de gustos y conductas eróticas relacionadas con un cuerpo empírico en concreto que se vincula entre lo biológico y lo social, pero también, con lo colectivo y lo individual (Minello, 1998). Esto es, un cuerpo que no solo obedece a las formas que se despegan del origen biológico, sino a ese entramado diverso y particular de prácticas, acciones, técnicas, discursos, deseos y placeres (Rivas, 1998) que orientan las tendencias del individuo y, en ocasiones, restringen sus elecciones placenteras.

En los últimos años los estudios asociados con el placer sexual se han incrementado debido a la emergencia de prácticas y significados alternativos que reconfiguran el sentido de la sexualidad (Parrini y Hernández, 2012). En esta realidad “el desarrollo tecnológico y la comercialización de la sexualidad han permitido el surgimiento de un mercado en permanente expansión y constante búsqueda de novedades” (Córdova y Pretelín, 2017: 20). Partiendo de lo anterior, este trabajo consiste en una revisión analítica de estudios que abordan el placer sexual, sus significados y prácticas, con la finalidad de establecer puntos de referencia para situarlo como objeto de estudio y dar cuenta de la importancia de las rutas y tendencias relevantes sobre los abordajes socioculturales de la sexualidad contemporánea.

Metodología

Se realizó una búsqueda en la base de datos Elsevier, complementada con revisiones en Ebsco, Web of Science, Redalyc, Latindex, entre otras, y se pudo corroborar que existen pocos trabajos empíricos que se ocupen del cruce de placer y sexualidad desde una perspectiva sociocultural, utilizando el término “placer sexual” con diferentes variantes en inglés y en español. Una primera búsqueda en Elsevier arrojó una cifra superior a los 5 000 artículos; para depurarla se filtró la pesquisa solicitando los resultados de los años 2012 al 2018,1 relativos al área de ciencias sociales, y centrado en artículos de revistas académicas, por considerar que es en tales espacios en donde se publican de forma casi inmediata los trabajos relevantes. Mediante la utilización de estos filtros se identificaron 79 documentos. Realizamos una segunda depuración utilizando una matriz en la que se identificaron los siguientes aspectos: a) que los trabajos estuvieran dentro del periodo de los últimos cinco años para dar cuenta de los aportes más actuales; b) que los trabajos elegidos se ubicaran claramente como estudios socioculturales, evitando así los de tipo clínico-psicológicos que corresponden a otro tipo de enfoque, distinto al que se asume en esta investigación. Para ello, la matriz fue organizada mediante los siguientes aspectos: Nombre de (los) autor(es), definición del objeto de estudio, enfoque teórico, estrategia metodológica, hallazgos principales. Quedó una selección de 32 trabajos publicados entre 2012 y 2018, más 18 identificados en la búsqueda complementaria. Ddieron un total de 50 artículos que conforman el corpus de esta revisión.

El enfoque sociocultural privilegiado en la selección de los documentos corresponde a lo que sintetiza Leyva, al señalar que:

Los estudios socioculturales constituyen un campo de investigación de carácter interdisciplinario que permite la construcción de teorías generales que permiten articular críticamente diversos escenarios de la vida social al incorporar el enfoque global para explicar los procesos culturales como una perspectiva totalizadora, por lo que los estudios socioculturales rebasan el campo de una disciplina para abordar, desde lo transdisciplinar, los fenómenos culturales. Por ello, más que buscar la formación de un campo disciplinario, conforman nuevas formas interpretativas y nuevas formas de significación (Leyva, 2012: 5).

La revisión complementaria en bases como Redalyc y Latindex permitió identificar con mayor precisión algunos trabajos desarrollados desde México y América Latina para observar cómo se ha estudiado la cuestión desde nuestra región, y no únicamente con los parámetros de las revistas de origen anglosajón de alto impacto que son las que principalmente están incorporadas a Elsevier, que si bien no ignoran los aportes latinoamericanos, sí limitan su acceso.

La lógica de esta revisión ha reconocido tres grandes ejes de organización de la producción académica. El primero de ellos consiste en los estudios de prácticas sexuales alternativas, que se conciben como todas aquellas formas deseantes que dan sentido a la acción social del sujeto desde la lógica interpretativa de la realidad y el proceso de subjetivación del individuo y que se centran en la configuración de nuevos sentidos (significados) que se avizoran a partir de la práctica misma y que se construyen en función de la libertad, el espacio, los momentos y las necesidades sexuales, en donde “probar lo prohibido se convierte en normal” (Beck y Beck-Gernsheim, 2001: 23).

