Rosemberg: Lizárraga, Xabier. Semánticas Homosexuales. Reflexiones desde la antropología del comportamiento
Vol. 35, Num. 76, Año. 2014
Recibido: 2014 08 08
Aceptado: 2014 10 01


“Ningún trabajo de corte antropológico se hace en el vacío”.

Xabier Lizárraga

Sin duda este libro conmocionará, abrirá puertas, sacará a airear a fantasmas personales y provocará en muchos lectores emociones encontradas, dudas, irritación y placer. Y es que el tema es actual, es necesario abordarlo; recordemos que en una visita del expresidente de Irán Ahmadineyad a Estados Unidos en 2007, se le preguntó sobre los homosexuales en su país, y respondió: “¿Homosexuales? Nosotros no tenemos de eso” (EFE/20MINUTOS.ES. 25.09.2007). Negar la realidad… ¿para qué?

Está claro, a lo largo del texto, que está escrito y pensado desde el paradigma de la complejidad; la cual, aplicó a la reflexión de su Antropología del Comportamiento, antropología que ha ido construyendo, deconstruyendo y reconstruyendo a lo largo de su vida académica. Es necesario decirlo, Xabier Lizárraga ha sido el primer antropólogo físico que, muchas veces a contracorriente, inauguró, entre otros temas, el que aún hoy es tema tabú: la sexualidad y en particular la homosexualidad.

Nunca abusa de la metáfora. Su uso es una virtud: en sus páginas transita en una danza para hacernos ver cuestiones y situaciones de las que poca gente habla: las homosexualidades y sus distintos significados y devenires. De escritura elegante y a menudo poética, este libro nos va llevando de la mano, capítulo por capítulo, a adentrarnos en los intersticios de una sexualidad enigmática: la homosexualidad en sus múltiples diversidades.

En este libro, el autor la analiza desde varias aristas, en las que dispone, opone y propone… nunca impone. En el prólogo o introducción, o como lo denomina Lizárraga: Preludio, nos promete no promulgar verdades, y a lo largo del texto nos vamos dando cuenta que lo cumple; así, por ejemplo, en un momento una afirmación puede convertirse en su pensamiento, también en otra nueva posibilidad, otra ventana. En pocas palabras, el autor tienta ideas, situaciones, historias, significados, experiencias que atrapan el interés del lector.

Este es un libro que le dará voz a quienes el mundo heterosexual ha buscado enmudecer, a menudo por diferentes vías, manteniendo en la sombra a los que tradicionalmente ha llamado “anormales”, “desviados” o “enfermos”, a los homosexuales, lesbianas y bisexuales. Este es un libro que explica, aclara, abre caminos, hace comprender fenómenos que ahí están, que se viven... porque todo el tiempo deviene en un discurso arriesgado. La frecuente inasibilidad y lo polisémico de los conceptos magistralmente presentados como es el deseo, nos promete algo, pero no de manera contundente, y en adelante nos plantea que en nuestra sociedad está prohibido desear...

Para quienes somos y vivimos en el mundo hetero este libro es aleccionador: Semánticas homosexuales me llevó a lugares insospechados, porque, efectivamente, la heteronormatividad en este planeta es abrumadora. También en esta obra se develan mitos como la diferencia entre orientación y preferencia sexual, pues Lizárraga va tejiendo finamente las razones por las que pensar en las sexualidades como orientación denota a menudo un desconocimiento y a veces un enjuiciamiento de la homo y la bisexualidad como esencias inmutables (valga el oxímoron).

En el capítulo de la homofobia desmenuza esta trama tan importante en el que va tejiendo finamente para mostrarnos que las estigmatizaciones están construidas de etiquetas, prejuicios y estereotipos, que Lizárraga subvierte en cada renglón de esta obra. Cuando uno se adentra en este libro se percata que el tema central no son nada más las diversas formas, caminos y expresiones de las homosexualidades, sino que también nos está hablando de la sexualidad en el mundo actual. Poner a la luz la homofobia no es tarea fácil; pero con interesantes testimonios nos va mostrando cómo a veces la ignorancia, el no saber, el no querer saber condimentan el miedo y la homofobia. Y se abre a una vieja e importante discusión preguntando: ¿es la homofobia un trastorno psíquico? De serlo podría ser una enfermedad curable. Con delicadeza y argumentando nos muestra las entrañas de todos los mitos, creencias e ideologías que son cimientos para la producción y reproducción de la homofobia. El homófobo, nos explica: “Es un juzgador, un perseguidor o un acosador de aquellos individuos a los que identifica como homosexuales, independientemente de que lo sean o no” (p. 95).

