Amao Ceniceros: Contrera, Laura y Nicolás Cuello (comp.), Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmezuradas de la carne
Vol. 39, Num. 85, Año. 2018
Recibido: 2018 02 10
Aceptado: 2018 03 30


Reflexionar acerca del cuerpo desde una perspectiva sociocultural difícilmente puede desvincular las trayectorias corporales de la dimensión emocional, pues materialidad y subjetividad configuran las experiencias cotidianas y trascendentales de los sujetos. Esos serían dos de los ejes más identificables del libro Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmezuradas de la carne: la especificidad corporal en tanto materialidad significada por sistemas estético-raciales, de género, funcionalidad, sexualidad..., y la producción de subjetividad (o los procesos de subjetivación) a partir de los sentidos dominantes y jerarquizantes que se asignan a las corporalidades, en este caso al cuerpo gordo. Este libro es una compilación realizada por Laura Contrera y Nicolás Cuello en la que problematizan la existencia social y política del cuerpo gordo y -como una paradoja- la invisibilización social, política y del ámbito de los deseos de los cuerpos diversos, invisibilización enmarcada en las ausencias representacionales de las hegemonías discursivas y en la patologización de la diferencia.

Esta compilación reúne una serie de textos cortos (20, además de prólogo e introducción) de diversas autoras/autores, geografías y épocas, que a su vez se presentan como un mosaico de estilos y metodologías, transitando por ensayos académicos, pasajes autoetnográficos, revisión de políticas estatales sobre la obesidad, análisis del dispositivo de la dieta, recuperación de manifiestos de los activismos gordos (Fat activism) de los Estados Unidos y de América Latina como contextualización histórica, contrastación de argumentos médicos sobre la noción del “cuerpo sano” y crítica a los modelos corporales de deseabilidad y belleza que dominan los medios de comunicación masiva. El enfoque epistemológico o, si cabe decirlo, epistemopolítico, es transfeminista con un abordaje desde la interseccionalidad en diálogo con el giro decolonial; dicho posicionamiento se anticipa desde las primeras páginas cuando las autoras/autores (quienes además a manera de disidencia gramatical se presentan con“X”: lxs autorxs) reconocen su lugar de enunciación como un lugar en resistencia: no binario respecto al sistema heteronormativo, sudaka [sic], no blanco y, característicamente, gordo (desbordado, desmesurado, transgresor de regímenes de normalidad, de fronteras estéticas y de la carne). Esto se refuerza hacia el final del libro con pequeñas semblanzas de quienes firman los textos bajo la explicación de que se trata de los “itinerarios vitales de autorxs y traductorxs”, donde destacan trayectorias de activismos (feministas, gordos y de la diversidad corporal, queer y cuir), en la academia, en el performance artístico y en la intervención social y cultural. Ello resulta especialmente relevante dentro de los feminismos por dos premisas de carácter epistemológico y metodológico: reconocer que el conocimiento es situado (en una biografía, un cuerpo, un contexto cultural y geopolítico, en un lenguaje) y no hablar por otras experiencias, es decir: eliminar lo más posible la verticalidad en la producción de conocimiento, valorar los saberes localizados “tradicionalmente” ignorados y distanciarse de las pretensiones de universalidad.

El distintivo de este tipo de escritura, que en realidad podríamos decir que son muchos tipos de escritura convocados por una postura política de autonomía corporal, es su accesibilidad: sin dejar de ser analítica y crítica, y sostenida sobre bases teóricas (en diálogo con Butler, Foucault, Spinoza), la palabra se muestra al alcance de diversas miradas al evocar reiteradamente la experiencia. Las voces compiladas se expresan en primera persona, pero no por singulares en su vivencia corporal sino justamente por lo opuesto: por la capacidad de colectivizar en ello experiencias que dan lugar a pensar en la producción de un sujeto social al que se le confiere una posición de inferioridad, el “fracaso social” (p.26),así como repertorios emocionales específicos, tales como la vergüenza o la culpa por escapar a las pautas del cuerpo perfecto, ideal, normal. Por “no caber” en la norma.