El segundo de ellos se refiere a los estudios de la sexualidad y el género, que se refiere específicamente a todo lo que el sujeto sabe y construye alrededor de su sexualidad, cómo la ejerce y disfruta a la vez y cuál es el significado que le otorga, tomando en cuenta el imaginario erótico de cada quién, su identidad y orientación sexual en una época de contradicciones, donde la multiplicidad de consecuencias e información producen, en ocasiones, crisis de sentido y valores (Beck, 2008).

El tercer eje, estudios transversales, se relaciona con todos aquellos estudios que no necesariamente se centran en la búsqueda del placer sexual como tal, pero que sí se relacionan de manera implícita o secundaria con estudios como: sexo entre jóvenes, encuentros sexuales, actitudes, comportamientos, iniciación sexual, educación sexual, etc., y que reflejan las maneras de cuestionar la realidad en los ámbitos de la intimidad mediante una nueva moral sexual: la relación del placer frente al poder. De este modo, el Cuadro 2 presenta una síntesis de la revisión organizada temáticamente.

Cuadro 2

Discusiones registradas en los últimos cinco años

Ejes Discusiones
Prácticas sexuales alternativas •Transgresión vinculada a normatividades de sexo, amor román- tico y autorreflexividad sexual
•Normalización de prácticas como adulterio, masturbación, pornografía y homoerotismos
•El cuerpo como receptáculo de placer: manifestaciones swinger, poliamor, sexo grupal y colectivo, orgías en los cuartos oscuros, BDSM (esclavitud, disciplina, dominación, sumisión), etcétera.
•Vinculación entre erotismo y transgresión
•Mercado de sexo, consumo y entretenimiento sexual
•Significados y representaciones en torno a la masturbación, orgasmo, fantasías sexuales, erotismo, deseo, sexualidades no normativas, la pornografía, juguetes sexuales, etcétera.
Sexualidad y género •La transición de una moral de decencia a una de autenticidad
•La existencia de discursos más igualitarios en relación con la sexualidad y las relaciones de pareja (autonomía individual, negociación interindividual y la satisfacción sexual)
•Monogamia flexible cimentada alrededor del diálogo, el consenso y la unión visitante (prácticas sexuales por sexo sin amor)
•Reconfiguración de la vida erótica, homoerótica y de inti- midad sexual Feminismos
Estudios transversales •Estudios sociológicos, psicológicos, antropológicos y fisioló- gicos de la sexualidad relacionados con la búsqueda del placer sexual: espacios de encuentros eróticos y producción de deseo, socialización, emociones sexuales, excitación sexual, atracción sexual, romance y satisfacción sexual
•Educación sexual: actitud, experiencias y comportamiento sexual

[i] Fuente: elaboración propia

Aunque la búsqueda se realizó considerando el placer sexual como objeto de estudio, resulta relevante señalar que solo una parte de los trabajos encontrados se centran en las prácticas (sexuales y sociales) orientadas a la búsqueda del placer, el goce y el desentrañamiento de su significado. No obstante, identifican los sobreentendidos, los símbolos y las metáforas con los que los sujetos describen y viven su realidad en un mundo que requiere apostar por la construcción de una ciudadanía sexual (Maffía, 2001; Rance, 2001) que influya, a su vez, en la transformación de una sexualidad incluyente, tolerante y versátil.

Primer eje. Prácticas sexuales alternativas

En este eje se han reconocido los estudios que toman el placer sexual como objeto de estudio central; representan el núcleo de la búsqueda en función de las coordenadas conceptuales descritas previamente. Las discusiones que se establecen en estos trabajos se refieren a la vivencia de lo placentero experimentado en el cuerpo a partir de las prácticas sexuales, con énfasis en el sentido y los significados construidos en el propio proceso de conformación de dichas prácticas.

