Reyes García: Entretejimientos y urdimbres: La dramatización de Víctor Turner en la épica de Rodrigo Díaz
Vol. 35, Num. 77, Año. 2014
Recibido: 2014 11 15
Aceptado: 2014 04 22


Un buen antropólogo no debe desdeñar el análisis de los símbolos. Mucho menos emprender un camino peyorativo en donde el poder y el simbolismo tomen pasajes y atajos difusos. Habría que encadenarlos, colocarlos en una esfera que compacte uno sobre otro, como si la vida social fuese una urdimbre en que se entretejieran las relaciones de poder y las acciones y reacciones simbólicas, que una devenga de otra. He aquí la tarea antropológica para el estudio de las sociedades contemporáneas: evidenciar, asociar y contraponer acciones, modos de conducta, valores y relaciones. Todos ellos venidos de situaciones particulares que consideren la existencia del poder a través del símbolo y la procedencia del símbolo por medio de la inscripción y representación de las relaciones de poder.

Por ello “una antropología del poder que desconsidere el análisis simbólico […] es una antropología ciega y, a su vez, la exploración de la dimensión simbólica de la vida que omita el esclarecimiento de las relaciones de poder es una antropología vacía” (Díaz, 2014: 19). Desde el inicio de este libro hasta su conclusión, Rodrigo Díaz es insistente, es una de las tesis que de una u otra forma busca defender. Todo el tiempo posiciona a Víctor Turner en los debates de la antropología contemporánea. El valor de la obra nace en este punto: no es una monografía, mucho menos una recopilación de tesis turnerianas; al contrario, el manuscrito presenta un análisis argumentado en donde el autor -con la camiseta turneriana- tiene el ingenio narrativo para dramatizar, criticar, reforzar, incluso ampliar las propuestas de un antropólogo que para muchos se encuentra ya en el baúl de los recuerdos.

Los lugares de lo político, los desplazamientos del símbolo… dramatizan la antropología procesualista. El libro es redactado bajo la lógica de los conflictos y las contradicciones particulares del anclaje sociocultural. Las propuestas de Díaz son abiertas, un tanto multidisciplinarias, pues al no repetir lo que Turner enunció en alguno de sus tratados, el autor al argumentar quebranta teorías, enriquece la antropología procesualista y las ideas propias, teje relaciones significativas a través de la indeterminación de un drama narrativo, en el que actúa como intermediario entre el lector y el análisis vislumbrado desde el poder y el simbolismo. Hace una retrospección creativa, incluso relee los aciertos y desaciertos de Turner, pero comprendiéndolo desde el mundo contemporáneo, desde las circunstancias de nuestro tiempo.

Ciertamente, el texto es enriquecedor, Díaz dramatiza y a su vez entreteje contextos, asocia y diferencia conceptos, muy al estilo de Ludwig Wittgenstein, quien propone el término entretejimiento para entrelazar y desmembrar “acciones lingüísticas y acciones no lingüísticas, entre lenguaje y práctica social […] entre práctica social y símbolos” (Díaz, 2014: 255); no busca decir el cómo de las cosas, sino llevar al lector por los atajos en los que el antropólogo muestra, revela y distingue, siempre apoyándose en la descripción, la narración y la comprensión de palabras y símbolos que derivan de prácticas sociales en y para situaciones particulares. Aunque, al parecer, para algunos especialistas del campo antropológico el libro que hoy comento, y a la vez reseño, no cumple -al menos en su totalidad- este mar de expectativas.