El empleo del lenguaje persigue una intención que puede parecer tan irónica por incisiva, como reflexiva por puntual, respecto a preguntarnos por los coloquialismos, por las formas de nombrar lo gordo, la gordura, la obesidad; formas que normalizan y a la vez perpetúan sentidos estigmatizantes. El ejemplo acaso más evidente es usar “gorda/gordo” como insulto, lo cual tiene un “efecto hiriente y paralizante” (p. 24). Precisamente por transitar tan imperceptible en nuestros espacios cotidianos, Nicolás Cuello advierte que“[l]a gordofobia está presente constantemente en todos y cada uno de los espacios que habitamos” (p. 41), pero no solo como “experiencia traumática y dolorosa” (p. 38) sino como “una compleja matriz de opresión que involucra una multiplicidad de aparatos de control biopolíticos” (p. 38), empezando por el discurso médico y sus regímenes de control del peso. La gordofobia en tanto “estandarización corporal” (p. 60) y legitimación de “aquellos cuerpos válidos” (p. 60) aparece también en los espacios públicos -señala Lux Moreno- en las “medidas promedio con las que se realiza el trazado del mobiliario” (p. 60), en espacios de consumo de bienes y servicios como el avión, donde para ser sujeto de derecho (derecho a la no discriminación) primero “hay que ser consumidor” (p. 120); en la ropa, que mantiene un sistema de clasificación de cuerpos por un rango de tallas en el cual las dimensiones que rebasen el estándar (esto es: las tallas extras) no se ofertan más que en tiendas especiales, como lo narra Cuello en tono testimonial en “Una belleza temblorosa”.

Pronunciarse gorda/gordo apela a la potencia de la desactivación social del insulto y a la producción de significados otros. Así lo expone Contrera: “Soy gorda porque elijo nombrarme así y con rara rabia alegre salgo del clóset de las tallas y de la tiranía del cuerpo-patrón” (p. 24); apropiación “del insulto para salir del lugar de la herida” (p. 93). Y es que -subrayan las autoras/autores- los discursos estigmatizantes (enunciaciones y representaciones) devienen en discriminaciones sistematizadas hacia el cuerpo gordo, al significarle como un cuerpo enfermo, fallido, no deseable y holgazán, esto último a propósito de que se le responsabiliza por su estatus: un cuerpo falto de voluntad para salir de su categoría marginal. Esto nos lleva a recuperar algunas de las paradojas que presenta el libro a lo largo de los diversos textos: la primera es la discusión respecto a lo visible/invisible en cuanto al sujeto gordo como sujeto político y sujeto de deseo. Cuello precisa que ello corresponde al “régimen de dura invisibilidad por extrema visibilidad” (p. 41), en el que “somos los cuerpos que todxs ven pero que pocxs nombran en las dinámicas del deseo, y en los manifiestos políticos de ese nuevo mundo que estaría por venir” (p. 41); esto conduce a preguntarse por los activismos de la diversidad y autonomía corporal, como lo hace Contrera al plantear si “¿acaso hace falta que seamos actual y potencialmente gordxs para interesarnos en esta discusión? ¿Acaso necesitamos ser todxs trans, intersex, lesbianas o migrantes para implicarnos en políticas activas que se opongan al odio y a la discriminación?” (p. 33).

Otra de las paradojas está vinculada a una discusión estructural que coloca en el análisis a la industria de los alimentos y el modelo capitalista como paradigma político-económico caracterizado por la desigualdad. Pensar que comer“es un hecho político” (p. 27) encuentra soporte argumentativo en el acceso diferenciado a los alimentos, cuya diferenciación produce dos tipos de pobreza alimentaria: “la exclusión del acceso a la comida” (p. 27) y “el acceso a determinados alimentos” (p. 27). La paradoja se coloca justo en la dicotomía falta/exceso, donde ciertas poblaciones padecen falta de alimentos (en general, sean saludables o no) y otras un exceso de lo que se ha clasificado como comida chatarra: alta en azúcares, grasa, carbohidratos. Al ocultar de los discursos de autocuidado la relación entre el acceso alimenticio y la producción de cuerpos/subjetividades -nos explica el libro- se legitima el imaginario del cuerpo gordo como un cuerpo perezoso y, además, se limita la comprensión de la complejidad del asunto al eliminar la categoría de clase social.