Otra cuestión que me parece de suma importancia es que, aunque existen muchas razones para ello, Lizárraga se cuida bien de no caer en la heterofobia. Los homosexuales, así como los gitanos, negros, judíos, indígenas, es decir, las minorías perseguidas y dominadas, son grupos que todo el tiempo viven con el riesgo de convertir esa rabia en una rabia mayor; es decir, en riesgo de caer en un racismo al revés, como ha sucedido entre algunos miembros de la población negra en Sudáfrica. Lizárraga pone las cosas en su lugar: nos invita a razonar y actuar en contra de la homofobia, pero de forma inteligente y reflexiva.

La lectura de este libro comprende dos vertientes: por un lado, pone de relieve con rigurosidad lo que comúnmente no se ve, las experiencias de muchas vidas por medio de testimonios de quienes desde la hetero, la homo y la bisexualidad hacen patentes sus realidades y nos muestran sus miradas acerca de ese fenómeno humano llamado homosexualidad; y, por la otra, pone a la luz, desde una epistemología de la complejidad, cuestiones y viejas problemáticas que se siguen repitiendo a lo largo del tiempo en nuestro México del siglo XXI.

No puedo negar cómo me tocó este libro. En general, las minorías, cada una con sus particularidades, sufren el rechazo y el desprecio. Con testimonios sinfónicos, nos exhibe los discursos homófobos ofensivos y degradantes con que son denostados: promiscuos, sensibleros, chillones, inestables, violadores, propensos a las adicciones, ladrones, realizadores de crímenes pasionales… infectan a la sociedad, y muchos más ejemplos de personas que así piensan acerca de este grupo social.

Como decía, este libro es la muestra fehaciente de la complejidad de la sexualidad, particularmente de las homosexualidades; cada una de sus páginas es una rica invitación a la reflexión para que el lector pueda tirar a la basura del olvido muchos de los propios prejuicios y estereotipos que uno va adquiriendo y reproduciendo en y de la cultura en la que nos encontramos.

Otro tema que me parece relevante que presenta el autor es el de la enfermedad/ patología; tema imprescindible: tema que desmenuza, analiza y desmembra, explica para comprender, para saber más del trato/maltrato a los homosexuales, pero, sin nosotros advertirlo, Lizárraga nos muestra las raíces socioculturales, los porqués y la génesis de la homofobia. Autocrítico, sin hacer una apología de la homosexualidad, nos hace ver las peculiaridades y pormenores de la homofobia enraizada en algunos homosexuales, quienes, lo más probable, no han reparado en ello.

Lizárraga provoca e invita a “pensar y trabajar la homofobia -por lo menos desde la Antropología del Comportamiento- no sólo en función de conductas de unos respecto a otros, sino como fenómeno plural que supone historias grupales e individuales con múltiples entrecruces. Algo verdaderamente impactante que muestra Lizárraga, de lo que sucede hoy en nuestro país, es que hace relativamente poco se denunciaba que en un balneario público en Aguascalientes, se prohibía la entrada a perros y homosexuales. ¿Acaso esto no nos pone la piel de pollo? ¿Pensábamos que el racismo, el antisemitismo, la xenofobia y la homofobia estaban por desaparecer? Cuán equivocados hemos estado quienes luchamos por incidir en estas formas de pensamiento... Las anteriores son preguntas antropológicas, porque desde sus inicios la disciplina se ha cuestionado lo que somos y hacemos, aunque durante algún tiempo las investigaciones en torno a la/s sexualidad/es se fueron difuminando del espectro sociohistórico, pero en los últimos años vuelve a ser mirado en su justa dimensión, y Xabier Lizárraga con este libro apunta con el dedo índice, abre y da luz a lo que tantos colegas han dejado de lado: la homofobia como otra vieja manifestación de violencia. Concuerdo en que la homofobia es una de las múltiples caras de la violencia, porque ese “otro”, el homosexual, es rechazado, despreciado, excluido, temido y odiado. Lo que nos demuestra Lizárraga es que la violencia homofóbica, aunque se piense que reside únicamente en las ideas, siempre conforma y produce prácticas y conductas, que por más sutiles que parezcan, siempre tienen serias consecuencias.