Es un tanto insostenible, poco creíble, que podamos vivir en una realidad pura. De hecho vivimos en una trama simbólica que nos orienta según nuestros gustos e intereses, excluyendo la razón y prefiriendo el espectáculo, solventándolo en una “reasignación de contenidos”; así lo que enuncia Leonardo Tyrtania (2014) al narrar la sensación que le dejó el libro de Rodrigo Díaz. En la primera semana de septiembre de 2014, la revista Este País presentaba la“recomendación” literaria de Tyrtania: “esperaba que el nuevo libro de Rodrigo Díaz sobre el simbolismo me llevase por ese territorio de la mano de la razón. Pero me encontré con que no existe racionalidad sin adjetivos […] La semiótica se pone […] al servicio de nuestra frustración y nos ayuda a vivir por encima de ese sumidero que es la realidad. Esa es mi lectura” (Tyrtania, 2014).1

Tyrtania es directo. En su opinión el libro que reseño solo nos lleva a una realidad de contenidos impuestos o a una resemantización, en donde no hay control en el objeto de estudio y solo se finge la dramatización de un mundo que a través de la escritura parece mejor. Con el respeto que se merece el doctor Tyrtania, no concuerdo con esa lectura, pues en mi opinión el libro de Díaz reformula propuestas y refuta otras, de hecho incluye las propias. Toma lo particular para trabajar desde dos esferas de la vida social: el poder y el símbolo. Hay orden en el estudio, un tema porque velar y promesas sobre otro que vaya por el mismo camino, un texto enriquecedor que rompe el intento y se sedimenta sobre el de otros que buscan hacer lo mismo.

Para evidenciar la estructura y el interés hacia la lectura de Los lugares de lo político, los desplazamientos del símbolo… es momento de enunciar la forma, la épica y la dramatización de su contenido. El libro se suma a la serie CLA-DE-MA, un listado de escritos que bajo la tutela antropológica abre el espacio a la publicación de Díaz; es una edición a cargo de la Universidad Autónoma Metropolitana y la Editorial Gedisa. Ocupa 412 páginas. Contiene una introducción, ocho capítulos -cada uno destinado al análisis que Turner hace sobre el poder y el simbolismo-, un extenso listado sobre libros, monografías y artículos que en su momento redactó Víctor Turner y una serie bibliográfica que apoyó, releyó y refutó el mismo Díaz al redactar el manuscrito.

En el apartado introductorio se aclara el porqué del libro. Prácticamente la respuesta de aquel interrogante proviene de tres puntos: 1) la antropología turneriana es poco conocida; Turner solo fue un estudioso del momento, que encontraría cabida hace veinte o treinta años, mucho menos impulsó una retrospección antropológica como la de Clifford Geertz o Claude Lévi-Strauss, incluso no hay una obra que enaltezca su legado; 2) no importa lo “novedoso”, lo relevante recae en la lectura argumentada de las obras de Turner para insertarla en lo particular, en nuestras circunstancias y en la antropología contemporánea y 3) para el procesualismo el individuo es un ser transicional que cruza caminos dejando un legado cultural y a su vez ese camino construye un mundo social atravesado por conflictos performativos que entretejen el poder y el simbolismo. La “Introducción” es un apartado breve en donde se enuncian estas directrices, el contenido de los capítulos y los clásicos agradecimientos de carácter laboral y afectivo.

En el libro que nos ocupa el antropólogo sudafricano Max Gluckman abre la trama del estudio. “Del análisis situacional a los dramas sociales. Sobre el surgimiento de la antropología procesualista” es el título del primer capítulo; se ubica a Turner como el discípulo crítico que sobrepasó a su maestro: Gluckman.2 De igual forma como investigador y profesor del Rhodes-Livingstone Institute, instancia que tiempo atrás fue dirigida por el impulsor de sus nociones investigativas. Se presenta la madurez que adquirió la antropología procesualista, al igual que sus puentes transicionales entre los años cuarenta y los sesenta, la crítica al estructural-funcionalismo y la adopción de la Escuela de Mánchester. De ahí el porqué de los dramas sociales, el desplazamiento de los análisis situacionales, el poder y el simbolismo.