Pensar la gordura como una enfermedad o epidemia categorizada como obesidad por el saber/poder médico permite a las autoras/autores identificar una paradoja quizá más asociada a ciertos activismos de la diversidad corporal: “las políticas identitarias reconfortadas por las retóricas del orgullo” (p. 42), donde predomina el discurso del amor propio y la aceptación. Es decir: por un lado, se masifica la idea de que existe un problema de salud pública que afecta varias latitudes y ante lo cual se disponen políticas públicas, pero, por otro, las acciones de algunos feminismos se concentran en alentar la aceptación del cuerpo diverso sin cuestionar las estructuras que originan los sistemas clasificatorios. De ahí que Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmezuradas de la carne apueste por una reivindicación del cuerpo gordo como cuerpo deseable y “deseante” (p. 104) que no requiere ajustarse a parámetros de delgadez, blanquitud ni heterosexualidad para ser legítimo, y de igual manera enfatiza la necesidad de elevar las acciones más allá de lo individual (y de la autoestima) hacia la producción de “contranarrativas” (p. 40) y, particularmente, la construcción de alianzas.

Seguramente se debe a que las autoras/autores mantienen un estrecho vínculo con los activismos, pero un distintivo más de este libro es que los apartados cierran con propuestas para producir contrasentidos que disloquen los sentidos dominantes sobre el cuerpo, entendiendo este como una “ficción política” (p. 100) en la que se disputan principalmente lógicas de mercado: el consumo de narrativas de belleza idealizada y su consecuente sujeción ritualizada a las dietas y a la medicalización. Nos hablan así del cuerpo como “espacio de disidencia” (p. 55), de la “liberación gorda” (p. 143), del “cuerpo extenso, un espacio para la acción y reflexión” (p. 56), de una “contraofensiva de imágenes que dinamitan estereotipos que hacen posible creer y crear otras performatividades sin perder la gorda” (p. 75). Y, reconociendo de manera crítica la poca presencia que el tema de la gorditud ha ocupado en los movimientos sociales, este libro propone tejer redes con aquellas otras luchas que problematizan el imperativo de la normalidad corporal para así cuestionar-transformar (en palabras de Lucrecia Masson) el “gran aparato ficcional” (p. 57) que organiza a la sociedad a base de exclusiones. Alianzas con todos los otros cuerpos semantizados como diversos, “corporalidades impropias” (p. 29), cuerpos anormales, racializados, generizados; alianzas con el “cuerpo improductivo, salvaje, [...] bruto, bárbaro, molesto, incómodo, [...] cuerpos de las clases populares, [...] cuerpos no sofisticados” (p. 128).

Prologado por Mauro Cabral, Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmezuradas de la carne se divide en dos secciones: la primera se titula Multitudes gordas sudakas en contacto diagramático y comprende 10 apartados a cargo de autoras/autores en su mayoría originarios de Argentina; la segunda lleva por nombre Traducciones, tráficos, reapropiaciones, justamente por reunir un compendio de textos de otras nacionalidades, idiomas y décadas que contextualizan los activismos gordos en el mundo desde principios de los setenta. En las páginas de la segunda sección se explica qué es “unx activista de la gordura” (p. 145), cómo surgen los Fat studies, las alianzas entre el feminismo y el punk, y las construcciones coloniales de belleza y amor romántico.

