Herrera Lima: Presentación del Tema Central: Migración: vulnerabilidad, precariedad
Vol. 34, Num. 75, Año. 2019


El tema central de este número de Iztapalapa Revista de Ciencias Sociales y Humanidades está dedicado a un fenómeno de gran relevancia económica, política, social y cultural a nivel global: las migraciones. Bajo la denominación de Migración: vulnerabilidad, precariedad, se presentan cuatro artículos que estudian aspectos nodales sobre el tema, escritos por especialistas de primer nivel.

En la actualidad no existe esfera de la realidad social, política, cultural y económica en la que no esté presente la migración. En ese contexto, algunos temas resultan cruciales desde una perspectiva latinoamericana con énfasis en el caso mexicano, como los debates sobre la reforma migratoria en Estados Unidos, las migraciones de retorno, las migraciones mexicanas indígenas al trabajo agrícola en México y en Estados Unidos, las migraciones hacia la Unión Europea y las condiciones de su inserción laboral.

Los artículos incluidos en este número abordan algunas preguntas básicas relacionadas con los anteriores procesos, para los cuales proponen reflexiones originales, posiciones críticas frente a los gobiernos y demás actores involucrados tanto en los procesos migratorios como en la definición de las políticas económicas y sociales que generan las condiciones que permiten la confluencia entre los grupos humanos vulnerables y los mundos de la precariedad laboral; a la vez que ofrecen respuestas a dichos interrogantes, algunas propuestas y nuevas pistas de indagación.

Ante el impactante crecimiento de la migración internacional, autorizada y no autorizada, condición sine qua non para el funcionamiento del modelo económico vigente en el mundo, en términos generales los Estados receptores de migrantes han respondido construyendo barreras de todo tipo para cercar sus territorios. La definición de las barreras de tipo legal en contra de los migrantes internacionales constituye una clara forma de construcción social de la vulnerabilidad. No se trata, ni en Estados Unidos ni en la Unión Europea, de impedir el ingreso de la fuerza de trabajo que requieren, sino de llevar a quienes migran a condiciones cercanas a la indefensión. En ese contexto, José Miguel Candia, en su trabajo “Iniciativa S. 744. De las urgencias electorales a las respuestas estratégicas”, sigue analíticamente el rastro de la nunca concretada reforma migratoria integral en Estados Unidos, a partir del análisis de esta iniciativa redactada por una comisión bipartidista de ocho legisladores y aprobada por el Senado de Estados Unidos el 27 de junio de 2013, pero después obstaculizada por los republicanos.

El retorno de los migrantes a sus países de origen representa un problema de gran relevancia, aún insuficientemente estudiado, al menos en el caso de México. Entre los retornados exitosos en sus proyectos empresariales y los deportados convertidos en parias sin futuro que habitan el bordo de la ciudad de Tijuana, existe un amplio abanico de posibilidades de reinserción social y laboral. Liliana Rivera Sánchez estudia este tema de creciente importancia en el trabajo “Reinserción social y laboral de inmigrantes retornados de Estados Unidos en un contexto urbano”, utilizando tanto la información censal disponible como el análisis de dos casos prototípicos construidos con base en los resultados originales de su investigación sobre los migrantes de retorno de Estados Unidos a Ciudad Nezahualcóyotl.

En diversas partes del mundo, el campesinado subsiste en condiciones económicas y sociales extremadamente precarias, que obligan a sus integrantes a migrar, tanto dentro de sus propios países como hacia fuera de ellos. En la práctica, constituyen una parte esencial del gran ejército transnacional de reserva del que disponen los empleadores de todo el orbe. En México, la población indígena de diversos orígenes del centro y el sur del país ha conformado una serie de circuitos migratorios que conectan varios estados del norte de México con otros tantos de Estados Unidos, a través de los cuales los campesinos articulan su trabajo agrícola tradicional de subsistencia en sus comunidades, durante una parte del año, con el que realizan como trabajadores agrícolas asalariados en los campos de cultivo extranjeros. Muchos de ellos circulan cíclicamente entre estos espacios, otros se van asentando en algunas de sus localizaciones, a las cuales toman como nuevos puntos de arranque anuales para otras migraciones estacionales. Ulises Revilla López y Celso Ortiz Marín han estudiado a este tipo de migrantes para los casos de las etnias mixteca y triqui de los estados de Oaxaca y Guerrero, que se desplazan a los campos de Sinaloa, México, y California, Estados Unidos. En su artículo “Etnificación del mercado de trabajo agrícola en California, Estados Unidos, y Sinaloa, México”, analizan algunos de los aspectos más relevantes de estos procesos.

