Tisnado Osuna: Bourguignon, François, 2017, Globalización de la desigualdad
Vol. 41, Num. 89, Año. 2020
Recibido: 2019 10 10
Aceptado: 2020 02 15


El libro La globalización de la desigualdad fue escrito por el economista exjefe del Banco Mundial y exdirector de la Escuela de Economía de París François Bourguignon. Dicho autor se ha distinguido por sus trabajos acerca del impacto de las políticas macroeconómicas en la pobreza y en la distribución de los ingresos en un contexto global.

La obra, que se ubica en la disciplina científica de la economía, demuestra cómo la globalización ha aumentado la brecha de desigualdad entre las personas ricas y pobres. El análisis, realizado a nivel mundial y nacional en las últimas dos décadas, señala una disyuntiva entre la eficiencia económica y la desigualdad. Asimismo, refuta la relación inversa entre el crecimiento económico y la desigualdad a pesar del dinamismo que se presenta en la economía mediante el incentivo al empleo. Por ello, deja una interrogante acerca de los nuevos matices que se están consolidando en torno al crecimiento económico, como es el caso de la tecnología y el papel del Estado.

Aunque el texto de Bourguignon se basa en la investigación elaborada por el economista Milanovic en su libro Worlds Apart: Measuring international and global inequality, la obra Globalización de la desigualdad es un parteaguas que arroja claridad con respecto al debate sobre si la globalización ha contribuido a la riqueza de las naciones o ha aumentado la desigualdad, beneficiando solamente a las élites.

El autor define la desigualdad global como el nivel de desigualdad entre los habitantes del mundo. Considera que la extensión del comercio internacional, la movilidad del capital y la difusión e innovación tecnológica han reducido la brecha entre países ricos y los países en desarrollo y que al mismo tiempo han contribuido a un cambio en la distribución del ingreso dentro de estas economías. Aludiendo a la situación anterior, el autor ha dejado de lado la participación del Estado para su análisis.

Para ejemplificar el objetivo mencionado, el autor toma una muestra de 106 países, 34 de los cuales son desarrollados y 72 en desarrollo, en el periodo de 1990-2010. Tal muestra cubre 92% de la población mundial. Asimismo, se emplearon cuatro medidas de desigualdad: la parte que va a los más ricos (1%, 5% o 10%), la brecha relativa entre los niveles de vida en los deciles extremos (10% más ricos y 10% más pobres), el coeficiente de Gini y el coeficiente de Theil.

A pesar de la sólida metodología mencionada anteriormente, hay una incertidumbre de error de medición que afecta la parte superior de la distribución por el submuestreo y la subnotificación de ingresos muy altos, por lo cual la desigualdad presentada en la mayoría de los países puede ser más pronunciada. Sin embargo, los países omitidos en la muestra son más pobres que el promedio mundial. Asimismo, el autor no considera la medición de otros factores que influyen en la desigualdad tanto a nivel internacional como nacional, careciendo de una metodología cualitativa que amplíe el panorama acerca del costo social de la globalización y el impacto de la desigualdad.

Con la metodología anteriormente explicada se encontró que en 2008, la brecha entre los niveles de vida del 10% de los habitantes más ricos del mundo y el 10% de los más pobres del planeta estuvo por encima 90 veces de dicho nivel de vida, es decir, el 10% de los habitantes más ricos del mundo tienen un nivel de vida noventa veces mayor en comparación con el 10% de los más pobres; en valores absolutos, 600 millones de las personas más pobres tienen un ingreso promedio de 270 dólares anuales, mientras que 600 millones de los más ricos tienen un nivel de vida por encima de 25 000 dólares, con un coeficiente global de Gini de 0.70 y 0.64 cuando se normalizó el producto interno bruto (PIB) per cápita.

En atención a lo anterior, al encasillar la desigualdad únicamente con el nivel de vida de las personas, el autor eludió la multidimensionalidad de la desigualdad; tal multidimensionalidad se refiere a la capacidad de acceso que tienen los individuos a una infraestructura básica de servicios, salud, educación, alimentación y seguridad social. Aun así, el libro ha aportado una fotografía panorámica de la desigualdad mundial llevando al lector a cuestionarse si tal situación siempre ha sido así.