Por tratarse de textos actuales (de 2015 a 2016) y en su mayoría inéditos, aquí una descripción de los apartados de la primera sección. El primero es “Cuerpos sin patrones, carne indisciplinada. Apuntes para una revuelta gorda contra la policía de la normalidad corporal”, de Laura Contrera, y en él la autora explica cómo opera el régimen corporal a partir del lenguaje, de las nociones de bienestar y salud, y cómo se le ha hecho frente desde el activismo. Continúa “¿Podemos lxs gordxs hablar?: activismo, imaginación y resistencia desde las geografías desmesuradas de la carne”, de Nicolás Cuello, donde sitúa la desobediencia a“la eugenesia neoliberal” que encarna el cuerpo gordo, iniciando con ello la discusión acerca de los afectos “disponibles para las personas gordas” (p. 38) y las políticas de visualidad y de visibilidad. Asimismo, propone rutas para los activismos gordos sudakas colocando el deseo como una “resistencia crítica” (p. 49). El tercer apartado corresponde a Lucrecia Masson y se titula“El cuerpo como espacio de disidencia”; en él plantea como urgente“una rebelión de los cuerpos” (p. 55) que consista en borrar los binomios normal/deforme, saludable/enfermo, válido/inválido y caminar así hacia el encuentro al reconocernos cuerpos interrelacionados. El cuarto es “¿A qué edad fue tu primera Dieta?” de Lux Moreno, un apartado que se adentra en las dietas como ritual de iniciación de control del cuerpo, cuestionando la relación entre sano y bello. Interesante de este texto es que analiza al cuerpo gordo como un problema de Estado en tanto este impulsa e impone políticas públicas contra la obesidad, reforzando así la idea de lo gordo como “una patología [...] sanitaria, cultural y social” (p. 62). Canela Gravilla es la autora del quinto apartado, “Lesbianas gordas, bellas y fuertes”, y aborda la gordura desde las lógicas del patriarcado y el capitalismo como sistemas modeladores de un disciplinamiento corporal con rígidos estándares de feminidad: dócil, heterosexual, de “piernas cruzadas [...] y [...] boca cerrada” (p. 70), esto último -precisa- para que no salga opinión ni entre comida.

En el sexto apartado, “Alejandra Pizarnik y la delgadez como combate constante”, Laura Contrera se centra en la poeta argentina pero no para recorrer su biografía sino a sus biógrafos, al encontrar que reprodujeron entre eufemismos los estigmas hacia la imagen corporal de la escritora. Contrera recupera fragmentos de los diarios de Pizarnik en un asomo a la subjetividad de la escritora que devela cómo el lenguaje psicoanalítico se introduce en su autopercepción.“Una belleza temblorosa” es el apartado siguiente, un texto corto de Nicolás Cuello publicado ya en 2015 en el que comparte su experiencia queriendo comprar ropa para playa y las agresiones gordofóbicas que recibe en esa tarea. Enseguida está “Un rugido de rumiantes: apuntes sobre la disidencia corporal desde el activismo gordo”, de Lucrecia Masson, donde brinda un panorama de algunas propuestas artísticas de América Latina y España que desplazan las nociones dominantes del cuerpo bello, como Gordazine (fanzine electrónico), Manifiesto Gordx (de Chile), Bala Rodríguez (artista performática mexicana), Alias Angelita (artista visual y activista de Colombia) y Masa Crónica (colectivo de Barcelona). El noveno apartado, “Lectura crítica de la Ley de Trastornos Alimentarios”, está a cargo de Laura Contrera y Nicolás Cuello, quienes pormenorizan en las leyes e iniciativas que se han promulgado en Argentina por el control de la nutrición y el lazo de dichas disposiciones con las industrias de la salud. Contrera y Cuello articulan su análisis con la victimización de las infancias al ser poblaciones sometidas a “tecnologías de diseño corporal” (p. 118) bajo un argumento médico tutelar, lo que deriva una vez más en la institucionalización de las discriminaciones. El último apartado de la primera parte es “Neoliberalismo magro”, también de Contrera y Cuello, el cual reflexiona sobre el trasfondo clasista, gordofóbico y xenofóbico de las expresiones pronunciadas públicamente por un funcionario argentino.

Este libro sin duda plantea varias rupturas: de tipo epistémico y de estilo, pues no podría clasificarse como una publicación absolutamente académica en el sentido ortodoxo. Quizá ahí radica su potencia: en proponer formas distintas de pensar, estudiar y presentar realidades sociales y culturales que siempre nos han acompañado, pero se han silenciado. Quienes firman manifiestan un claro compromiso con la deconstrucción de las estructuras de sentido mediante el cuestionamiento de estas, y visibilizan sujetos que poco han interesado a las ciencias sociales. Esto lo hacen sin aleccionamientos, aunque sí mostrando la posibilidad de diálogo entre el trabajo académico y el activismo, dejando con ello un horizonte de acción para aquellas personas interesadas en ambos ámbitos.



Desarrollado por eScire - Consultoría, Tecnologías y Gestión del Conocimiento SA de CV

Métricas de artículo

Vistas Resumen.
Número total de vistas al resumen de este artículo.
a description of the source 21
Esta revista








Cargando métricas ...

Metrics powered by PLOS ALM


  Esta obra está bajo una Licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.