Las posibilidades de ascenso laboral y social de los migrantes es un campo de investigación fundamental para la comprensión de la movilidad espacial de las personas en general. En su mayoría, quienes migran van en busca de condiciones de vida superiores a las que abandonan en sus lugares de origen. Algunas preguntas centrales son: ¿lo consiguen?, ¿en qué medida? Y, si es así: ¿a qué se debe el éxito, aunque sea relativo, o el fracaso?, ¿son cuestiones meramente personales (capital humano, por ejemplo)?, ¿son elementos propios de las sociedades de acogida? Para encontrar algunas respuestas, Diego Bunge Vivier, en el artículo “Determinantes de la movilidad ocupacional de los inmigrantes en España”, recurre a una metodología en la que combina ambos campos para realizar un marco explicativo en el que la unicausalidad es desechada. En este trabajo, la movilidad ocupacional de los migrantes es analizada de manera cuantitativa, para el caso español, a partir de los datos de la Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI) de 2007.

El contexto general: la migración en el mundo

Al menos desde los años ochenta del siglo pasado existe una nueva era migratoria mundial (Castles y Miller, 2004), que presenta tanto continuidades como elementos novedosos frente a las que la han precedido. El modelo de acumulación salvaje y depredador característico del neoliberalismo no puede prescindir de una fuerza de trabajo vulnerable, barata, sin derechos, dócil, flexible y sumamente móvil, susceptible de ser incorporada con gran facilidad y ductilidad en los trabajos más precarios que se generan a lo largo y ancho de las cadenas de valor globalizadas. Una fuerza de trabajo trasnacional, acompañada de un enorme ejército trasnacional de reserva, constituyen uno de los pilares básicos del modelo (Benencia, Herrera Lima y Levine, 2012; Sandoval Palacios, 2007).

Ahora bien, esa vulnerabilidad y esa precariedad son construcciones sociales intencionadas, no accidentes o consecuencias inesperadas de la acción; son estrategias desarrolladas por actores intencionados, que van de los empleadores individuales y las grandes corporaciones trasnacionales a las ubicuas y diversificadas cadenas globales de producción, distribución, mercadotecnia y comercialización y, por supuesto, a los Estados y sus gobiernos y a heterogéneos organismos multinacionales.

Existen razones de tipo estructural que así lo demandan (Benencia, Herrera Lima y Levine, 2012). En el centro se sitúan las necesidades e intereses del capital financiero especulativo, que también están en el origen de la gran crisis por la que atraviesa el mundo y que, como lo muestran con elocuencia los casos de Grecia y España, trasladan finalmente el costo de la misma a quienes han producido la base material del auge especulativo precedente: los trabajadores en general, pero en especial aquellos más vulnerables, los migrantes, que son los primeros en ser señalados como los causantes del problema y en ser desplazados no sólo de sus trabajos, sino también de sus lugares de destino transitorio, en su peregrinar determinado por las necesidades de la acumulación y cada vez menos guiados por las redes de relaciones sociales (París Pombo, 2007), que han quedado crecientemente subordinadas, a su vez, a la acción de los intermediarios mercantiles de los mercados de trabajo trasnacionalizados (Anguiano, 2006; Spener, 2009).

Como base material de estos desarrollos está la evolución diferenciada de los comportamientos demográficos de las naciones expulsoras y receptoras de migrantes (Canales, en prensa). Mientras que en Estados Unidos y en los países europeos se presenta un marcado envejecimiento de la población y un descenso muy fuerte de las tasas de natalidad, en los países productores de migrantes la transición demográfica se encuentra en un estadio en el que la población en edad de trabajar constituye el grupo poblacional más numeroso. De tal manera, lo que en otras condiciones sería el bono demográfico de estos últimos se convierte en un excedente que no halla condiciones dignas de acomodo en los mercados de trabajo y las sociedades locales, y que es aprovechado por las economías de los países que comandan el modelo neoliberal de acumulación de capital.

Un claro indicador de la relevancia de las migraciones en la actualidad puede observarse en el incremento del volumen de los flujos migratorios en el mundo en la última década: entre 2000 y 2010, el stock migratorio pasó de 150 a 215 millones de personas, lo que representa 3.1% de la población mundial (en 2005 fue 3%) (OIM, 2010: XIX y 119).

