Duarte: (In) Certezas del desarrollo: fisuras, relatos y otros senderos1
Vol. 35, Num. 76, Año. 2014
Recibido: 2014 08 08
Aceptado: 2014 10 15


El libro, coordinado por Libia Esperanza Nieto Gómez y producido en el contexto del Grupo de Investigación Tecnogénesis, aborda el “desarrollo” como eje central de reflexión en cuatro textos.

El primer capítulo es una introducción teórica al tema, elaborada por los investigadores Oscar Emerson Zúñiga M. y Jane Miranda Ventura del Grupo Sistemas Agroalimentares e Educação na Ruralidade del IFPE (Instituto Federal de Pernambuco). Este capítulo lleva por título Del discurso del desarrollo a las políticas territoriales: desafíos para una sociedad de la diversidad y la felicidad. Es sin duda una juiciosa construcción que escarba los orígenes del discurso del desarrollo desde los anales institucionales y la manera como se ha reproducido en las recientes siete décadas para implantarse como retórica de poder cuyos tentáculos alcanzan aun los territorios más inimaginables. Dicho discurso permea las políticas que han acondicionado incluso los espacios rurales de modo que la diversidad de las comunidades ha sido desconocida en el intento de homogeneización; no obstante, irrumpen procesos de resistencia, tema que queda insinuado en el trasfondo de la inquietud teórica.

El texto es además una revisión en detalle de las políticas públicas para el sector rural en Colombia en los últimos sesenta años, en un espectáculo que recuerda la crudeza de la realidad del desarrollo en su alcance perverso e insensible de todo aquello que toca. Se enfatiza la advertencia acerca del dominio del capital y sus variaciones, haciéndolo equivalente a la noción de bienestar y generando confianza cuando adopta la “participación” como tabla de salvación, con lo cual esconde la intencionalidad de reproducir los niveles de subdesarrollo el cual, en últimas, se erige como la base del discurso del desarrollo, siendo las dos caras de una misma moneda. Llama la atención una idea de los autores cuando enuncian la necesidad de “mantener la pobreza en los límites de aceptación tanto por quienes la producen como por quienes la padecen” siendo la verdadera intencionalidad de las políticas que se acogen al discurso institucional del desarrollo. Por lo tanto,

es necesario pensar en que las comunidades no viven una sola economía sino que existen formas que viven en simbiosis con el capitalismo, que éste no es totalizante en la construcción de nuevas subjetividades y representaciones en las comunidades campesinas, sino, que, por el contrario, estas comunidades han logrado, a través de formas hibridas, construir modelos de existencia; estas hibridaciones son las que han permitido que las comunidades generen resistencia frente a la avanzada de tecnologías de la revolución verde, el crédito o las cadenas productivas, etc.

Así, se da cuenta de la conceptualización del concepto de “desarrollo”, y cómo no solo pretende homogenizar e instaurar una lógica de dominio y poder, sino que lo ha logrado desconociendo las condiciones de los territorios y, en ellos, las condiciones de las comunidades.

Es de recordar que el término desarrollo fue tomado como categoría de análisis social a partir de la coyuntura política surgida con la finalización de la segunda guerra mundial; en la idea de que los países “desarrollados” darían ayuda a aquellos “menos desarrollados” o “subdesarrollados”. Así, se afirma que el desarrollo es entonces un conjunto de ideas y prácticas concebidas en países del norte e impuestas para los países del sur como patrones a imitar, cuyos principios se instalan en las relaciones sociales de producción con el fin de permitir un crecimiento económico que pueda mejorar las condiciones de vida. Sin embargo, este concepto ha entrado en crisis en tanto que, si bien han aumentado las tasas de producción, no así ha mejorado la distribución de la riqueza generada y, por el contrario, este proceso se ha caracterizado por ser un modelo de implementación tecnológica, lo cual cambia los patrones de uso de los recursos naturales estableciendo una economía empresarial y de mercado; entendido así el desarrollo, se observa que es un modelo concentrador de recursos, de poder, de capital y de mercado; un modelo de producción trabajo/área, y rendimiento/ha., y es en este marco donde los autores del texto despliegan en mayor profundidad sus análisis.

Vale recordar que es mediante el mercantilismo y la Revolución Industrial, que se produjo una ruptura de la organización económica a nivel mundial. Con la aparición del capitalismo como nueva forma de producción, se constituyó por primera vez en la historia un sistema mundial de relaciones. De ahí que las sociedades que no entraron en el proceso de industrialización, pero que se vieron absorbidas por tal sistema, se insertan en el llamado subdesarrollo, éste como un proceso que adquiere características más profundas en tanto que las sociedades que lo experimentan continúen perteneciendo al sistema capitalista, el mismo que le permite su continua e inevitable reproducción.