Un elemento fundamental de este grupo es la reflexión sobre la agencia de los sujetos a través de la cual experimentan o negocian el placer sexual mediante sus prácticas sexuales y los significados asociados a estas. En este caso, las prácticas son concebidas como un sistema complejo de acciones y representaciones que llevan a cabo los sujetos en su relación con otros sujetos y con otros sistemas semejantes (Muñiz, 2014). Un ejemplo es el trabajo de Hargons et al. (2018), en el que se examina la reconstrucción narrativa del último encuentro sexual de 18 estudiantes universitarios afrodescendientes de Kentucky para identificar el sentido que subyace respecto a cómo representan el placer según su experiencia. Un estudio directamente relacionado con mis intereses de investigación es el que desarrolla Haywood (2018) con respecto a una práctica no convencional de búsqueda del placer sexual, el dogging, que consiste en tener sexo anónimo entre hombres o entre hombre y mujer en estacionamientos. El estudio se realizó mediante la aplicación de 12 entrevistas en profundidad con hombres que lo practica y sugiere que mediante esta actividad las subjetividades de los hombres se reconfiguran en maneras no convencionales de entender el género masculino.

Un trabajo de corte histórico cultural es el que ofrece Clark (2017), en el cual, mediante un análisis de la literatura medieval, recupera las representaciones sobre la masturbación; al respecto plantea que, lejos de ser una actividad solitaria, constituye también una forma de relacionarse.

En torno a los estudios de sexualidad de frente a la marginación, la ruralidad y la prostitución, otro ejemplo interesante es el de Parrini, Amuchástegui y Garibi (2017), en el que realizan entrevistas en profundidad a 19 sexoservidoras de la localidad de Tomatlán y se exploran las fronteras del cuerpo y la intimidad en un contexto de marginación y ruralidad.

Por otro lado, el estudio de Tewksbury y Lapsey (2017) analiza 627 reseñas de internet sobre los servicios de escorts masculinos de las que recuperan las situaciones de intimidad, socialización y conexiones emocionales experimentadas entre estos y sus clientes, a partir de las cuales son objetivadas las percepciones de compañía, autenticidad, pasión e interacciones sociales y sexuales.

En el trabajo desarrollado por Cruz (2016) se aplica el término de “política” (policing) como un aparato de poder pero también de placer, al analizar las prácticas de perversión de mujeres afrodescendientes relacionadas con el bondage, la dominación y la sumisión. El autor plantea una propuesta teórica derivada de este estudio a la que denomina “política de la perversión” (politics of perversion).

En total son 12 las publicaciones encontradas en los que las prácticas sexuales diferentes ocupan el núcleo de la construcción del objeto de estudio. Algunos ejemplos son los siguientes: el uso del vestuario y la lencería para la satisfacción sexual (Wood, 2016); las prácticas alternativas a la penetración en las que se indaga sobre un amplio espectro de opciones para alcanzar placer sin ponerse en riesgo de embarazo o de infección (Bakaroudis, 2014); la experimentación del deseo y el placer en personas con discapacidades físicas (Loeser, Pini y Crowley, 2018), así como el uso de juguetes sexuales para el placer y la satisfacción del (la) compañero(a) sexual (Watson, Séguin, Milhausen y Murray, 2016).

Segundo eje. Sexualidad y género

En el segundo eje se han agrupado los trabajos que, si bien establecen un abordaje relacionado con el placer sexual, centran su atención en las tensiones derivadas del orden establecido que obliga a los actores a negociar, ignorar o someterse a los poderes (político, económico, simbólico). En este sentido, el Estado, el mercado y la religión, principalmente, son órdenes de la vida social que obligan a los sujetos a disciplinar el placer, o bien, los llevan a transgredir las normas impuestas en favor de procurarse el placer que desean a partir de su capacidad de agencia.

Uno de los trabajos asignados a este grupo es el de Fazli, Liow, Low, Ghorbani y Merghati-Khoei (2018), en el que se estudió a 20 mujeres malayas jóvenes, mediante un enfoque fenomenológico, para identificar los términos asociados al placer sexual con base en cuatro aspectos principales: placer condicionado, honor social vinculado a la pureza, riesgo y responsabilidad. El argumento es que las jóvenes se encuentran en una lucha simbólica entre el disfrute de su placer y el juicio de su pureza.