Los flujos de personas y dinero

La migración internacional se dirige sobre todo hacia las economías con mayores potencialidades de creación de empleos y que ofrecen para ellos salarios considerablemente superiores a los que pueden encontrar en sus países, pese a que los trabajadores migrantes encuentran en ellas acomodo en los nichos laborales más precarios. Ahora bien, los destinos específicos de los flujos migratorios, así como los momentos en que éstos se desarrollan, se relacionan con elementos tanto geográficos (vecindad en el caso de México y Estados Unidos) como históricos (pasados coloniales, como en los casos de la migración africana o la andina a Europa), mercantiles (en las migraciones contemporáneas, los traficantes deciden en gran medida los destinos migratorios) y sociales (redes sociales). También debe agregarse, por supuesto, que existen razones no directamente económicas en la decisión de migrar.

Estados Unidos destaca en este campo como país receptor, pues concentra a la mayor cantidad de migrantes en el mundo y genera las cantidades más altas de remesas del planeta. Para 2010, diez países concentran la mayoría de personas nacidas en el extranjero (112 millones de personas), poco más de 52% de la migración mundial total (215 millones). Como fuerza de atracción de mano de obra destaca la economía de dos países de la región del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Estados Unidos y Canadá, que reciben a 44.6% (38.4% sólo Estados Unidos) del total. De manera agrupada, sobresale también la importancia de los países europeos, en donde sólo cuatro de ellos (Alemania, España, Francia y el Reino Unido) absorben 27.2% de los 112 millones; y de dos naciones de la antigua Unión Soviética, la Federación Rusa y Ucrania, que incluyen 16.3%. Por último, en Arabia Saudita y la India se encuentra, respectivamente, 6.25% y 5.6% (OIM, 2010).

Como fuentes del trabajo migrante (países expulsores), cabe resaltar el notable crecimiento que muestran China y la India a lo largo de la primera década del siglo XXI. Mientras que en el primer país las emigraciones han aumentado casi 17 veces (de 0.5 a 8.4 millones), en la India lo hicieron más de 13 veces (de 0.9 a 11.8 millones). En la Federación Rusa, por su parte, el total de migrantes bajó moderadamente (de 12.1 a 11.3 millones), pero mantiene una gran participación en el stock mundial de migrantes. Destaca por supuesto el caso de México, que ocupa el primer lugar mundial, con 12.9 millones de personas (10.1 en 2000) en calidad de migrantes internacionales. Pero también en el caso de Bangladesh y Ucrania los crecimientos son notables (alrededor de 11 veces en la dé cada: de 0.5 a 6.5 millones).

En sentido inverso a los flujos migratorios, se presentan las corrientes de remesas de quienes migran. No resulta extraño constatar que Estados Unidos sea de nuevo quien encabeza la lista de los diez países que mayores cantidades aportan, con 48 mil millones de dólares (mmd) de los 184 mmd que suman en total. Los países europeos que se incluyen en esta lista (Suiza, Alemania, Italia, España, Luxemburgo y los Países Bajos) suman 81 mmd entre los seis. Los países árabes, incluidos Arabia Saudita y Kuwait, suman 36 mmd. La Federación Rusa contribuye con 19 mmd a este flujo de remesas (Banco Mundial, 2011).

Como puede verse, existe una fuerte concentración del origen de las remesas en un número reducido de regiones del mundo, mientras que los destinos presentan una diversificación considerablemente mayor. Destacan como beneficiarios la India y China, con montos cercanos a 50 mmd, mientras que México y Filipinas, mucho menores en el tamaño de sus poblaciones y sus economías, reciben poco menos de la mitad que los primeros. No deja de llamar la atención que, en conjunto, los países europeos incluidos entre los primeros diez mayores receptores de remesas (Francia, España, Alemania y Bélgica) concentren cerca de 45 mmd.

Comentarios finales

En un mundo caracterizado por la globalización y la trasnacionalización de los procesos productivos y los mercados de bienes y servicios de todo tipo, incluido también el trabajo, fundamental para comprender la lógica de los grandes desplazamientos humanos contemporáneos, la construcción de grupos sociales vulnerables, altamente móviles por necesidad y disponibles para ser insertados en diversos trabajos precarios, es un requisito indispensable para el funcionamiento del modelo convergente de acumulación de capital que distingue al neo liberalismo, con su enorme dosis de inequidad y desigualdad entre Estados-nación, países, regiones, nacionalidades, géneros y, por supuesto, clases sociales.