Desde su modelo de la Antropología del Comportamiento nos invita a pensar la homofobia como “un fenómeno plurívoco, de flujo de signos y significados, de resonancias” (p. 118), es decir, que no sólo afecta a los homosexuales sino al conjunto de la sociedad y la cultura. También aquí se dejan ver las dos caras de Jano: por un lado, está la perspectiva de las miradas del pensamiento heterosexual acerca de la homosexualidad encarnada a menudo por la homofobia y, por el otro, están las diferentes emociones, sentimientos, respuestas y actitudes de los propios homosexuales ante la homofobia, a veces veladas, otras expresadas con claridad y algunas otras en conductas violentas que pueden llegar hasta el asesinato.

Este no es un trabajo que versa únicamente sobre las homosexualidades, es más bien una reflexión sobre las sexualidades. Es un libro que abre la caja de Pandora de cada uno de los lectores, en el que uno aprecia la infinidad de lecturas, críticas y reflexiones que ha hecho el investigador a lo largo de su vida personal y académica. Lizárraga nos dice “la homofobia no sólo es ideología, como muchos suponen, es una sensación sin contornos precisos que enturbia la mirada y gesta un sentimiento que nos predispone y condiciona (prepara) para enfrentarnos, confrontarnos socialmente a heterosexuales y homosexuales...” (p. 125). En todo caso, sale del encierro dicotómico pensamiento/emoción para abrevar en océanos más profundos donde las aguas muestran realidades antes no percibidas.

En Semánticas homosexuales se percibe claramente un rico entrecruzamiento de dos antropologías: la del cuerpo y la de las emociones, antropologías que para muchos colegas no son tema de la Gran Ciencia, y para quienes defienden esa idea, son formas de perder el tiempo en divagaciones, en cuestiones que no tienen importancia para el desarrollo de la Antropología; nos muestra, en un salto transdisciplinario, que las emociones y los cuerpos están construidos por las culturas y que los conflictos, en particular el fenómeno de la hetero/homosexualidad no es sólo un tema para sexólogos, psicólogos y psiquiatras. ¡Qué pena que aún hoy se estén reproduciendo en la llamada Ciencia, en la política y en general en los múltiples discursos del saber, no sólo occidental, los fundamentalismos homofóbicos! La antropología que estamos buscando construir es aquella en la que el discurso de la diferencia no sólo se enfoque hacia ciertas minorías, como son los indígenas, los pobres, los discapacitados, los gitanos, los judíos y en general los grupos étnicos, entre otros. Buscamos desentrañar y desanudar problemáticas que en muchas sociedades no están ausentes: las relaciones homo y heterosexuales, la conformación del parentesco y la familia y, desgraciadamente, en muchas de éstas, la homofobia existe y tiene consecuencias. Otra de las múltiples manifestaciones de la homofobia es el silencio, el callar ante la humillación y la invisibilización de estas Otredades, porque en estas circunstancias de complicidad, el silencio coloniza y también puede ser sexista.

Lizárraga va más allá; nos dice, y con razón, que no es suficiente con lo logrado hasta hoy: el reconocimiento legal del matrimonio entre personas del mismo sexo, el derecho a la adopción, a la seguridad social, al cambio de actas para los transexuales, etcétera, sino que es imprescindible sustituir el modelo heterocentrista por otro “realmente incluyente de la diversidad humana” (p. 127); Lizárraga lucha contra el reformismo y el conformismo. Así, en un oleaje delicioso nos va llevando hacia otra de las entrañas de la homofobia: las pasiones, que aunadas a las ideologías y culturas suponen tanto alianzas como enfrentamientos entre sujetos. La homofobia es aprendida y en el aprendizaje, como bien sabemos, vienen incluidas las emociones. Así también para el homófobo, el homosexual“ es la encarnación del vicio que, si no es posible erradicarlo, debiera permanecer absolutamente privado” (p. 135).