Tales condiciones y características afectan principalmente las relaciones sociales y estructurales de producción, pues modifican la propiedad de los recursos, generando la marginalidad en tenencia y producción, surge el subempleo y el subconsumo, ya que ocurre una distribución polarizada del ingreso. De igual forma, este cambio estructural modifica las relaciones con la naturaleza, el manejo del agua y de la tierra, en razón a que el modelo concentrador exige un cambio en la estructura técnica (vial, riego), un alto uso de insumos y una demanda de tecnología foránea (fertilizantes, fungicidas, insecticidas, semillas, tractores, sembradoras, arados, concentrados, etc.) impactando las realidades y las condiciones naturales del medio, provocando desequilibrios ambientales y generando una dependencia.

Los autores develan con detalle la forma como el desarrollo se ha visto en un diálogo de discursos que desde diferentes perspectivas plantean una postura crítica frente a él mismo, y su alcance en la formulación e implementación de políticas públicas en el sector rural, hecho que se erige sobre la base de la acumulación de capital. Por supuesto, existen y han existido planteamientos alternativos a tal desarrollo que además tienen en cuenta elementos culturales, ecológicos, económicos y sociales. Con una perspectiva que propone una actitud ética y política respecto al desarrollo, lo que implica un uso adecuado y respetuoso de los recursos naturales entendidos como recursos que sostienen la vida, en el plano del ejercicio de la responsabilidad y la justicia social. Así pues, una tarea fundamental está en comprender el desarrollo desde una perspectiva ambiental la cual involucra un medio natural, un medio social y un medio cultural de modo que sea posible la satisfacción de las necesidades básicas materiales como la subsistencia en condición productiva, y las condiciones no materiales como son la participación, la creación, el afecto, la identidad y la libertad. Expresiones que se deben manifestar en el bienestar y el mejoramiento de las condiciones de vida entre lo humano y lo natural.

Esa actitud frente al desarrollo obliga a pensarnos nuevas prácticas que se sustenten en torno a valores éticos, morales, culturales, sociales, políticos y económicos de nuevo orden mediante el cual se produce el reencuentro del hombre con la naturaleza, pero además convoca a rescatar y defender estas mismas prácticas que son propias de las comunidades y su connotación de local, entiéndase local como contrario a lo global.

El texto que sigue, Aprendizajes de la experiencia de intervención técnico organizativa en localidades cacaoteras del Pacífico vallecaucano (municipios de Buenaventura y Dagua) es resultado de la reflexión hecha por los investigadores Robinson Valencia Aguirre, Efigenio Hernández y Libia Esperanza Nieto Gómez, quienes se han desprovisto de aquella mirada convencional que por décadas ha considerado las comunidades rurales como objetos “fáciles de manipular” para lograr los objetivos de desarrollo trazados por instituciones guiadas por conceptos de la plusvalía, el interés, lo rentable, el aumento de productividad.

Como si se tratase de un cuento donde se está a la espera de conocer el desenlace, este texto nos adentra en el Pacífico vallecaucano, occidente colombiano, haciendo una completa descripción de la cronología de ejecución del proyecto y valorando el rol de los beneficiarios, llamados así los moradores de las cinco veredas del municipio de Dagua y las veintitrés veredas de Buenaventura, quienes participaron como protagonistas del proyecto. Acá el concepto de participación es revisado en su connotación excluyente que somete a la “población objetivo” para el cumplimiento de unas metas predefinidas. Cobra importancia señalar las particularidades de la localidad, si bien el cacao es un producto agroindustrial con unos beneficios tangibles para sus cultivadores, en el Pacífico vallecaucano existe otra realidad que desde las características ambientales, de suelo, de topografía, hasta las especificidades de los moradores en su cotidianeidad, pues ellos no son solamente agricultores sino que desempeñan actividades simultáneas propias del espacio que los alberga, la caza, la pesca, la minería, la extracción de madera, son parte de sus vidas, de modo que es un conjunto de singularidades que van a configurar un lugar cuyos referentes aún están por explorar. Es así que se han consignado las inquietudes suscitadas en el trasegar del proyecto, constancia de que ante el interés homogeneizante del discurso del desarrollo y los modelos productivos agrícolas que propenden por los monocultivos y su manejo como una receta, han existido modos alternativos cuyas prácticas alentadas por los moradores rurales como estrategia de resistencia, saben combinar los recursos preservando una cultura, la cultura de la vida.

La magia que acompaña a las comunidades del Pacífico vallecaucano está impresa en el texto trayendo el aroma y exuberancia del cacao para superar cualquier técnica de cultivo, pues todo el ejercicio es una apuesta por dimensionar la participación de los beneficiarios y destacar la razón de ser de la interacción con las comunidades rurales y su realidad. En la evaluación posterior a la ejecución del proyecto, se reflexiona en torno a la importancia de los beneficiarios en su papel como guardianes autónomos de diversidad genética de acuerdo a las cualidades que hacen de la zona un lugar de alta pluviosidad. Los habitantes además transforman el cacao de forma artesanal con lo cual se garantizaría la demanda local, aspecto que es una fortaleza y ganancia incuantificable de la producción per sé.