En ese contexto, Estados Unidos y Europa se erigen como las principales potencias atractoras de migrantes y las fuentes más importantes de envíos monetarios de remesas hacia los países de origen. Aun durante su crisis más reciente, el flujo migratorio no sólo no se detuvo sino que siguió aumentando; aunque, específicamente la migración no autorizada en Estados Unidos, muestra un moderado decremento en la segunda mitad de la década pasada. Pero debe advertirse el trascendente cambio del mapa migratorio mundial a lo largo del decenio, donde destaca la diversificación de los orígenes y el gran incremento del peso relativo de China y la India tanto en el renglón de la emigración como en el de la recepción de remesas, terrenos en los que llama la atención la presencia de México, con una población y un producto interno bruto claramente inferiores.

¿Qué sucederá cuando la crisis económica sea revertida, si es que eso sucede en Estados Unidos y en Europa? Predecir es complicado, pero difícilmente puede esperarse que las causas de la emigración se reviertan en los principales emisores de migrantes hacia esas regiones. En muchos países tendría que cambiar de manera radical el panorama de precarización y desprotección del trabajo, de desigualdad extrema y de exclusión del mercado interno en el modelo económico, y eso no sucederá de la noche a la mañana, incluso en el caso de que nuevos gobiernos se lo llegaran a proponer como meta. Es poco probable que la gigantesca y ubicua infraestructura migratoria mundial se desarticule de un día para otro. Si en realidad se cerraran al influjo migratorio, Estados Unidos y Europa tendrían que renunciar a sostener un ritmo creciente de actividad económica, dada su probada dependencia del trabajo barato y desprotegido de los migrantes. Por lo tanto, puede preverse que ni la militarización y fortificación de las fronteras ni las legislaciones antiinmigrantes frenarán el curso ascendente de la migración mundial y en especial de la que tiene a Estados Unidos como destino: al parecer, el futuro de su economía seguirá dependiendo de esa reserva laboral trasnacional del capitalismo (Sandoval Palacios, 2007), que son los grupos vulnerables, baratos y móviles, excluidos de sus países de origen como personas e incluidos en ellos como indispensables productores de remesas.

Bibliografía

1

Anguiano, María Eugenia 2006 “Vigilancia y control en la frontera México-Estados Unidos: cambio de rutas y consecuencias en localidades fronterizas mexicanas de tránsito”, ponencia presentada en el Segundo Coloquio Internacional sobre Migración y Desarrollo: Migración, Transnacionalismo y Transformación Social, Cocoyoc, Morelos, del 26 al 28 de octubre.

2

Banco Mundial 2011 Datos sobre migración y remesas 2011, Banco Mundial, 2ª ed. <http://siteresources.worldbank.org/INTPROSPECTS/Resources/334934-1110315015165/Factbook2011Spanish.pdf>.

3

Benencia, Roberto, Fernando Herrera Lima y Elaine Levine 2012 Ser migrante latinoamericano, ser vulnerable, trabajar precariamente, Anthropos/Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)-Iztapalapa, Barcelona.

4

Canales, Alejandro En prensa “El papel de la inmigración latinoamericana en la reproducción social en España y Estados Unidos”, en Trabajo, primer semestre.

5

Castles, Stephen y Mark J. Miller 2004 La era de la migración, Miguel Ángel Porrúa, México.

6

OIM 2010 Informe sobre las migraciones en el mundo 2010. El futuro de la migración: creación de capacidades para el cambio, Organización Internacional para las Migraciones <http://publications.iom.int/bookstore/index.php?main_page=product_info&products_id=655>.

7

París Pombo, María Dolores 2007 “Redes migratorias y transnacionalización de los mercados de trabajo en la agricultura: México y California”, en Veredas, año 8, núm. 15, segundo semestre, pp. 53-70.

8

Sandoval Palacios, Juan Manuel 2007 “Migrantes latinoamericanos. Reserva laboral transnacional del capitalismo de libre comercio en América del Norte y la Unión Europea”, en Veredas, año 8, núm. 15, segundo semestre, pp. 7-29.

9

Spener, David 2009 Clandestine Crossings. Migrants and Coyotes on the Texas-Mexico Border, Cornell University Press, Nueva York.


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