La investigación realizada por Austin (2016) está formulada en torno a la perspectiva teórica de Deleuze y Guattari sobre el placer y profundiza en el movimiento y las dinámicas del cuerpo en relación con la capacidad para sentir placer en el caso de mujeres adolescentes. Un estudio interesante es el que elaboraron Fiaveh, Okyerefo y Fayorsey (2015) mediante entrevistas en profundidad con 20 mujeres y 16 hombres en Ghana, focalizadas en la experimentación del placer sexual femenino. Se describen los factores que estimulan y generan placer en las mujeres, los significados asociados a este (erotismo, sensualidad, romance, atractivo físico, etc.) y se identifica su importancia en la decisión de elegir pareja.

En otro trabajo, el consumo femenino de pornografía es visto como una forma de agencia de las mujeres que la usan y disfrutan, y en los resultados se aprecia que este consumo atraviesa las identidades sexuales y grupos de edad, por lo que tales rasgos no son determinantes (Chadwick, Raisanen, Goldey y Van Anders, 2018). Mientras que otro estudio aborda la definición del placer en mujeres queer y heterosexuales dilucidada a partir de una dinámica de focus group (Goldey, Posh, Bell y Van Anders, 2016)

Por su parte, Bay-Cheng, Maguin y Bruns (2018) deeper intimacy, less turmoil, more pleasure se interesan por indagar sobre las relaciones de poder entre los géneros considerando asuntos como la intimidad, los scripts y normas relacionadas con el género y su complejo entrelazamiento con el poder en las relaciones heterosexuales. Para esta investigación los autores utilizaron un método de análisis lineal mixto con el que se estudiaron 395 relaciones heterosexuales. Un resultado significativo de este trabajo es que no se encontró un vínculo consistente entre ejercer poder y sentir placer sexual.

Otro estudio, que recupera la experiencia de la segunda ola del feminismo en Estados Unidos, analiza la correspondencia postal que clientes mantuvieron con distribuidores de juguetes sexuales en el periodo de 1974 a 1989 (Lieberman, 2017). Los resultados demuestran que el consumo de juguetes sexuales permitió que las mujeres vieran la sexualidad de nuevas maneras al tener acceso a otras formas de sentir placer, diferentes a la penetración masculina.

Asimismo, el trabajo de Chowkhani (2016) examina las experiencias del consumo de pornografía de mujeres de la India y discute qué nos dice esa práctica sobre la sexualidad femenina. Indaga sobre los riesgos del consumo en línea, las posibilidades para el placer y cómo las subjetividades relacionadas con el cuerpo y el sexo son construidas a través del consumo.

Mientras que el trabajo de Rodríguez (2015), basado en la autobiografía de la estrella porno afro-latina retirada, Vanessa del Río, revisa las relaciones entre raza, violencia, placer y género; sugiere que las experiencias de este personaje funcionan como detonantes para identificar nuestros deseos y traumas asociados con nuestras encarnaciones corporales e historias sexuales.

Un estudio singular es el de Ben Thabet et al. (2015) que sitúa la discusión en una sociedad altamente intolerante para las manifestaciones sexuales y sus percepciones debido a la gran cantidad de prohibiciones, como lo son las sociedades musulmanas. El trabajo se desarrolló en Túnez mediante una encuesta aplicada a 55 hombres y 55 mujeres sobre la influencia de la religión en la sexualidad femenina. Los resultados apuntan a la fuerte determinación religiosa a través de sus prohibiciones en la transmisión de la cultura, mediada por la ignorancia sobre el contenido de los textos religiosos, lo cual incide directamente en las prácticas sexuales.

Una propuesta innovadora de investigación es la que presenta Silva (2015), al incorporar una estrategia narrativa a la que denomina “striptease etnográfico” por el cual pretende abandonar una postura clínica en favor de una de tipo artístico para aproximarse a la vida sexual queer que emerge en la gran favela de Río de Janeiro, entre lo clandestino y lo visible. Asume las categorías foucaltianas de scientia sexualis y ars erotica, y se decanta por la segunda.

También tenemos el estudio desarrollado por Lai (2018) sobre la subjetividad sexual de trabajadoras domésticas migrantes de origen indonesio en Hong Kong. El autor propone que es necesario mantener una visión trasnacional para entender la sexualidad de estas mujeres y las maneras en las que pueden negociar su acceso al placer sexual al tiempo que están envueltas en posiciones de género específicas.