El primer aumento de desigualdad global se registra en el contexto de la Revolución industrial y las dos guerras mundiales. En el periodo de 1820 a 1980 se reporta un aumento constante en el coeficiente de Gini de 0.5 a 0.66. De igual manera, la brecha en el ingreso promedio entre 10% de los más ricos y los más pobres fue creciendo, es decir, de 1820 a 1980 10% de los más ricos del mundo disfrutaron un nivel de vida 20 veces mayor que 10% de los más pobres hasta llegar a ser 60 veces mayor el decil superior con respecto al inferior. En 1990 se observó un aumento considerable en el coeficiente de Gini hasta llegar a 0.70, el cual ha ido disminuyendo. Dicha situación se ejemplifica de manera clara y concisa en un gráfico. A pesar del panorama histórico que nos muestra el autor utilizando deciles, es importante considerar el análisis de números absolutos para darle mayor veracidad a dicho panorama.

La desigualdad dentro de los países ha comenzado a crecer levemente, con una evolución del coeficiente de Theil del 0.215 al 0.244 en el periodo 1990 al 2010, mientras que la desigualdad entre países comienza a disminuir del 0.73 al 0.47. Los resultados anteriores son organizados de manera precisa en un cuadro cuya comprensión, por cierto, se dificulta por no haberse incluido las fórmulas utilizadas.

La crisis no ha cambiado el hecho de que las economías en desarrollo presenten un crecimiento más rápido en comparación con los países desarrollados. Asimismo, los países desarrollados son beneficiados por la expansión del comercio, la inversión extrajera y las reformas impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. No obstante, dentro de los países desarrollados y emergentes se ha encontrado un aumento en la desigualdad del ingreso individual, específicamente el tipo de desigualdad que proviene de un aumento desproporcionado de ingresos en la gama alta. Con respecto a lo anterior, al autor le faltó profundizar acerca de la coerción que emiten las instituciones mundiales en la economía de los países y cuál es el papel que juega el Estado ante esta situación.

Aludiendo a la idea anterior, el autor plantea que la desigualdad es perjudicial en términos económicos y del bienestar social debido a las tensiones sociales que produce. Por ello, es necesario resaltar los mecanismos que afectan la distribución del ingreso dentro de un país como: la distribución de los factores de producción, las políticas macroeconómicas, las condiciones tecnológicas, la política redistributiva, la desregularización del mercado de trabajo por contrato fijo o temporal y financieras con tendencias al oligopolio, así como los cambios demográficos como la disminución de la natalidad.

Por consiguiente, el autor examina las políticas económicas y sociales identificando las más adecuadas para armonizar la igualdad, la eficiencia económica y la globalización mediante la redistribución por medo de impuestos, transferencias condicionadas de efectivo, regulaciones del mercado y políticas que nivelen las desigualdades educativas mediante la estandarización de la calidad educativa y la facilidad de acceso. Dichas políticas se enfocan en las correcciones de las ineficiencias del mercado.

De las propuestas de solución anteriormente expuestas, estas carecen de sustento teórico y metodológico que compruebe la disminución de dicha desigualdad. Siendo pertinente considerar la idea de Stiglitz (2012) acerca de las políticas de gobierno como moldeadoras de las fuerzas tecnológicas y del mercado, que a su vez aumentan la desigualdad del ingreso y la riqueza. Sin embargo, los investigadores Parada y Ríos (2018), mediante el empleo de redes neuronales, exponen que el aumento del empleo en el sector industrial y de servicio, el control de la corrupción, la calidad de las regulaciones, así como el aumento en el intercambio de mercancías reducen la desigualdad.

El autor concluye que a través de diversas políticas nacionales se puede influir en la evolución de la desigualdad dentro de los países. Dichas políticas deben ser acompañadas de una conciencia global que permita el trabajo conjunto entre la globalización y la lucha contra las desigualdades, permitiendo a los países desarrollados, emergentes y en desarrollo controlar el aumento de las desigualdades dentro de sus propias economías.

La obra Globalización de la desigualdad muestra un nuevo panorama de análisis acompañado de una propuesta metodológica y una posible solución a la problemática implicada. A pesar de no darle un enfoque multidimensional a la desigualdad, dicha obra ha demostrado el lado positivo y negativo de la globalización de manera clara, concisa y con ideas bien estructuras.

Referencias bibliográficas

1

Milanovic, Branko 2007 Worlds Apart: Measuring International and Global Inequality, Nueva Jersey, Princeton University Press.

2

Parada, Ana y Humberto Ríos 2018 "Globalización y Desigualdad: Un Enfoque Multidimensional a Través de Redes Neuronales Articiales", Revista Análisis Económico, 33, pp. 1-35.

3

Stiglitz, Joseph 2012 The Price of Inequality: How Today's Divided Society Endangers Our, Nueva York, w.w. Norton & Company.


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