No será sino hasta finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX que: “un número creciente de homosexuales empezaron a verse a sí mismos no como pecadores y delincuentes, sino como poseedores de una naturaleza diferente, [...] por lo que no tendrían por qué ser tenidas ni perseguidas como delictivas” (p. 161).

Este libro es una danza en la que se transita entre el diálogo, el monólogo y la polifonía; tampoco debe soprenderle al lector que Lizárraga plantee en una de sus páginas que ha cometido un error, esto no es raro en él: la autocrítica y autorreflexión. Humor, ironía, seriedad, crítica dulce y crítica agria, asombro, amor, solidaridades y a menudo rabia, son emociones, sentimientos y pensamientos que fluyen con intensidad a lo largo del texto; Lizárraga nos abre ventanas y nos comparte estas sensaciones que nos hacer vibrar y ser cómplices de muchas de sus ideas. Nos lleva del pecado al delito y de ahí a la psicologización de la homosexualidad ¿A dónde estamos hoy? De derechas, de izquierdas, ante la crisis el chivo expiatorio resurge... y así como el sida afectó a muchas personas, homos y heteros, también fue la llama que reavivó la homofobia en México y en el planeta. A su vez, este fenómeno también promovió una nueva conciencia colectiva en el medio LGBT. El debilitamiento del activismo homosexual hizo que se aprovechara, resurgiera y contra-atacara la homofobia con el eslogan de la peligrosidad de las relaciones sexuales, en general, de los homosexuales, en particular de los hombres.

El libro muestra la pluralidad de posturas, pensamientos, actitudes y conductas del movimiento homosexual en México, sin negar los conflictos internos del mismo; dibuja, sin acusar, estas diferencias. El autor profiere que los movimientos sexo-políticos necesitan -nunca plantea que “deben”- “ser tanto horizontales como verticales” (p. 214). Texto sin duda provocador, en el que se anuncian nuevas y viejas luchas por los derechos de los cuerpos y las mentes a elegir y actuar, de manera tal que la lectura va seduciendo políticamente a comprometerse con una lucha más: la de los homosexuales. Lizárraga no se queda en México ni en el mundo, religa, conecta las emergencias que va encontrando por el camino y los teje de tal manera que obliga al lector a vincular los hechos tanto locales como globales. Nos comenta que actual-mente el movimiento gay exige, demanda y denuncia, no calla.

Lizárraga dice, desde otra postura teórico-académica y del activismo, que se comenzará a “hablar del movimiento y del activismo en términos de lo queer” entendido como lo raro “porque puede incluir a cualquiera, independientemente de sus preferencias sexo-eróticas, maneras de expresarse, vestir o amar, más allá de ideologías o tomas de posición política, religiosa, profesional o lúdica” (p. 234); Lizárraga busca acabar con las brumas y las sombras, busca dar la cara junto con las lesbianas, los bisexuales, los transgéneros y transexuales e intersexuales, plantea que la noción queer ofrece una vía que puede ser explorada y capitalizada “pero que también corre el riesgo de transformarse en un nuevo dogma” (p. 236).

En cuanto al activismo cibernético LGBT, Lizárraga nos induce a reflexionar sobre todo un mundo: el digital, que al planetarizarse nos permite viajar a los mundos de las luchas vs. la homofobia y la misoginia, las denuncias ante organizaciones internacionales de derechos humanos; en otras palabras: sabemos en la inmediatez lo que sucede en los rincones más lejanos de la tierra, con un click podemos apagar o encender la comunicación con los otros. Así, nos dice, se puede incidir y combatir posturas con ideologías misóginas, homófobas, racistas y xenófobas; pero también nos aclara que la vida virtual no puede sustituir la vida y el compromiso social, como tampoco puede sustituir al abrazo. Y que así como el activismo cibernético produce aperturas e inclusiones también promueve descalificaciones y críticas feroces hacia grupos y personas. Con prudencia, nos advierte contra un optimismo exagerado en estas nuevas tecnologías, pues ahí están también las aguerridas respuestas homofóbicas.