Khau (2012), por su parte, indaga en el alto control que se ejerce sobre la sexualidad de las mujeres basotho en Lesotho al grado de intervenir sus cuerpos en relación con el placer. En el artículo se aborda la construcción social de la belleza genital a partir de la práctica del alargamiento de los labios internos, lo que implica violencia de género, al tiempo que se plantean discusiones en torno al silenciamiento de las mujeres, el deseo y el placer sexual. Particularmente plantea desafíos de la negociación de las mujeres sobre su sexualidad dentro de una sociedad fuertemente afianzada en un esquema heteropatriarcal.

El trabajo de Cruz, Romero y Gil-Bernal (2013) busca establecer indicadores del deseo sexual, la impulsividad sexual y el autoerotismo en mujeres de la Ciudad de México. Las investigadoras encontraron correlaciones positivas entre la autoeficacia sexual y cuatro indicadores: atracción, excitación, romanticismo y entrega, así como negativa con el indicador de culpabilidad sexual. Se aplicó una encuesta a 402 mujeres entre 17 y 35 años usando la Escala de Componentes del Deseo Sexual.

La investigación de Geffroy (2016) presenta resultados de un trabajo etnográfico en zonas rurales y urbanas de Bolivia para indagar sobre el acceso al placer sexual tomando en cuenta las complejas relaciones de género, generacionales y las persistentes relaciones de dominación. Los resultados apuntan a la asociación entre las violencias domésticas y la sexualidad enmarcada en un contexto patriarcal estatal y gubernamental, y cómo dentro de este las mujeres encuentran opciones para expresar sus deseos y buscar formas de placer.

Mientras que Hernández (2016) analiza el dispositivo de sexualidad alrededor del placer, los mecanismos con los que opera, los significados y las implicaciones para mujeres universitarias de la Ciudad de México. Su trabajo se pregunta por las relaciones entre el placer sexual-erótico, la subjetividad y los cambios en la normativa alrededor de la sexualidad y el género. Encuentra que los medios de comunicación y el mercado son los reguladores más potentes de la normativa sexual y genérica, no sin producir tensiones sociales.

Tercer eje. Estudios transversales

En el tercer eje de esta revisión ubicamos los estudios que tocan algún aspecto relacionado con el placer sexual pero no de manera central, sino que se enfocan en diversos asuntos del estudio de las sexualidades como la prevención, la seguridad, los comportamientos, la educación, el control de natalidad, entre otras cosas.

Desde esta perspectiva, Pearson (2018) identifica la importancia de las culturas escolares en la configuración de las conductas sexuales de los adolescentes, en un periodo de la vida que considera crítico para el desarrollo sexual. Específicamente se enfoca en cómo las culturas escolares dan forma al desarrollo sexual de las mujeres en la etapa de transición a la vida adulta. Es a través de esta socialización en la que se van incorporando a los scripts sobre sexualidad actitudes con respecto al control de la natalidad, las prácticas sexuales seguras, la culpa y la vergüenza sobre el sexo y las expectativas de placer sexual, entre otros elementos.

El estudio de Marks y Wosick (2017), por su parte, plantea los procesos de liberación en contraste con los estereotipos de sexualidad y el género al contraponer las fiestas organizadas en Estados Unidos con la finalidad de promocionar catálogos de juguetes sexuales frente a las reuniones en las que se promocionan artículos de cocina. El estudio mide la evaluación que hombres y mujeres jóvenes se otorgan entre ellos con respecto a su presencia en una u otra reunión.

En su artículo, Fahs (2017) cuestiona la obsesión cultural sobre la erección masculina y se pregunta por qué la lubricación vaginal no ha sido objeto de atención de la investigación académica. Este autor asume tal desafío y examinó mediante entrevistas semiestructuradas los sentimientos subjetivos de 20 mujeres estadounidenses respecto a su propia lubricación y humedad vaginales. Los resultados plantean cuatro temas: la humedad como placer, alegría y conexión; la humedad como fenómeno biológico; la ansiedad por humedad insuficiente y la humedad excesiva.

Con un enfoque de intervención social en línea para promover la salud sexual, Saliares, Wilkerson, Sieving, & Brady, 2017 indagaron sobre los pensamientos y experiencias de adolescentes sobre placer sexual. La muestra estuvo compuesta por 56 adolescentes de diversos grupos étnicos, con mayoría de mujeres.