“Los lugares de lo político…”,“El abuso del mal…” y “Transición…”, son algunos fragmentos o términos que utiliza Rodrigo Díaz para intitular los capítulos 2, 3 y 4, en los que amplía, critica y analiza -desde las investigaciones que Turner hiciera entre los ndembu- las categorías de drama social, sus fases, campo, arena, ritualización, ceremonia definicional e investidura simbólica. Siguiendo la lógica capitular, el primero muestra las condiciones generales que el procesualismo le heredó a la antropología política, además de definir y completar las categorías turnerianas, el segundo adquiere una riqueza particular. En él, Rodrigo Díaz ejercita el drama social, hace uso de sus fases y de los procesos primarios que suscitan, para pensar un caso particular: las problemáticas de la pedagogía de la violencia en los actos fundacionales de los Estados-nación, los abusos del mal que se despliegan en la dramatización social, el quehacer de la historia ejemplificada en los encuentros y desencuentros de la Independencia de la Nueva España y amplias críticas a las tesis procesualistas, las que para Díaz pueden complementarse con la teoría de Richard N. Adams, que se inscribe en la evolución del poder.

“Transición. El persuasivo espectáculo del poder. Simbolismo, rituales políticos y ritualización” representa el capítulo 4, que sirve de puente entre los extractos subsiguientes y un futuro libro que Rodrigo Díaz promete en forma explícita, un texto sobre procesos rituales, peregrinaciones, antropología de la experiencia y del performance. Es el extracto perfecto en el que se articula el poder y el simbolismo desde la ritualización, la ceremonia y el símbolo. La diversidad de constructos teóricos que analizan las formas simbólicas se hacen presentes en el siguiente capítulo, “Los desgarramientos del símbolo”. Presenta ahí una esquematización detallada sobre el análisis que hicieran dos tradiciones del campo humanístico, social y cultural, entre el siglo XIX y el XX: la clásica o latina y la hermética o romántica.

Una selva de los símbolos inunda las páginas del libro, pues en los capítulos 6, 7 y 8 Díaz reinventa el simbolismo; cuestiona, distingue y amplía las propuestas que por décadas han sedimentado a la antropología. El capítulo 6 refugia las propuestas simbólicas que Émile Durkheim redactara en Las formas elementales de la vida religiosa o aquel clásico ensayo en el que hablaba de las “clasificaciones simbólicas” junto con Marcel Mauss. De hecho, se mencionan las críticas del mismo Lévi-Strauss y de un orden clasificatorio que conduce hacia las problemáticas del realismo, el pluralismo ontológico y las estructuras simbólicas. De la mano con ello, “Los desplazamientos del símbolo” se apropia de varias páginas del libro. Aquí se reconstruye el análisis turneriano, se asegura que Turner dejó lo superficial y expresivo para adentrarse en la concepción pragmática y performativa de las acciones sociales que disparan y a su vez orientan los símbolos; se toma a Wittgenstein “para ir más allá” del entretejimiento de la antropología del poder y el simbolismo. La minuciosidad de Díaz no puede dejar atrás a Dan Sperber y toma las tesis de El simbolismo en general para reconocer las críticas que en este libro se le hicieran a Turner, pero a su vez los quiebres o, en palabras de Díaz, la suerte de vértigo argumental que Sperber presenta ante el saber, la razón y el simbolismo.

Razón y símbolo es el eje dicotómico del último capítulo. Tajantemente se busca sacar al lector del ilusionismo de la antropología simbólica, se marcan caminos distantes entre Clifford Geertz y Víctor Turner, aquellos especialistas que más que semejanzas marcaban posturas disímiles. El desencuentro, según Díaz, se halla en uno de los trabajos de mayor influencia de Geertz, “La religión como sistema cultural”, en el que se cree nacen ejes simbólicos, funcionalistas y relativistas. Finalmente, apoyándose en algunos trabajos del filósofo Carlos Pereda se propone la defensa antropológica de una razón enfática que permita disolver los modelos dicotómicos y corromper los establecidos. Quizá este sea el capítulo que lleva a Leonardo Tyrtania a pensar que en el libro de Díaz solo existe una racionalidad sin adjetivos o reasignación de contenidos. Para finalizar la presente reseña, no está de más mencionar que el texto culmina con una extensa recopilación de monografías, libros, capítulos y artículos que redactara Turner en sus momentos de estudio, y una “bibliografía general” en la que Díaz evidencia el porqué de la épica y la dramatización de su estudio. Ahora solo falta esperar la continuación, la segunda parte o el entretejimiento y la urdimbre del manuscrito que marcará la continuación de Los lugares de lo político...