Esta es una investigación, sin duda, construida desde la transdisciplinariedad, libro que se lee desde la historia de las mentalidades, la antropología, sexología, sociología, filosofía, epistemología, biología, ciencia política, sexopolítica, economía, informática, tanto hetero como homo. Leer este libro fue una experiencia: fue tener la posibilidad y la invitación a viajar al mundo de la otredad, de una etnia, de una cultura diferente al mundo en el yo he vivido, es decir, el mundo hetero; éste es un libro que en verdad hace vibrar y pensar.

Al hablar del homosexual de clóset como un tipo particular de esclavitud, Lizárraga argumenta, no sin arriesgarse -como siempre-, y retoma la propuesta del historiador y arqueólogo Paul Veyne: es un esclavo que puede o no ser consciente de ello y también es un esclavo del orden heterosexual, heteronormativo y heterocentral. Nos demuestra que su crítica es acertada en el devenir actual: esconder, simular, ser discreto y callar son las formas de servidumbre en las que el homosexual de clóset obedece al pasear por la vida. Ello nos lleva a pensar en dos muertes conectadas con la homosexualidad: la inocente y la culpable, dos muertes directamente. En cuanto al sida, por ejemplo, nos dice que el homosexual abierto vive sin culpa ni vergüenza su enfermedad, en cambio el homosexual velado padece, además del sida, “el servilismo de la esclavitud” (p. 259). En otras palabras, los closeteros devienen en cómplices del mundo heteronormativo. En este giro explicativo en torno a la esclavitud, reconecta a los sujetos y los convierte en sujetos sociales e históricos, sujetos/sujetados al mundo hetero/patriarcal. El closetero mantiene el statu quo, el “no hagan olas”, el “aquí no pasa nada”, la negación de sí mismo y del otro como sujeto, que nunca acepta ser ese ser deseante/deseado. El closetero, como bien dice, no busca la abolición de la esclavitud, sino su propia seguridad: “el clóset es una institución heterosexual para el uso del esclavo y abuso del amo” (p. 269).

Los secretos se refieren a temas cargados de intensos sentimientos de temor, vergüenza y culpa; está prohibido hablar abiertamente de ellos, aunque a veces son secretos a voces. El tabú que impide la revelación del secreto tiene por objeto, principalmente, evitar la mortificación y el conflicto; pero para Xabier el closet es una expresión de homofobia, con frecuencia introyectada, y algunos claman que salir del clóset“es un acto confesional”, precisamente porque confesarse es entregarse de lleno al orden opresor mismo. Ley de Don’t ask don’t tell es una consigna para imponer el clóset, y nos lleva a preguntarnos: ¿es esto lo que defienden los closeteros? Con astucia también nos ejemplifica situaciones y sentimientos de clósets heterosexuales: fiestas, relaciones sexuales extra-pareja, etc. Xabier Lizárraga pugna por una salida radical, por mostrarnos cuáles son las vías -y la utilidad- para que el sujeto por fin se quite ese peso de su vida; no obstante, nos dice el autor, cada salida conlleva un riesgo emocional.

Por medio de argumentaciones sólidas, Lizárraga pone en la mesa de discusión el llamado derecho a la intimidad, que presupone a su vez el derecho al clóset, pero como bien dice: “El debate sobre si el clóset deviene o no en derecho sin duda no es simple ni sencillo” (p. 304); cuando encuentra uno la discusión en torno al derecho al clóset, se hace preguntas, que el lector no imagina… como si la pareja tiene o no derecho a saber la realidad y el nombre anterior del transexual; de preguntas tan interesantes como ésta está plagado el texto, preguntas que el lector nunca se haría, preguntas que son importantes en las vidas de muchas personas en condiciones similares, preguntas reflexivas, unas con posibles respuestas, otras por lo pronto no la tienen. No apela a la mistificación, entendida como encubrimiento, hablar por el otro, ponerle velo a las cosas y los sentimientos, sin duda le apuesta a la transparencia, no a la Verdad con mayúscula, sino a la honorabilidad, entendida ésta desde una antropología en la que levantar y dar la cara por lo que uno piensa, por un lado promete la paz interior y, por otro, se reconoce la lucha constante e incansable con el exterior homófobo, misógino, racista y xenófobo. No salir del clóset se convierte, para algunos, en un derecho imperativo; para otros estar fuera del armario evita, en términos sociopsicológicos, la mistificación… entendida ésta como vivir en el fingimiento y el autoengaño, el ocultamiento, el silencio, ponerle velo a la realidad... vivir en y con la constante incertidumbre y miedo de la posible apertura del secreto... no obstante lo anterior, como nos dice Lizárraga: “el campo de los derechos nos enfrenta a un discurso que, al parecer no tiene una solución que deje conforme a todos…” (p. 308)