Por otra parte, el trabajo desarrollado por Nodulman (2016) considera que, si bien existen diversos espacios para la educación sexual de los adolescentes, no existen muchos espacios para la educación sexual de los adultos. El autor plantea que las tiendas sexuales para adultos, las sexshops, cumplen esa tarea al brindar información y socialización, incluso educación y promoción de la responsabilidad. Utilizando metodologías cualitativas como la observación participante, entrevistas y análisis textual, este investigador se acerca a los servicios provistos por la marca Good Vibrations en Estados Unidos.

Otros estudios identificados en este corpus complementan el eje de los estudios sobre sexualidad, como el de Kozin (2016) que aborda el flirteo como práctica de seducción basada en la sexualidad y deconstruida en un proceso de dialéctica crítica a partir del método de Baudrillard. Por su parte, en el trabajo de Reynolds, Fisher y Rogala (2015) se exploran las razones por las que las mujeres participan en relaciones sexuales de penetración anal, identificando sentimientos positivos y negativos, placenteros y dolorosos. En otra investigación, Geter y Crosby (2014) partner-related, and social normative correlates of recent condom refusal in young Black men (YBM acuden a clínicas que tratan enfermedades de transmisión sexual para entrevistar a jóvenes varones afrodescendientes para indagar sobre las creencias relacionados con el rechazo a utilizar condón. Finalmente, el estudio de Frith (2013) plantea una crítica a los estudios sobre sexualidad por no considerar a las mujeres como sujetos sexuales con deseos corporales al tiempo que afirma que Internet provee el espacio para que las mujeres jóvenes discutan el placer, accedan a información periodística que celebra el orgasmo femenino aunque, reconoce la autora, paradójicamente se reafirma la idea convencional sobre la centralidad del orgasmo para la sexualidad.

El trabajo de Díaz y Robles (2009) utilizó una muestra no probabilística por cuotas de 240 adolescentes entre 12 y 19 años para estudiar su actividad sexual, la relación de esta con su concepción del amor romántico y su propensión para el uso del condón. Los resultados arrojan diferencias entre hombres y mujeres en las que los hombres que tienen intención de tener sexo también son más propensos a pensar en formas de prevención como el uso del condón, mientras que las mujeres que desean tener relaciones sexuales las vinculan con el amor romántico y la atracción física y menos con la prevención. Un trabajo similar lo realizaron Saeteros, Pérez, Sanabria y Díaz (2016), quienes aplicaron un diseño cuasi-experimental con dos grupos de universitarios, uno de ellos de control, en el que se evaluó una estrategia de educación sexual que fue percibida por los participantes como aporte positivo y enriquecedor en aspectos como adquisición de saberes y habilidades, autocuidado, responsabilidad, sexualidad diversa, valores humanos deseables y comunicación en la sexualidad.

Otro estudio es de Negroni et al. (2003), de tipo epidemiológico, en el que se identificaron 134 sitios de encuentros sexuales en dos ciudades de la frontera sur de México en donde es necesario establecer estrategias de prevención de enfermedades de transmisión sexual, particularmente el VIH-sida.

Un trabajo muy relevante dentro de esta línea sobre la salud y la conducta corresponde al que realizaron Trejo y Díaz (2017) con el finalidad de construir una definición integral de placer sexual que considere los aspectos bio-fisiológico, psicológicos individuales, sociales, relacionales y comportamientos específicos; su importancia radica en la posibilidad de diálogo entre lo fisiológico y lo sociocultural. Los autores recurrieron al protocolo de Redes Semánticas Naturales Modificadas y encontraron correlaciones positivas en hombres y mujeres para los grupos “pareja”, “amor” y “orgasmo” como principales definidores del placer sexual. Este trabajo actúa como bisagra que permite hacer dialogar lo fisiológico-psicológico con lo sociocultural en el estudio del placer sexual y su búsqueda.

Árraga y Montiel (2013) exploraron la sexualidad de los adultos mayores mediante una indagación cualitativa utilizando el análisis de contenido para establecer la condición del cine como una herramienta en la educación sexual de los adultos mayores. Por su parte, Zambrano-Plata, Bautista-Rodríguez y López (2018) trabajaron con estudiantes universitarios de Colombia, mediante entrevistas en profundidad, para conocer sus imaginarios sobre la sexualidad. Como resultado pudieron definir seis categorías correspondientes a sus imaginarios: socialización de la sexualidad en la familia, socialización de la sexualidad en la escuela, socialización de la sexualidad en los medios de comunicación, socialización de la sexualidad con los pares, imaginario de la sexualidad tradicional e imaginario liberal de la sexualidad. Estas categorías permitieron identificar dos estrategias en la construcción de los imaginarios: adaptación y resistencia.