Bibliografía

1

Díaz Cruz, Rodrigo 2014 “Introducción” y “Los desplazamientos del símbolo”, en Los lugares de lo político, los desplazamientos del símbolo. Poder y simbolismo en la obra de Víctor W. Turner, UAM / Gedisa, México, pp. 15-26 y pp. 251-313.

2

Korsbaek, Leif 2009 Costumbre y conflicto en África, Universidad Nacional Mayor de San Marcos-Facultad de Derecho y Ciencia Política/Fondo Editorial UCH, Perú.

3

Korsbaek, Leif 2012 “Max Gluckman: innovadozr y tradicionalista en la antropología británica”, en Leif Korsbaek (ed.), La antropología de Max Gluckman. Antología, México, pp. 4-64 [manuscrito].

4

Tyrtania, Leonardo 2014 “Recomendaciones y reseñas” Este país. Tendencias y opiniones, Tendencias y opiniones, http://estepais.com/site/2014/recomendaciones-y-resenas-2/#sthash.ltL3pEoq.dpuf > [consultado: 14 de octubre de 2014].

Notas

1 Vale la pena leer el comentario que el doctor Leonardo Tyrtania hace de la obra de Rodrigo Díaz. Certero y sin titubeos, el crítico enuncia su postura, un tanto mínima, pero adecuada para los objetivos de la publicación que lo incluye. Creo que sería interesante armar un debate, un encuentro crítico entre ambas propuestas, pues al fin de cuentas, diría Tyrtania, es el lector quien toma el “destino en sus manos” y decide cómo adentrarse en el estudio del poder y el simbolismo. Basta decir que la reseña se encuentra digitalizada en la versión electrónica de la revista Este País, disponible en: http://estepais.com/site/2014/recomendaciones-y-resenas-2/#sthash.ltL3pEoq.dpuf

2 En las primeras páginas del libro, Rodrigo Díaz asegura que hay poco conocimiento de las obras de Turner. Casualmente, Leif Korsbaek (2012) indica esto mismo en una antología de textos sobre Max Gluckman, pues al igual que en el caso de Turner hay muy pocas de sus obras traducidas. Según Korsbaek, el único libro de Gluckamn que existe en nuestro idioma es Política, ley y ritual en la sociedad tribal, y no más de dos o tres artículos. Aquí viene a cuanto la tarea de Korsbaek, pues en la citada antología -que no se ha publicado- presenta una versión (apoyándose en un equipo de colaboradores) de doce trabajos de investigación de dicho autor. También habría que destacar la que el estudioso de Gluckman hiciera sobre otro libro: Costumbre y conflicto en África (2009), publicado por la Universidad Nacional de San Marcos, Perú.

Información sobre el autor

3 Héctor Adrián Reyes García. Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Actualmente es profesor de Nivel Medio Superior adscrito al área de Ciencias Histórico-Sociales y Metodología y Filosofía. Desde 2011 realiza trabajo de campo entre los mixtecos del estado de Oaxaca. Sus principales temas de investigación son la cosmovisión y ritualidad de los pueblos indígenas y de reciente inserción; las dimensiones políticas y sociales del desarrollo rural. Ha publicado el artículo "Viko Ndiyi: 'La fiesta de los muertos'. Señales, reencuentros y ofrendas rituales entre los mixtecos" en la Revista electrónica de estudios de la muerte. Vita Brevis del INAH, al igual que "Trópicos de un territorio o las movilizaciones de historias, documentos y santos patronos en el municipio de Santa Catarina Yosonotú", capítulo del libro Configuraciones territoriales en la Mixteca. Estudios de historia y antropología, coordinado por el Dr. Manuel Hermann Lejarazu, material que aparecerá dentro del primer semestre del 2015, una publicación a cargo del CIESAS.



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