El autor juega con cuatro metáforas: la primera con Edipo como el homosexual de clóset; Edipo al que de manera magistral le da otro giro que difícilmente el lector puede llegar a imaginar; con esta metáfora el autor enuncia el terrible dolor y la ceguera que experimenta el homosexual de clóset. Con múltiples tramas y razonamientos, nos va mostrando las trampas, argucias, escondites y rincones de la vida de este mundo tras los velos del silencio como encierro. Es una crítica a la vida del armario la que va bordando en no pocas de las páginas de Semánticas homosexuales; otra metáfora que utiliza es la del Fausto de Goethe, para hacer que el lector pueda mirar mejor lo que implica el clóset, y finalmente la del Dr. Jekill y mister Hyde, de Stevenson. Y para hablar de los homosexuales, fuera y dentro del clóset, finalmente recurre a la metáfora del “homosexual demediado”, tomada de Italo Calvino.

El libro de Lizárraga es atrevido, osado, arriesgado y, ¿por qué no decirlo?, desmesurado, pero de una desmesura que tiene bordes, que dice lo no dicho; no exagera en la metáfora pero la utiliza. Semánticas homosexuales es un libro que está escrito con elegancia y argumentación, en él encontramos temas variados que al público bien le pueden interesar mucho ya que toca temas como: identidad, cuerpo y soma, crítica a los esencialismos, a las psicoterapias que buscan acomodar a los homosexuales a la heteronormatividad, los dolores de vivir escondido/da, en el disfraz, la discusión entre lo íntimo, lo doméstico y lo público, el vínculo razón/emoción, el significado dual de las etiquetas, la cama, la casa, la familia y el erotismo, feminidad/es y masculinidad/es, los deseos y sus crisis… Lizárraga echa mano de poetas, académicos, filmes y otros. Sin lugar a dudas, éste es texto obligado en torno a la homosexualidad y a la sexualidad. No esperen recetas ni taxonomías, por el contrario, lo que encontrarán serán dudas, reflexiones y nuevas ideas. Finalmente, invito a leer, disfrutar, conversar, disentir y polemizar con y en este libro.

Información sobre la autora

1 Florence Rosemberg. Licenciada en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), con maestrías en Antropología Social (Universidad Iberoamericana) y en Terapia Familiar (Instituto Latinoamericano de Estudios sobre la Familia). Doctora en Antropología por el Instituto de Investigaciones Antropológicas (UNAM). Profesora en la ENAH desde 1981. Actualmente dirige el Proyecto de Investigación Formativa llamado Antropología, violencia y complejidad. Sus principales áreas de investigación son: la violencia y sus formas en la sociedad contemporánea; antropología urbana, redes sociales y grupos vulnerables; migración y salud mental; género, sexo y sexualidad; disciplina, transdisciplina y complejidad; la antropología del cuerpo y las emociones; antropología de las edades; antropología política y del poder, y antropología, cultura y evolución. Sus libros más recientes son: El ocaso de la diosa: incesto, género y parentesco, con Estela Troya (ILEF/Porrúa, 2012) y Antropología de la violencia en la Ciudad de México: familia, poder, género y emociones (INAH, 2013).



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Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades. Núm 88 (2020)Consejo Editorial de la División Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa Av. San Rafael Atlixco núm. 186 Edificio H, cubículo 213, col. Vicentina, alcaldía Iztapalapa C. P. 09340, Ciudad de México. Teléfono 58044755 Página electrónica de la revista: http://revistaiztapalapa.izt.uam.mx/index.php

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