Rodríguez y Pérez (2014) realizaron un análisis cultural de los discursos mediáticos de autoayuda y de la ficción televisiva, utilizando para ello la revista Cosmopólitan y la producción televisiva mexicana “Las Aparicio”. El trabajo explora cómo se abordan los temas de la sexualidad femenina, el conjunto de significados que fomentan y los mensajes contradictorios.

Boccardi (2013), por su parte, analiza mediante categorías apropiadas de los trabajos de Roland Barthes el dispositivo pedagógico puesto en marcha por la entrada en vigor de la ley nacional de educación sexual integral en Argentina. Mientras que Möller (2013) indaga sobre las representaciones del órgano sexual femenino en libros de anatomía, materiales educativos y pornografía hentai. Su intención es proponer las imágenes no tan solo como síntomas y agentes de relaciones de dominación, sino recurriendo a las posibilidades de relectura y deconstrucción y de ampliar la visibilidad de la genitalidad femenina.

Mendoza (2015) estudia el turismo sexual masculino de orientación gay en Puerto Vallarta, Jalisco, desde la perspectiva de los trabajadores sexuales, y concluye que, más allá de la transacción comercial, se negocian las prácticas sexuales pero no las identidades, las cuales, afirma, son inamovibles y dependen del estilo de vida.

Por último, en este sucinto recuento de trabajos tenemos el elaborado por González (2018), quien asume la tarea de mirar la sexualidad infantil, a menudo desplazada, identificada como peligrosa o abordada desde una perspectiva de la prevención en el mejor de los casos. El objetivo de la autora es el de aportar en la construcción de un significado de sexualidad integral infantil (hasta ahora, afirma, solo existe para la sexualidad adulta), orientando significados en el discurso social que la constituyen y reproducen, especialmente en lo que se refiere a los derechos sexuales y reproductivos.

Conclusiones

El análisis de la producción académica sobre la dimensión sociocultural del placer sexual que hemos llevado a cabo en este documento nos muestra que es insuficiente, dispersa y fragmentada. Quizás los estudios de género puedan representar una línea de investigación más consistente en relación con la sexualidad, particularmente la femenina; sin embargo, la preocupación por el placer sexual desde esa perspectiva aún parece ser marginal.

No obstante, en este reporte de investigación se ha intentado hacer una aproximación para comprender el sentido de la búsqueda del placer sexual en un contexto de emergencia de prácticas sexuales alternativas que dependen de diferentes panoramas, coyunturas y contextos que, por un lado, se resisten a las dinámicas posmodernas para elogiar la heterogeneidad sexual, dudar de lo indudable y cuestionar lo incuestionable (Lechner, 1991) como la preservación de la religión, los valores sexuales y todos los constructos socioculturales que regulan y controlan los efectos producidos en los cuerpos y el placer cotidiano (Foucault, 2009a) y que por otro, dan cuenta de la efervescencia de diferentes formas de sentido para vivir y significar la vida sexual a través de la concreción de prácticas sexuales alternativas que desafían a instancias reguladoras (como el Estado, las escuelas, las instituciones y los grupos que sustentan mediante discursos morales y sexológicos la preservación de la monogamia sexual, la familia, la heterosexualidad, el matrimonio y la mujer dedicada a los otros) para expresar su género, compartir el sexo y acomodar la monogamia sexual frente a una plétora de opciones diferentes de placer. Prácticas que brindan puentes de reflexión de la libertad, la responsabilidad y la autonomía sexual (Beck y Beck-Gernsheim, 2008a), en tanto se convierten en sistemas complejos, discursos reiterados y acciones que llevan a cabo los sujetos en su vínculo con diferentes comunidades, espacios y mercados sexuales y con otros sistemas semejantes a la cultura del juego sexual (Muñiz, 2014).