A partir de su ejercicio, surge y se estructura la idea de territorialidad y se puede definir como el grado de control de una determinada porción de espacio, ya sea por una persona o por un grupo social, por un grupo étnico, por una compañía multinacional, un Estado o un bloque de estados. Así, la territorialidad tiene que ver con apropiación, la cual lleva a identidad y afectividad espacial que al entrecruzarse configuran territorios apropiados de derecho, de hecho y en el ámbito de los afectos. Al dotar al territorio de significancia sociopolítica, los procesos derivados de sus dinámicas son los que en efecto constituyen la esencia de la espacialidad de la vida social; por lo tanto, el territorio es una forma creada socialmente; no es un mero vacío, sino que participa activamente en los sistemas de interacción, y es el producto de la instrumentalidad de espacio/poder/saber, que provee las bases para espacializar y temporalizar el funcionamiento del poder.

Entonces, en el propósito de significar el territorio, se debe reconocer que éste se construye a partir de la actividad espacial de un agente determinado, sea un individuo, una organización o grupo de poder. Las posibilidades de actividad espacial, como posibilidades de construcción de territorio, cambian a través de la historia, en la medida en que han ido cambiando las formas y la complejidad de las relaciones y de los medios técnicos que facilitan la interacción social.

Ahora bien, los territorios contemporáneos son modelados por un conjunto de relaciones entre los Estados, las empresas de distinto origen y la sociedad civil, y ello necesariamente entra en tensión con las lógicas de uniformidad en materias financiera, operativa y técnica propias de la cultura y la economía capitalistas. Cada vez más, las decisiones de los Estados y las racionalidades del capitalismo agrario deberán dar lugar frente a los actores globales ligados a las compañías transnacionales y a las nuevas formas de división del trabajo.

Cabe ponderar la participación de la población como un ejercicio fundamental, imprescindible y urgente en el diseño de las políticas públicas, debemos pensarnos primero la inclusión de la palabra del otro, de aquellos desposeídos, los sin voz, en cuyas afirmaciones la vida se torna con sentido y es la re-significación de esas posturas las que permiten acertar en la concepción de territorio como un universo de posibilidades.

Información sobre la autora

1 Jazmín Duarte. Maestra en Estudios Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, Ingeniera Agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia e Investigadora en temas agrarios. Ha profundizado en el significado de la tierra, soberanía de la mujer rural y las formas de vida en el mundo campesino. Vinculada al Centro de Investigación de los Espacios Rurales de la Escuela de Ciencias Agrícolas, Pecuarias y del Medio Ambiente (ECAPMA) de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia.

Entre sus publicaciones están: “Poder político y significado de la tierra. Una perspectiva política polifónica para el mejoramiento de las condiciones de vida del campesino”, en Criterio Libre Jurídico (2014), Universidad Libre, Colombia y “Relatos vitales para la comprensión de lo campesino”, en Anekumene (2013), vol. 5, Revista Virtual Geografía, Cultura y Educación, Redlageo, Colombia; así como los capítulos “Caracterización de los canales de comercialización en las provincias de Oriente y Tequendama de Cundinamarca y “Avances en el mejoramiento de la comercialización” en Hacia una distribución de alimentos más justa, solidaria y eficiente (2011).

Nota

2 Libro derivado de Investigación. 102 Páginas. Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), Colombia. Escuela de Ciencias Agrícolas, Pecuarias y del Medio Ambiente (ECAPMA), Escuela de Ciencias Sociales Artes y Humanidades (ECSAH).

Líneas de Investigación: Desarrollo rural y Comunicación y desarrollo. 2014, editora-compiladora: Libia Esperanza Nieto Gómez. Grupo de Investigación Tecnogénesis: Miguel Ezequiel Badillo Mendoza, Reinaldo Giraldo Díaz.

INVESTIGADORES EN RED: Grupo Sistemas Agroalimentares e Educação na Ruralidade del IFPE: Jane Miranda Ventura, Óscar Emerson Zuñiga Mosquera; Grupo de Investigación Producción Sostenible: Efigenio Hernández, Robinson Valencia, Libia Esperanza Nieto Gómez

Contenido:

  • Del discurso del desarrollo a las políticas territoriales: desafíos para una sociedad de la diversidad y la felicidad. Autores: Oscar Emerson Zúñiga M., Jane Miranda Ventura.

  • Narrativas (otras) sobre la sociedad del conocimiento. Autor: Miguel Ezequiel Badillo Mendoza.

  • Aprendizajes de la experiencia de intervención técnico organizativa en localidades cacaoteras del Pacífico vallecaucano (municipios de Buenaventura y Dagua). Autores: Robinson Valencia Aguirre, Efigenio Hernández, Libia Esperanza Nieto Gómez.

  • Capitalización de la naturaleza y resistencia en el contexto del Imperio. Autores: Clara Viviana Banguero Camacho, Reinaldo Giraldo Díaz.



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