Por tanto, este tipo investigaciones sobre la búsqueda del placer sexual son necesarias para contribuir a la consolidación de los estudios de las sexualidades desde las ciencias sociales, para el acercamiento con la antropología de la experiencia, de la sensación y de las emociones sexuales en espacios productores de deseo, que demarcan la emergencia de prácticas y significados expresados o experimentados mediante “pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones” (Arias, Vásquez, Dueñas, García y Tejada, 2011: 314) que permiten dar cuenta de diversos fenómenos sociales y nuevas tendencias emergentes de la vida cotidiana que nos hablan de cómo los sujetos “se insertan y operan en ella, y la medida en que se reproducen, combaten y, quizás, transforman las estructuras de poder existentes (Grossberg, 2012: 22) a partir del desencanto de la modernidad y su entrada en crisis, frente a las manifestaciones eróticas posmodernas.

De ahí la importancia de esta investigación, de conocer cuál es el sentido que los sujetos le otorgan a sus prácticas sexuales alternativas en la búsqueda del placer sexual, conforme a sus diferencias socioculturales a partir de explorar la reconfiguración del placer sexual derivado de la modernidad (individualismo, secularización, ilustración, etc.) desde la lógica del consumo del goce y el hedonismo, para conocer los profundos cambios en las formas de vida, en donde todos somos socializados en lo referente al cuerpo, el género y las conductas sexuales mediante una serie de mecanismos, previos o imprevistos, existentes en nuestras sociedades. Esta orientación de investigación es, más que pertinente, necesaria para contribuir a una reflexión sobre las políticas públicas en salud reproductiva, la educación sexual, el reconocimiento de la diversidad y los derechos sexuales, en el reconocimiento y la reivindicación del placer íntimo para proponer una educación emocional y sexual en la actualidad; sobre todo, entre aquellos jóvenes que construyen su identidad y despiertan su curiosidad frente a nuevas improntas sexuales. Al ser la juventud una etapa en la que todo se juega, prueba y construye, para algunos jóvenes es necesaria una mayor educación integral que promueva el consumo simbólico frente a la dinámica del consumo material que produce una brecha de expectativas que erosionan el orden normativo y genera otras vías de compensación, muchas veces fuera de la ley (Hernández y Campos-Delgado, 2015).

Así, la totalidad de los estudios recuperados en los últimos cinco años corresponden a trabajos realizados fuera de México. Esto da pie para señalar que el análisis de la búsqueda del placer sexual a través de sus prácticas y significados sigue siendo una tarea pendiente para la reflexión académica, un vacío de conocimiento palpable, cuya atención podría contribuir a problematizar su importancia social en las regiones de México; si tomamos en cuenta que el deseo sexual es un rasgo de nuestra especie, no podemos escapar a él, en todo caso se limita a partir de las convenciones culturales (Freud, 1992) o se disciplina por las tensiones y violencias derivadas de los dispositivos de poder (Foucault, 2002).

Avanzar en esta línea de investigación es conveniente e importante para conocer cuáles son los alcances de las prácticas y los significados alternativos en la conformación de una nueva moral sexual, desde una perspectiva estatal, nacional y global y sobre las condiciones de puntos geográficos conservadores muy poco investigados sobre esta línea. Vale entonces preguntarnos: ¿en qué medida podemos hablar sobre los cambios sociales genéricos a partir de las transiciones de los valores sexuales de las regiones de México? ¿Cuáles son las prácticas atípicas a lo normalizado? ¿Qué tipo de prácticas son? ¿Cuáles son los significados que otorgan los sujetos a las prácticas sexuales? ¿Por qué son así estos significados y no de otra manera? ¿Cuáles son los espacios contemporáneos del placer? y ¿Cómo los sujetos de placer desafían o se adhieren a esos códigos sexuales interpuestos?

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Notas

4 El periodo corresponde a los últimos cinco años al momento de realizar la búsqueda, privilegiando así las investigaciones más actuales de donde se desprenden las preocupaciones contemporáneas de los investigadores con relación a este tema.

Notas

5 Citar como: Alejandra Bravo Ponce (2020), “Abordajes socioculturales sobre prácticas y significados del placer sexual”, Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, núm. 88, año 41, enero-junio de 2020, ISSN: 2007-9176; pp. 43-72. Disponible en < http://revistaiztapalapa.izt.uam.mx/index.php/izt/issue/archive>.



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